13 Oct

Se debia

Hace unas semanas fuimos a cumplir el segundo reconocimiento al maratón de los Villanos. Había un sentimiento de “deber”, de esos que no son lo mejor para esto que de rodar se llama. Porque la primera razón para no rodar, es convertirlo en un “deber”. Cuando hacemos eso, rebajamos el rodar a algo cotidiano, a lo de siempre. En lugar de ser simplemente el estilo de vida que lo hace a uno ver la cada instante como un momento mágico.

Fue una rodada que se superó así misma y me recordó que la humildad es uno de los pedales que nos hace movernos. Me recordó que no le cumplimos a nadie, sino que es un regalo tener esta posibilidad de ir y rodar, cada ruta que se nos propone hacer. Esta ya la habíamos rodado, pero esta vez fue diferente, con el grupo, los que tenían que estar, y con otros ciclistas con los que cruzamos camino por algunos momentos, por algunos metros.

No quiero llenar de palabras esta entrada y mejor dejo aquí la galería, que creo que habla por si misma, y podremos volver a disfrutar, cada uno a su manera esta rodada, que si bien, marco el fin de uno o dos desviadores, al final, como sea, todos la logramos consumar.

Desde don Rubén, Toño, Harim, Ricardo, Hugo y hasta Héctor, un anónimo colega que coincidió en una curva de la ruta… Y No… Manuel no salió… ya iba muy adelante…

(Dale click a la imagen para verlas pasar…)

24 Sep

Entre pinos y piedras

Pinos verdes luchando por crecer en las laderas áridas de estos montes. Me deslumbra la belleza en los colores que se destacan cubriendo estos parajes. Me emociono casi hasta las lágrimas al descubrir lo afortunado que soy en esta ocasión por rodar en estas veredas. No me importa el esfuerzo, los senderos difíciles de domar, entre tanta piedra suelta, tramos de roca viva, escalones. Con gusto ofrezco mi sudor al saber que soy de los pocos que estamos rodando esta ruta.

Que bello es este planeta, que dicha tener estos rincones de naturaleza todavía. Nos muestran como deberíamos comportarnos con nuestra casera, con humildad y agradecimiento.

En cierto punto de la rodada, luego de una subida “tendidita”, de esas que no ves su fin y que te llegan a exasperar, por no ver cuando acaba, que me encontré de pronto ante la postal que enmarca esta reseña. Acompañado de un par de mis amigos de los Lizzards, como usualmente en estas rodadas, acompañándonos con otros ciclistas que aunque no sean del mismo grupo compartimos la ruta algunos kilómetros. Aquí no hay barreras entre grupos, entre equipos… así lo veo yo y así lo vivo yo.

Ahí abajo se asoma una presa, la lucha incansable del hombre por sobrevivir ante condiciones extremas. El trazado surgió no por las bicis, seguramente de vacas o cabras ya lo cruzaban desde hace muchos años. Que bien que algunos locos ciclistas como nosotros, se les ocurrió explorar por acá y ahora han compartido sus dichas y hoy nos toca descubrir y disfrutar estas líneas terrosas.

Creo que esta es una gran toma ejemplificando lo que es el ciclismo de montaña, amplitud, el esfuerzo, la belleza, montañas, planicies, paisajes, tierra, árboles, arbustos, agua, nubes, valles, sierras, la vereda, los pinos, los espinos, las cactáceas, majestuosidad del horizonte, la belleza de los pequeños detalles y ahí como parte del todo, el ciclista, sin ser más ni menos, adaptándose al camino, y hablando por mí, con la humildad de ir cruzando sin aspavientos, con los movimientos precisos, con la energía y la concentración, ni más ni menos. Con la gratitud  ante esa majestuosa vastedad y que se nos permita cruzar por este paraje.

Que mejor sería el mundo si este espíritu del ciclista fuera más un estilo de vida que una moda no?

Gracias Ernesto por ser el modelo en esta toma. Saludos!

Ro

10 Sep

Recovecos potosinos

Una como otras más, pero como siempre, tan diferente a las demás.

Por unos minutos perdí el tren con el grupo así que tomé mi propio camino.

 

Una rodada que combina trazos conocidos con otros que habría de descubrir.

Pasé a través de rancherías que creo ni en Google maps aparecen. Me encontré con poblados muy curiosos que no sabes dónde termina uno y empieza el otro, todos a lo largo del cauce de un arroyo y que en la mayor parte esta seco. Si, es año de sequía.

