Una rodada muy Real

Sábado por la tarde, hace una semana estaba en Real de Catorce, San Luis Potosí.. terminando la rodada del Wirikuta con mis compas cilcistas de Tequila Bike…

Hoy estoy aquí, sentado en mi jardín, regando en la sombra… escucho el agua correr, y casi, casi como la tierra la va sorbiendo.

Pero nada que ver con vivir un par de días en esa intemperie agreste de Real de Catorce. Antiguo pueblo minero, que financió al viejo imperio Español por 3 siglos. Hoy dejó a gente de enjundia que ha re-encontrado un sentido para seguir habitando este enclave en medio del desierto mexicano, amurallado con cerros sin sombras, más que las de los dioses Wixarikas.

Y fueron ellos, dioses y habitantes quienes nos vieron arrancar hace unos días, a este grupo de … ciclistas, locos, entusiastas, compañeros?, un poco de cada cosa creo yo. Prestos a la invitación del tlatoani Hojas, ahí arrancamos de la plaza del templo de San Francisco, para esperar otros minutos a la entrada del túnel Ogarrio… como cualquier otro, teníamos que esperar turno, ya que el túnel es de un solo sentido

Esta rodada es mágica, espectacular. Tan sólo al iniciar tenemos que rodar por un túnel de mina (ya adaptado a estos tiempos) de casi 2.5 kilómetros de extensión. Y al salir te topas con una imponente vista del valle alargado que da salida al altiplano potosino. Y vista que impone y nos reta a siquiera a pensar en continuar otros cuarenta y tantos kilómetros, muchos, muchos, hacia arriba…

En fin arrancamos con una engañosa bajada hasta un pueblecito creo que se llama la luz, que era el punto de arranque de una subida que iba a terminar hasta 12 kilómetros después… y casi 500 metros más “arriba”…

Esta vez leerán desde mi perspectiva en la barredera, ahora si fue una decisión consciente ir “atrás”… jeje. Fui disfrutando de una rodada sin la presión de los guías o la premura de los “pros”, ahí me fui dando paradas para ver como iban mis compañeros de grupo, hasta que ví que me fui quedando atrás, jeje…

Pude ver la vida es estas laderas que de inicio parecen secas, muertas. Pero puaf! nada que ver… rebozan de vida, pastos esparcidos por aquí y por allá, flores escondidas en la sombra de una piedra. Estanques de agua a lado de un corral, donde se supondría que no habria agua… Viento silencioso y helado que pareciera acariciarnos como creo que los antiguos caballeros creían sentir los dedos de su amada doncella mientras cabalgaban al horizonte, sin saber a donde llegarían.

Mientras seguía pedaleando, para variar, fuí conociendo a nuevos colegas ciclistas, Jorge Burgoa, Dulces Vero, Abel y Flavio, el Hojas… porque si, nunca dejas de conocer a los buenos amigos. Fuimos acompañándonos, apoyándonos, compartiendo anécdotas y consejos, así como tomas de foto y video.

En cierto punto de la rodada, llegó la tentación, podía ver el pueblo de Real de Catorce ahí “abajito”… podía decidir ya bajar y terminar la rodada, pero no… el reto estaba en la mesa y yo era el comensal… era una promesa, no una meta, era ver el destino, no el final…

Llegamos casi al punto medio de la ruta y en momentos, me encontraba a mi mismo sólo en la ruta. Eso si, sin miedo (no era de noche, ni estaba perdido), es una de esas cosas mágicas de las rodadas… no importa si van 3, 10, 50 o 100, en algún momento, al menos yo, me topo conmigo mismo yendo en soledad, y en este caso, fue algo maravilloso, esuchar el silencio!.

Sentir el sol y el viento frío de la montaña, mi respiración, y mis jadeos al hacer el esfuerzo de jalar mi montura alumínica para sortear una roca-escalón en medio del sendero, el roce de las llantas en un tapete de piedritas o el razgar de una rama de estos arbustos enanos sobre mi calceta o mi pierna.

Fui alcanzando a “Dron” Abel y a su hermano, antes de la mítica bajada en esta ruta… lamentablemente el dron era leal a su dueño y sólo lo enfocaba a él o a su hermano, pero deveritas, deveritas, yo iba pegadito a no más de 3 metros de él…

Pero bueno, por ahí están las tomas del dron rodando en Internet y son muy recomendables. Al menos yo viviéndolas a no más de 3 metros de distancia, puedo decir que son espectaculares!