Algo curioso, fue encontrar anuncios políticos de Guanajuato entre dos poblaciones potosinas… no supe cuando crucé la frontera estatal, habrá que regresar y comprobar esto.

Seguí mi recorrido, caminos de tierra, tramos pavimentados, algunas veredas simplemente, todas mezcladas en lo que se iba conformando en una linda ruta espontánea, aunque dudo mucho que haya sido original. Pasé por flamantes unidades deportivas que presumen futuro y a la vez me topé con escenarios que seguramente no han cambiado en décadas, o quizás más.

Áridos caminos, abiertos a fuerza de empujar “progreso”
Caminos a la sombra de pasados con mejores tiempos
De no ser por el poste de luz, podría pasar por el paso por un rancho de inicios del siglo XX

Al final regresé al punto de arranque y el tren de mis amigos regresó con su propia ruta rodada, pero como siempre, quedaba el gusto de compartir lo rodado, con unas gorditas, unos sopes y cervezas. El excelente colofón que brinda compartir la ruta, aún en diferentes senderos todos rodamos una vez más.

Ro

4 Sep

Entre pasado y futuro

Fresca, una senda que se esconde bajo una capa de hojas no muy viejas. Mi memoria y la tenue huella de otros que han cruzado antes me permite guiarme a través de este paraje boscoso, afortunadamente poco frecuentado por estar un poco más retirado de lo que la mayoría de mis colegas están dispuestos a recorrer.

Me detengo un momento. Cierro mis oídos, tapo mis ojos a la luz y simplemente escucho, palpo con mis labios los aromas de ese rincón, saboreando lo que queda de la lluvia nocturna y el rocío de hace unas horas que parecen flotar silenciosamente entre los árboles.

Abro los poros de mi piel para absorber esta humedad que me rodea, quiero grabar en lo profundo de mis células esta sensación para traerla de nuevo en las semanas siguientes, cuando regrese a las rutas a la puerta del altiplano, rodeado de sol, cactus, piedras y mezquites. Para que la nostalgia no me impida gozar de la tierra dura y las piedras filosas.

Si, puedo sentirme afortunado de poder rodar en tan dispares lugares y descubrir la magia de cada uno. Gozando del común denominador que es pedalear y esforzarme por mantener el equilibrio sin importar el entorno, tener esa capacidad de soportar el frío, el fresco, la humedad, el calor, la brisa o el sol que cae a plomo.

No importa si el sudor se evapora en minutos o se disimula en el rocío que impregna mi piel, en ambos casos mi corazón late con fuerza, los músculos se tensan, mis ceño se frunce y mis dientes rechinan al empujar los pedales para sortear una cuesta; y luego mis brazos se entornan, mi espalda se inclina y mi cadera va para atrás del sillín, para tomar la postura de ataque a la bajada. Y concentrarme en tomar la curva con velocidad y a la vez controlando a mi bicicleta que emocionada va tomando velocidad a cada metro que baja.

Vamos, vamos!!! eso me grita. Y yo con ella voy bajando de la ruta de “brujitas”, entre piedras filosas y escalones simulados que me recuerdan mi desierto potosino, y descubro que veo pinos vestidos de cactus, robles como mezquites, se entremezclan los recuerdos y la realidad, en una relatividad que me hace viajar entre el bosque y el desierto, en un mismo espacio y tiempo, porque no importa donde ruede, no importa que suba o baje, la bicicleta es el vehículo que me traslada entre los espacios, voy creando mi presente con hilos del pasado y del presente… sin dejar mi realidad de lado, simplemente haciéndola más real.

Ro

13 Ago

Y luego del silencio

Va que va!

Parece que me hubiera tomado más silencio del necesario ya que han pasado poco más de dos meses después de mi último post. Ya, finalmente estamos aquí de regreso. Pero sólo aquí, porque las rodadas no se han detenido gracias al universo, a los amigos, las rutas, las invitaciones y mi voluntad, claro!

No ha estado mal este verano. Si mis cálculos son correctos llevamos rodados apróximadamente 450 kilómetros! Y no nos hemos limitado por la geografía. He podido compartir la ruta con muy buenos viejos amigos, y con los buenos nuevos amigos, hemos recorrido rutas en Irapuato, Guanajuato, apadrinando a el Doc Moreno en su nuevo bólido de aluminio por rutas en colinas que suben y bajan por el centro del Bajío.

El Doc!, vamos a retomar los senderos y rodar junto con otros 600 o 700, el reto Panteras, en el Bajío!

He vuelto a rodar a mi querido bosque, la Primavera bordeando la ciudad de Guadalajara con muy entrañables amigos con los que descubrimos el gusto de arrancar horas a nuestro ocio y ofrecerlo en prenda a nuestro propio bienestar difrutando por las veredas de ese milenario bosque, que a pesar del propio hombre sigue presto a protegernos y mostrarnos como vivir en armonía con el regalo que la naturaleza es.

 

Panda y Roberto, por llegar al puente Peréz… Fer ya se había ido a Torre 3 y Luis venía ahí atrasito…
La entrada de lujo para los Toboganes!

Y no se diga que ya domino las rutas potosinas, que aún estamos lejos de ello, mejor sigo conociendo y apreciando estos rumbos y estos andares. Rutas de piedra, espinas y polvo que hemos de convertir en amigos para lograr el permiso de estos lares de rodar y disfrutar con los nuevos amigos que seguimos conociendo por acá…

 

Lizzards en el punto de retorno de la llamada “Mole”… a las puertas de la sierra de Alvarez…
Aquí un puñado de Lizzards, disfrutando del cráter llamado “La Joya”… un meteorito? un volcán? Lo que haya sido, es espectacular!
Un rincón entre Ojo Caliente y Santa María del Río, de esos secretos que sólo en bici descubres y gozas!

Días de sol y de viento, de nubes y brisa, de risa, de esfuerzo y sudor, de subidas, bajadas, llanos sin fin y crestas retadoras que no nos dan tregua, pero que no hacen más que sacar de uno lo mejor, lo que ni uno mismo conoce y que al descubrirlo nos hace crecer y crecer… y lo mejor, no se queda en la ruta, en los pedales, en el manubrio, en el sillín… viene conmigo a diario, en casa, en la oficina, en la calle… porque no sirve de nada rodar y descubrirnos a nosotros mismos en las rodadas si no regresamos y lo compartimos con los nuestros, y con los no tanto, si no ponemos nuestro grano de arena, no importa que pedaleemos miles de kilómetros… no se notará nuestra huella.

a seguir rodando!… o no?

Luis, Roberto y yo, tomando aire para rodar Toboganes!
9 Jun

Silencio

Subo las colinas que bordean la ciudad, ahora más cubiertas de pavimento que de tierra, pero le encuentro el modo a las trepadas urbanas y a los toboganes asfaltados. Tomo rumbo por la carretera a Guadalajara, subiendo por el acotamiento y con San Luis Potosí capital a mis espaldas. Luego de un par de kilómetros remato una colina domada y entro en el poblado de Mesa de Conejos.

Voy cruzando por la calle principal de no más de 10 cuadras y sigo escuchando los carros que van por la carretera, los que van saliendo de la Mesa y las voces de las gentes que van saliendo de sus casas y empiezan a montar los puestos para el tianguis dominical.

 

Dejo atrás el caserío y paso a un lado del camposanto del pueblo, el entorno parece guardar respeto y las voces y los ronroneos urbanos parecen acallar su ruido. Sigo por la vereda que se aleja del pueblo, apenas se puede distinguir a ras de tierra la vereda. Poco se diferencia el camino terroso de las faldas de la colina que voy subiendo, el mismo tono, ese color marmóreo y pardo claro, sólo se distingue la vereda por tener unas pocas menos de piedras sobre sí. Y yo simplemente sigo subiendo hacia la sierra, seguido por un sol que empieza a despertarse realmente, descobijándose la neblina pre-veraniega y siendo mis testigos únicamente las piedras, la tierra y una que otra cactácea.

 

Sorteando una curva, dejo atrás la vista a la ciudad y sus pueblos aledaños y me quedo pasmado ante la silueta de la sierra que veo levantándose más allá, delante, todavía un poco lejos. Primero veo la vereda pedregosa que ahora baja y me empuja con la fuerza de la gravedad hacia un valle alargado en donde sólo se ve la silueta de una vieja casucha y un pequeño sembradío mantenido muy a fuerza.