En eso estábamos cuando llego la parte de la bajada que no fue perdonada por los años sin mantenimiento y seguramente con la única lluvia de un año que barrio con parte de sendero, haciéndolo muy difícil de sortear sobre la bici…

 

 

 

Bajamos y llegamos “al descanso” antes de la última escalada disfrazada por el empedrado, ya en franco regreso al túnel Ogarrio.

Es una “tendidita” de otros 12 kilómetros en los que subes 600 metros! Bien escondida la méndiga pero cobrona como pocas, porque el empedrado no se apiada de uno y nos va desgastando al jinete y a la bici. Con decir que llega a veces el punto de decirse, vamos un kilómetro a la vez! El oasis antes del final es llegar al racho “el Potrero” para simplemente dejarse caer en la primera sombra, retomar fuerza para encontrar la única tienda abierta y casi casi tomarnos un refresco (para el azúcar, como diría Celia Cruz) y agua, natural, mineral, la que fuera en un solo trago. Así lo hicimos Julio y yo, Abel y Flavio ya habían quedado un poco atrás. Tomamos agua y más que nada ánimo y voluntad de lo poco de fuerza muscular que nos quedaba, luego del incesante sol que nos había bapuleado los últimos 2 kilómetros para trepar el último kilómetro por una vereda de burros yo creo, pero no porque fueramos nosotros, no sean así… así esta marcada la ruta. Al final que fue paradójico… no ver la luz al final del túnel, sino al revés. Ver el túnel después de tanta luz… y ver ese túnel espantó mis calambres, me dió fuerzas y Julio y yo rodamos de nuevo esos 2 kilómetros y medio hasta llegar a Real de Catorce, y en el bullicio de un pueblo ex-minero y hoy lleno de turistas, parecia yo escuchar los vítores a los gladiadores triunfantes!, habíamos domado al Wirikuta, lo habíamos logrado… no lo domamos, lo vivimos, y quiero pensar, que la ruta, nos disfrutó, nos reto, y nos impulsaba cuando nos veía flaquear, nos soplaba un viento frío para que siguiéramos adelante. Creo que le gusta que la visitemos, que la recorramos, porque cada uno que pisa sus senderos, le da un sentido para existir, como espero que a cada uno de nosotros nos haya dado una razón más para poder seguir diciendo… “a rodar!”

.. y seguir escuchando al Hojas… “ánimo peeerrroooooos! y damas”…

Hasta la próxima!

Aquí la ruta: https://www.strava.com/activities/8080332925

 

Rodadas de verano

Llega el verano al occidente, y finalmente nos vemos un poco aliviados del exceso de calor con las aspirinas en forma de lluvia y tormentas que tanto odia la gente, sin entender que son lo que mantiene la posibilidad de poder siguiendo vivir aquí.
Las inundaciones y los destrozos, los árboles caídos no los trae la lluvia, sino una pésima administración de los recursos, una estúpida planeación y una apatía galopante en la mayoría de la gente que habita esta otrora perla de occidente…

En fin, no estamos aquí para hablar con los sordos mentales, esos ya tienen con sus mañaneras. Vamos a rodar, que es nuestro aliciente para seguir adelante, es el alimento de nuestro optimismo por una situación mejor ya no para nosotros, sino para los que se quedan después de que nos vayamos…

Y cómo no ponerse de buenas, si simplemente tomar la bicicleta y rodar un poco es ya darnos una sonrisa a nosotros mismos.


Nos llevamos por estos caminos, a veces simples veredas, a veces un “sendero”construido para tal efecto, de movernos a través de los cañaverales que unen las varias sierras de Quila, de la Primavera, de Tequila. Donde el azul del cielo, se deja acariciar por el verde de los campos, y esta senda roja, nos llena de la magia del verano que transcurre entre sol y nubes.