Es ahí cuando mi espíritu ya pasmado, queda abrumado. Descubro el poder de una voz que no escucho a diario. Pareciera un brinco en mi conciencia. Escucho tan fuerte y firme al mismo silencio que detengo mi pedaleo. Lo rodea todo, lo llena todo y hace que mis ojos se abran, mis pupilas se dilaten seguramente, mis oídos vibran, mi garganta parece cerrarse y puedo percibir la más leve brisa en toda la piel.

Todo cobra una intensidad difícil de describir, la luz, el calor, el viento. Ahora detenido, no se cuánto tiempo, veo que estoy parado en una curva casi en “U” y hago mi propia toma “panorámica” de este paraje que es entre un valle y una cañada, escondido en las montañas en el extremo nor-occidental de la Sierra. No hay sonidos, no hay ruido, no hay susurros. Cierro mis ojos y me veo a mi mismo rodeado de estas cimas en lo corto y picos montañosos más a lo lejos, el sol cayendo a plomo, unas pocas vacas allá abajo, pero no hay ruido, no hay sonidos…

Abro de nuevo mis ojos y veo a lo lejos el libramiento poniente de San Luis Potosí y veo pequeños punto de color moviéndose, son autos, y otros más como tubitos, que son camiones o trailers… pero sus sonidos no me llegan. Regreso mi vista a la Sierra, las cimas y picos que rodean esta ruta, la vereda que serpentea hacia abajo, se bifurca y se pierde a lo lejos en una cañada a mi derecha, y en un paso de colinas a mi izquierda, flanqueado por un hilillo de agua que viene de un poco más allá…

De nuevo un sonido, el conocido “clap” de cuando engrapo mi pie derecho al pedal, y este deja su lugar al sonido de ruedas rozando las piedras que como alfombra recubren el camino, voy sintiendo el viento acariciando mis manos, mis piernas, mi rostro. El susurro vuelve a apagarse, el sonido se retrae, el silencio va cubriéndome de nuevo, a pesar de que voy rodando, me va acompañando y se convierte hoy en un colega más rodando a mi lado, creo que de vez en vez, al silencio también le gusta rodar…

alle!

2 May

una vista muchas miras

Cuando rodamos nos encontramos con la magnificencia de un planeta lleno de vida. Podemos ver más allá de lo evidente (diría León O). Rodando, nuestra visión se extiende más allá de las paredes y ventanas de oficinas, talleres, casas y edificios de la ciudad. Descubrimos que no venimos para simplemente pasar los días yendo y viniendo en carros, camiones o mulas. Se descubren ante nosotros parajes que casi no caben en nuestra mirada, así simplemente porque llegamos ahí.

Pero no como milenials que creen que por ser y estar ya lo merecen todo… el ciclista tiene que esforzarse para merecerlo, tiene que moverse por si mismo, caerse y aprender a levantarse para poder llegar y recibir la inesperada recompensa de que en nuestra pequeñez, somos grandes y somos dichosos herederos de una tierra que no es para nosotros… nos es prestada para cuidarla y hacerla llegar a los que vienen después de nosotros.

Simplemente ve…

Gracias al modelo, Toño, si ahí va… encuéntralo
15 Abr

A donde

Cuando tomo mi bicicleta, generalmente se que ruta voy a rodar. Pero lo genial de esto de rodar es que pocas veces es igual a otra ocasión. Si, durante una rodada podemos ir pensando “Esta tramo se parece a tal o cual otra rodada”, “Esta subida o esta bajada me recuerda a la vez que …”. Pero nunca es lo mismo, y no es algo que allá vaticinado Einstein o Stephen Hawking. Simplemente el tiempo y el espacio sólo existen en un sólo momento y cuando lo hemos cruzado ya no es el mismo la siguiente vez.

Así es como rodar nos lleva en un viaje a través del tiempo y el espacio. Si bien, algún momento pasado ya rodamos por cierta calle o cierta vereda, siempre será diferente. No tenemos una experiencia exactamente igual y es la magia que nos da tomar la bicicleta y con manos en el manubrio, pies en los pedales, sentaderas en el sillín, vista, olfato, oído en el camino y sensaciones alrededor lo que alimenta nuestro espíritu y nuestra alma a través de los kilómetros o las cuadras que rodamos día tras día.