Fue tan mágico que ya cuando nos sentimos cansados fue que descubrimos que llevábamos casi 80 kms recorridos…

Y más de la magia del verano, es ver como a pesar de lo que hacemos, la vida se sigue abriendo paso y los terrenos perdidos. No pasaron más de dos semanas cuando ya rodando por las veredas de mi bosque la Primavera, puedo ver el renacer de los árboles, los pastos, la tierra empieza a reverdecer. No se tiene que esperar a que una comisión sobrevalorada arme algún decreto o que un anciano decrépito tenga la ocurrencia de decir “que va a caminar por la tierra para que florezca”… La vida no espera al hombre ni a la mujer. La vida se da sin esperar. Y es nuestra decisión tomar nuestra humanidad y transportarnos a ella, y que mejor si vamos rodando nuestra bicicleta.

Lo mejor es que apenas vamos a la mitad de esta temporada, y aún podemos aprovechar de pintar nuestra vista con los colores de esta época del año… no son más ni menos que los colores del otoño, del invierno o la primavera, son los que tenemos hoy y por eso vale. porque mañana no es un hecho, es una simple promesa… así que mientras el corazón late, que la rueda siga rodando!

Tocando el lago de Chapala…
Disfrutando el fresco del bosque
Con los colegas y amigos, compartiendo la ruta
Y pues no queda más que seguir rodando…

 

 

 

 

 

 

Ro

Lo mismo pero diferente

Así se vive el rodar en la montaña. Nunca verás una ruta similar a la que rodaste la semana pasada, aunque ruedes por los mismos senderos. Sé que ya lo he dicho en otras ocasiones, pero no me preocupa repetirlo… si, le atinaste, porque en esta ocasión, también es diferente a otras veces que lo he dicho… jajaja!

Hace un par de semanas nos invitaron a rodar rumbo al divisadero, a la cruz, al mirador de la cruz. Es un punto clave de la ruta de la Perrona de Atemajac de Brizuela. Pero ahora era llegarle desde el extremo este del valle de las Piedrotas.


Era arrancar tempranito, rumbo a Ferrería de Tula, una subidita nada despreciable, pero entre árboles, y con la terracería bastante “barrida”, lo que agradeceríamos mucho de regreso, cuando ya el sol estaría en su cenit y vendríamos de “bajadita”…

Pero primero, era subir, rodar en un falso plano y bajar a Ferrería de Tula, bordeando su presa que siempre expande el espíritu con su humilde tranquilidad, para de ahí tomar el sendero que nos llevó a Juanacatlán, pero sin entrar al pueblo, simplemente tomar el camino junto a las vetas de piedra laja rumbo al rancho de San Francisco.

 

 

Ahí si, una súbida muy demandante, no tanto por la pendiente sino más por el terreno de un suelo “cacarizo”, que no nos dejo agarrar cadencia. Pero dentro de su demanda, incluía regalos como pocos podemos encontrar en otros deportes… aquí les dejo la toma, esperando a que pasáramos, sabiendo que en el cansancio de la subida voltearía a mi izquierda y lo vería… majestuoso en su humildad, increpando a la sequía, demostrando que el esfuerzo da su fruto…

 

Ya al coronar en la piedra balanceada, vino el descanso de bajar hacia San Francisco y su hermoso valle que ese día lamentablemente estaba cubierto por la nata de humo y tizne de un incendio algo retirado pero que con el viento predominante, me invitó a no quitarme el buff para tratar de respirar lo menos posible esa contaminación.

En fin, alcanzamos el divisadero, pero por lo mismo del humo, no había porque quedarse mucho ahí así que como coloquialmente decimos… “por donde vino!”, así era la ruta lo que hicimos, había que deshacerlo. Y lo bajado, había que subir, y lo mejor fue que lo subido, había que bajar. Y en esta ocasión los últimos kilómetros fueron como ya les había dicho, de bajada y entre árboles.

Que chido es rodar, y más rodar rodeado del bosque, y aún con el polvo y la arena como talco del estiaje, y más aún, que grato es rodar con tantos amigos, con muchos colegas que seguimos buscando sin el afán de encontrar, simplemente disfrutando el camino, paladeando la búsqueda. Compartiendo la vida con otros tantos que nos comparten la suya, sean los grandes amigos de hace años, los nuevos conocidos de los que no sabemos el nombre. Los que vinieron de Tala, de Mazamitla, de Chapala!

Los que una vez más hicimos de un domingo, un día para no olvidar!

Ah sí, y menos con la comida que nos esperaba al final…

Birria al estilo Tapalpa, con frijoles y arroz, en tacos, oh, si señor!

a rodar!

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El origen

Pensando un poco sobre lo que motivó a hacer dek ciclismo, más que mi pasión, un estilo de vida, una manera de interpretar mi experiencia de existir, me topé con estas dos tomas de un mismo origen, y quiero compartirlo con ustedes, que amablemente se bajan de su tren diario por cinco minutos, y me conceden sus ojos para leer.

A veces uno quisiera que el origen fuera refulgente, ruidoso, que llamara la atención, que hiciera voltear a la gente. De repente me lo planteo en relación a este gusto por tomar la bicicleta y rodar y rodar, sea por la cuadra, alrededor de mi calle, sea por las colonias de mi ciudad, por los senderos de este bosque escondido a los ojos de todos, en las veredas de bosques y desiertos que se tienden ante mis las llantas de mi alumínica y me hacen surcar nuevos y viejos caminos de mi tierra y de mi propio ser.

A veces quisiera poder gritarlo a otros, decir que fue un destello en la oscuridad, una cascada como la de la imagen, que rompe el silencio de un recoveco en el bosque. Esa llamarada blanca que rasga el verde de una arboleda tupida en medio de un rincón que se esconde de todos, esperando que nadie le encuentre, y a la vez deseando que alguien llegue y le haga compañía al menos por unos minutos, alguien que como nosotros sepamos que es un regalo del universo, para llevar lo más cercano al corazón, con ese gusto de no decirlo a nadie porque sabemos que en el humano, estos regalos no siempre son valorados y si, casi siempre, destruidos.


Pero no, creo que al igual que como usualmente sucede en la naturaleza, los orígines no son entre destellos y sonidos estrambóticos. Este ojo de agua no surge en una cascada, sino humildemente debajo de una roca. Sin aspavientos, sin trompetas, modestamente se abrió paso luego de no sé que tantos miles de años, y fue acomodando su flujo entre unas rocas y simplemente salió a la luz de un bosque como muchos, pero le otorgó una magia que no e encuentra en cualquier lado, que siempre da la primicia a esas almas que buscan un poco más, que se aventuran una pizca más allá de lo que siempre se le pide a alguien.

Así creo yo qe fue mi origen en la bicicleta. No fue por el glamour de una competencia, o el ruido estruendoso del viento surcando entre los automóviles atascados en la ciudad. Fue así, en el silencio, en la sombra de mis días. Sin pedir ser protagonista sucedió lo inevitable y fue entonces que tomar, mi bicicleta, subirme a ella y enfilar a mi destino, fuera la escuela, el parque, el bosque, la otra orilla de la ciudad, simplemente se fue dando el gusto por descubrir mi ciudad, el desierto, el bosque, la laguna, de una manera que no lo puedo hacer subido en un automóvil, o un camión. No siquiera el caminar me da esta perspectiva tan entrañable, tan cercana al entorno y los que comparten ese escenario conmigo por tan solo unos segundos y le dan un sentido diferente a vivir. Descubrir que no se necesita mucho, para valorar lo que es este planeta, lo frágil que es. Lo mucho que uno puede hacer con simplemente pedalear para protegerlo, para hacerlo más, para permitir que siga su propio curso, como ese ojo de agua, que sin pedir nada otorga su agua pura, cristalina, fresca, simplemente pidiendo que la disfrutes y la dejes correr para que otros también se vean bendecidos por su corriente.

Así fue el origen de mi pasión, en el silencio, en lo sencillo, en la tranquila ruta de un lugar a otro, sin alardear, sin presumir, simplemente aprovechando que tenía una bicicleta y la curiosidad de ver mi ciudad desde las dos ruedas que llenaban mi día de alegría, de sabor, del gusto por vivir…

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Conociendo mas

Hace unas semanas tuve la oportunidad de rodar en mi Bosque la Primavera, pero por la cara de Tala. Para empezar fue maravilloso darme cuenta de que a pesar de llevar casi veinte años rodando el bosque, todavía hay lugares que no conocía, y quedan aún algunos por conocer.

El buen Scheme fue nuestro anfitrión y guía. Me hizo recordar que los ciclistas de montaña somos una tribu excepcional. La amistad sincera, la humildad y el buen humor nutren cada rodada y la hacen única. Sin presunción nos compartió lugares mágicos…
Como la roca voladero, en donde el Hojas hizo alarde de acrobacia y equilibro en superficie algo rugosa. Con una vista de fábula.