 

Ojalá más de nosotros compartieramos lo que aprendemos en cada ruta, que mejor que más de los que nos acompañan en esta vida quisieran salir del cascarón de la apatía, la comodidad, el desánimo, la complacencia, la ignorancia y la deshonestidad para llevar esto que vivimos en la bici a la vida del día a día…

Tan fácil que sería descubrir que, compartiendo la experiencia se aprende más,  ofreciendo ayuda se llega más lejos. En lugar de buscar las trampas y los atajos en los trabajos, en las calles, en los puestos de gobierno, en los campos. Mientras más ciclistas nos volvamos, más caminos encontraremos para llevar a nuestra ciudad, sea Guadalajara o sea San Luis Potosí (Si, San Luis Potosí es también mi ciudad) a ser mejor, más bella, más amable, más y más….

Ro

27 Mar

Interclubes by Lizzards

Domingo, 24 de marzo de 2019. La cita: 7:30am en Portezuelo, al oriente de San Luis Potosí, capital. Uno, cinco, diez, cuarenta, noventa, más de cien ciclistas… presente!

Bajo un espeso banco de niebla, alrededor de un centenar de ciclistas nos fuimos abriendo paso por las calles aún silenciosas de Portezuelo (ya vio don Ruben, empezamos con su sugerencia…)

Que sensación de júbilo es ser parte de la organización que convocó a más de un centenar de colegas ciclistas de montaña en domingo, antes de las 8:00am de la mañana. Desde niños, niñas, jóvenes adolescentes y otros no tan jóvenes, pero aún adolescentes. También habíamos los “adultos contemporáneos”, los experimentados seniors y alguno que otro al que no se le distinguía la edad.

 

Cuarta edición de la rodada “interclubes”.  Ahora correspondió a los Lizzards ser los organizadores y anfitriones de este loable evento lleno de la buena vibra de docenas de ciclistas que me recuerdan la esencia de esta actividad que es  más que un deporte, esto es también una forma de ver la vida, un estilo para vivirla al máximo!

Esta rodada no empezó el domingo, creo que arrancó hace algunos meses, cuando Toño y Ruben coincidieron con otros “voceros” de otros grupos y dieron a luz a esta idea de reunir a los ciclistas de montaña en San Luis Potosí y compartir rutas entre los grupos. Y luego, hace unas semanas cuando algunos Lizzards nos dimos a la tarea de definir la ruta que compartiríamos y dirigiríamos. Se trataba de basarnos en una ruta “emblema” de Lizzards, así que por fuerza sería una que nos llevara a La Morena. La ruta se definió modificando sólo un poco la ruta, para resumir algunas subidas muy empinadas y una que otra bajada técnica. No se trató de renunciar a algún tramo, sino de ofrecer el mejor camino para TODOS. Porque así es el ciclismo de montaña, inclusivo, apoyo entre todos. Hay competencias, si, siempre las hay. Pero es en estas rodadas en donde hasta los más aguerridos saben recordar lo que es fundamental cuando rodamos en la montaña. Rodamos para disfrutar y aprender a compartir con la misma tierra, con el bosque y el desierto, con el sol y las nubes, con nuestro sudor y la voz de apoyo del amigo o amiga; la dicha de estar vivos y poder compartirlo con otros. Hemos aprendido a estar ahí por si se ofrece, dar ayuda y ofrecer nuestra experiencia para que todos vayamos mejorando y aprendiendo, porque acuérdense, ya nos ha tocado también pedir ayuda y que alguien pase diciendo: “Todo bien?” – y se detenga para ofrecer su ayuda.

Es así como esta hermandad fue fluyendo en la ruta, y fuimos compartiendo unos con otros, alguna palabra, algún consejo, las herramientas, si se ofrecía. Y sobre todo el gusto Lizzards de compartir esta ruta que ya no será exclusiva (nunca lo fue) de nosotros, uno que otro la conoció por primera vez y quizás la haga también suya.

Llenamos de color el llano. El valle de la Cuesta, generalmente terroso y solo con destellos verdes, se vio envuelto en un arcoiris de jerseys y bicicletas que daban la impresión de gritar a todo color.

Levantamos polvo, tan sólo para que una vez pasado el último éste se volviera a asentar y nuevamente el silencio se adueñara del camino, dejando simplemente la huella de decenas de bicicletas como marca en la comarca.