O qué tal este rincón de cuento de hadas. En algún lugar del bosque, dimos algunas vueltas, bajamos un poco, cruzamos unas piedras, se escuchaba el agua pero no lograba verla, hasta que de repente ahí estaba el arroyo. Apretujando mi espíritu en mi cuerpo, llenando de paz mi alma, con ese silencio que sólo el agua corriendo puede producir para llevarnos a un estado de quietud mental.

 

 

Y da pie a que entre los que compartimos la rodada la amistad se vaya nutriendo a cada pedalazo, a cada pie a tierra, a cada momento que nos detenemos para disfrutar lo que la naturaleza nos preparó desde miles de años para que ese preciso día, llegaramos ahí y nos detuviéramos a disfrutar.

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Nos pudimos dar el lujo de rodar por lugares que nos hacen descubrir a la vez lo pequeño de somos en este mundo y lo grande que puede ser nuestro espíritu al darnos cuenta de la maravilla de ser parte de la naturaleza.


Qué regalo tuve ese día, rodar con un par de leyendas y y grandes personas, de esas de las que ofrecen su amistad sin pedir algo, que comparten por el simple gusto de hacerlo. Que me confirman que como dicen por ahí, “los buenos somos más”, no importa si estamos del lado oeste o este del bosque, no importa si vives en una gran ciudad o una ciudad más pequeña, no importa si tu edad ya suma más de 10 lustros o estas saliendo del cascarón. Compartir en la baika, es universal y es una solución para vivir al máximo…


El primero de 2022

Este será el primer post de 2022, pero me da gusto decir que no es reseña de la primera rodada del año. Estamos casi a final de Enero ya, wow! Ya vse acaba la primera doceava parte de 2022, jajaja.

Bueno, pues si. Ya vamos acercándonos de 300 kms rodados, en la montaña, en la calle. Rodando por pendientes, por disfrute, por deberes.

Uno de mis propósitos es escribir cada semana o cada dos semanas y postearlo aquí, pero me tardé un poco… pero igual otro propósito es no estresarme tanto con cualquier cosa. Así que cómo dirían las tortugas de la Marea del Pacífico Sur: suuuuaaveee!

Aquí vengo y los invito a disfrutar estas líneas, y con ello a descubrir que es lo que cada uno disfruta y aprovechar cada día.

Como estas vacas y sus retoños, descansando a la vera del camino, disfrutando del sol y un viento fresco, casi frío, en un tramo de la ruta que decidí casi sin querer, en uno de mis últimos días de vacaciones de año nuevo. Yo disfrutando la rodada, a mi ritmo, a mi tiempo, ellas ahí, quizás sin saberlo, pero también disfrutando lo que tienen.

O qué tal una vista como esta, los dos lados de mi rodar… el bosque y la ciudad…

Tan ajenos uno del otro, tan parte uno del otro. Tan dispares y a la vez tan intrínsecamente conectados.

Pero me gusta mirar al horizonte. Por eso mi lema es “El horizonte es el límite”.

Puedes descubrir que un camino que parecía terminar en cierto punto realmente inicia ahí.

Puedes darte cuenta que tu visión es mucho más amplia de lo que creías.

Puedes simplemente silenciar tu mente, tu ego, tu inteligencia y quedarte ahí, mirando, oteando, olfateando, palpando el entonrno, los colores, el viento, la luz.

Puedes indagar en ese azul que esconde muchos azules. O esos tonos verdosos o grises que esconden una colina tras otras, un sendero dentro de otro sendero, vida donde todo parece quieto.

Puedes escabullirte en el silencio y la quietud y ser cierto que no estás sólo en esos recodos del camino en esa precisa mañana. Aún sin verles, sin oirles, sabes que debajo de esos árboles o detrás de esas montañas, debajo de ese límpido cielo, hay decenas, cientos de otros ciclistas, de otros corredores, de otros caminantes que como tú saben que la vida no es sólo autos, camiones, trabajo, política, narcos, pistolas, dinero, engaños.

Estamos aquí, cada quien siguiendo su camino pero todos compartiendo un andar, un gusto y en el fondo, un deseo de lograr regresar a casa sanos, gustosos, con energía, con las ganas de hacer de este mundo al menos por este día, un sitio mejor, más sano, más equilibrado, más consciente, más alivianado de como empezó.

 

Y así, poco a poco, día a día, rodada a rodada, caminata a caminata, podremos ir regresando a este mundo el equilibrio que le hemos quitado, podremos ir permeando que no se vale destruir para vivir, no que toda construcción es desarrollo. Simpleza señores, calidad de vida señoras.

 

A seguirle que queda mucho por rodar!

Ro

una rodada mas

No importa donde ruedas, si ya has rodado una o cien veces por ahí, siempre es una vez para recordar. Sentir el aire fresco de la mañana. Oir el roce de las llantas abriéndose paso a traves de la vereda. Ya sea que subas, o bajes. Subiendo vas saboreando la sal de tu propio sudor, bajando el sabor es del polvo y la tierra que vas levantando a tu paso. Los paisajes parecen los mismos pero es ahí donde reside la magia de rodar. Te da siempre una perspectiva diferente, te hace ver lo que ya has vivido y recolectado en tu experiencia desde la última vez que pasaste por ahí. 

No queda más que ir viviendo cada centímetro que ruedas, cada pedaleada, escuchar cada hoja que cruje bajo la llanta, sentir esa piedrita que sale disparada a tu rostro, como un pequeño beso de la tierra a ti por querer venir ir disfrutarla una vez más.

Parajes de ensueño, vegetación y fauna escondidas que nos encumbran a sitios que están muy lejos de godinez, mirreyes, cabezas de algodón y demás fauna humana nos permiten acercarnos a nosotros mismos. Recordarnos un poco nuestra esencia, nuestra chispa cósmica que nos ata al mundo y a la vez nos lleva surcar las nubes de polvo cósmico más allá de la nube de Ohr. Estos de aquí no puedo decir que hayan sido pisados por dinosaurios, porque este, mi bosque, nació hace apenas unos 40,000 años atrás, envuelto en nubes de ceniza y olas de lava que dieron forma a este mágico espacio que protege a la ciudad aunque no lo quieran sus habitantes, y busquen a cada trienio, su propia extinción.

Aquí no importan los títulos, los apellidos, las marcas, las pertenencias, estamos juntos, disfrutando un momento en el espacio y un lugar en el tiempo. Compartir. Esa es la palabra, departir y nutrir nuestra experiencia con la de los otros y condimentar los recuerdos con las historias que cada uno trae consigo.

“Ámonos”, que el sol sigue subiendo, y aún hya mucho que contar… y tú a dónde vas a rodar?

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Vamos

Vamos es la palabra que debería marcar el devenir humano,

Es el compromiso de hacer y moverse. No sólo empujar, no sugerir, no hacer grilla… es tomar la iniciativa, ser el primero en proponer, en marcar el paso, sugerir la ruta. Es no depender en los demás, es avanzar, aún si no sabes si llegaras. Es iniciar el movimiento.

Vamos, que la ruta esta trazada, pero para concluirla el detalle es recorrerla. (Ruta de Atoyac a Concepción de Buenos Aires, de las lagunas secas a plena Sierra del Tigre, en Jalisco, México.)

Vamos, que el camino ha esperado eones para regalarse a quien lo quiera recorrer.

Vamos, que la bicicleta la mueve uno sólo, pero cuando ruedan varios es un experiencia sin igual.

Vamos, que ya fue mucha charla… a rodar!!!

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de caminos y destinos

En ocasiones estamos demasiado imbuidos y viendo a nuestro alrededor creemos estar atascados o detenidos por omisión o flojera. Podríamos ver nuestra propia foto y pensar que cómo es que está tirada la bicicleta, y no estamos disfrutando de ese bosque que nos rodea.

Nos cerramos a una interpretación rápida y generalmente denostativa de nosotros mismos o de los demás. Así nos empuja el sistema, la sociedad… “piensa mal y acertarás” dicen por ahí, y bueno, escucha las noticias y no hay porque pensar otra cosa, ja!

Pero aquí volvemos a lo que nos enseña la bicicleta. Que la esencia es el pensamiento positivo, el esfuerzo siempre da más.

Y aquí simplemente estaba yo dando un descanso a mi bici, luego de hora y cuarto de rodar, 2 subidas al ocho media (en la primera se le safo una palanca y tuve que bajar de nuevo a que se la arreglaran) Y luego tratar de alcanzar a mis compañeros de rodada, pero aquí nos dimos unos minutos, para un tentempie y simplemente estábamos apuntando para seguir el camino.

 

 

 

 

En otros momentos nos encontramos con senderos bastantes claros. Pedaleamos seguros y hasta con una buena anticipación de los movimientos que tenemos que hacer. Tanto así que hasta puedes tener algunas micras de segundo para ver alrededor y extender nuestro ser hasta los árboles que nos rodean.

Podemos calcular la distancia a la “ramona” o descubrir esas piedras camufladas en la orilla de la vereda. Percibimos sin saber cómo ese vereda que sólo descubren aquellos que hemos aprendido a rodar en los bosques, en los desiertos, en las selvas, en la terracería. En dónde si alguien que no rueda, no vería ese sendero como lo vemos nosotros.

Así es como el bosque nos va invitando a adentrarnos en él, nos de su venía y nos acepta. Sabe que somos parte de él, y si de veras somos ciclistas, sabremos corresponder al bosque con nuestra humildad, admiración y agradecimiento por permitirnos cruzar por esos senderos, que desde eones nos han esperado ahí.

 

 

 

 

En otros momentos nos toparemos con estos tramos en nuestra ruta.

Vemos el camino, pero no mucho más allá. No sabemos a dónde desemboca ni logramos identificar todos los posibles obstáculos que se vienen por delante. Pero el ciclista confía en sí mismo, confía en su bicicleta y en que sabrá sortear lo que venga, y confía en el propio camino. Como en la vida, no siempre tendremos certeza en el siguiente destino, pero es la confianza la que nos hará seguir adelante y terminar la ruta.

Lo que uno aprende en estos momentos es a disfrutar más y más lo que podemos ver. Recordamos que la vida misma es un continuo presente, es una colección de instantes que en un tris se convierten en recuerdos.

La vida y la bicicleta, no se viven en el futuro ni en el pasado. Si realmente quieres saber lo que es rodar tienes que aprender ha disfrutar cada pedaleo, cada vuelta de la rueda.

Así como si realmente quieres vivir, tienes que experimentar cada segundo de tu andar, no querer adelantar un futuro que no existe ni un pasado que no esta aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

50

Hey! me doy cuenta que nunca publiqué este post…. desde Febrero! Así que aquí va, con un poco de revisión editorial para actualizar, jeje…

Quinto piso, quinta década, el tostón. Le pueden decir de muchas formas, es un inicio más. No me pongo a pensar que estoy cumpliendo 50 años… hace mucho dejé de preocuparme en “de cuántos años me veo”, es más, creo que no pienso al respecto. Hay cosas más importantes, como buscar la papa de cada día, planear la semana en la oficina, el próximo viaje, a dónde rodar el próximo fin de semana.

Aunque eso sí, me encanta recordar que termina un ciclo e inicio otro de una de las mejores maneras que pudiera tener; rodar el mismo número de kilómetros que de años estoy cumpliendo.

Y esta vez invité a amigos que han estado conmigo desde que empecé en esto de rodar en la montaña. Y creo que al final la rodada me hizo hacer una buena retrospectiva de lo que mi vida ha sido, y quizás lo que la vida de muchos también…

Momentos iniciales, con la emoción al tope. Por estar rodando, por estar con grandes amigos, por estar de nuevo en mi bosque. Ah! pero casi de inmediato, la rodada me empezó a cobrar las ausencias. Sin importar que vieniera gustoso, la rodada no perdona. Pero mis amigos iban muy contentos platicando y teniendo paciencia a mi paso un poco más lento que el de ellos.

 

Al final, la rodada fue un compendio de lo que ha sido la vida.

Momentos en compañía, momentos en soledad, momentos adelante, momentos atrás, momentos a toda velocidad, momentos en pausa, momentos con la adrenalina al tope, momentos de resistencia, momentos de estrategia, momentos de plenitud, momentos de mentar la madre, momentos de sonrisa, momentos de no saber que hace uno ahí, momentos de recuerdos, momentos de planear, momentos, momentos…

así que mientras se pueda durante esta vida… a rodar!

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el horizonte es el límite