Compartimos el tentenpie en La Morena, ese villorrio que nos ve pasar muy seguido y nos hidrata con un refresco o una cerveza de vez en vez. Por unos minutos se convirtió en el polo del MTB en la zona centro de San Luis Potosí y más de algún poblador se asomaba asombrado al ver que la población se había multiplicado quizás al doble de la habitual. Pero lo mejor fue sentir la camarería en la calle principal de la Morena. Si bien se distinguían los diferentes grupos de ciclistas, no era extraño ver como de uno a otro iban ciclistas para saludar a los colegas de otra “tribu” ciclista. Eso es también parte del espíritu del MTB, somos muchos, diferentes quizás pero unidos por el mismo espíritu. Alimentados por los mismos gustos y ánimos de rodar, de compartir, de apoyar, de estar!

Muchos descubrimos nuevos pasos, otros las volvimos a conocer la ruta. Unos encontramos a viejos amigos, no vistos hace tiempo, otros renovamos la amistad y otros fortalecimos los lazos con su propio grupo. Alguno aprendió un nuevo tip para rodar; otro lo ofreció sin chistar.

Fuimos abriendo paso en la neblina tempranera, soportamos con buen ánimo el sol que se portó amable aún al estar pleno sobre nosotros, acompañándonos desde su palco. Sorteamos un primer tramo de pavimento, subiendo y bajando columpios, superamos la arena suelta, como fuera, pero la superamos. Tomamos velocidad cuando el camino no regalaba una bajadilla y pagamos el esfuerzo para subir alguna cuesta.

Practicamos la paciencia en el tramo estrecho donde uno que otro se animó a bajar los escalones dándonos certeza de que en algún momento, si así queremos podemos lograrlo también otros.

Y lo mejor al final de la rodada creo que vi una sonrisa en los ciclistas de los que pude despedirme. Unos conocidos, otros no. Sin importar el color de su jersey o el tipo o marca de su bicicleta, todos fuimos uno durante unas horas, ciclistas de montaña, unidos por el simple y gran gusto de rodar!

Aquí casi todo el equipo!!! otros estaban haciendo migas con otros grupos…

El narrador

5 Mar

Cuarenta y ocho

Hay que arrebatarnos unos minutos a nosotros mismos. Nos dejamos llevar muy fácilmente por las prisas de cada día. Los pendientes y deberes del diario se adueñan de cada uno de nuestros minutos, y ahora, rodeados de gadgets según esto creados para “hacernos la vida más fácil”, nos vemos sumergidos en sus garras que nos quitan los pocos segundos que podríamos dedicar a nosotros mismos.

Por eso hoy, luego de un par de semana de haber inaugurado una nueva vuelta a nuestro sol y haberme regalado mi gran rodada cumpleañera, me dedico no un minuto sino lo que de para agradecer, ofrecer y honrar cada uno de mis cuarenta y ocho años en esta vida…

  1. Rodar no resuelve la vida pero te ayuda a aprender a vivirla con más intensidad.
  2. Rodar es una manera para resignificar muchos de tus momentos vividos.
  3. Rodar te permite conocerte más y de veras hacerte tu amigo.
  4. Rodar te acerca más a tu ser humano
  5. Rodar puede regalarte la oportunidad de encontrar grandes amigos de ruta para tu vida
  6. Rodar es una manera fácil de hacer frente a difíciles problemas.
  7. Rodar hace que tu cuerpo mejore a medida que superar cada subida
  8. Rodar crea una barrera protectora contra la desidia y el aburrimiento
  9. Rodar facilita descubrir que eres más fuerte de lo que creías al iniciar tu rodada
  10. Rodar te regala una sonrisa al saludar a cada hermano ciclista que te topas en el camino
  11. Rodar te eleva para valorar la humildad de compartir una ruta y tu vida
  12. Rodar descubre en ti cualidades para admirar a los demás
  13. Rodar es una llave para saber más sobre cómo vivir mejor
  14. Rodar acerca a los amigos lejanos
  15. Rodar lleva consigo el secreto de vivir joven sin importar los años rodados
  16. Rodar alimenta las amistades
  17. Rodar fortalece tu amor por la naturaleza y te hace creer en el ser humano
  18. Rodar enseña que estamos de paso y lo mejor es dejar buenas rutas para los que nos siguen
  19. Rodar silencia las críticas que hasta tu mismo te haces mostrando lo mejor de cada uno
  20. Rodar grita a la vida que se puede ser mejor sin menospreciar a los demás
  21. Rodar es un susurro del viento en una ventisca, es una gota en una tormenta
  22. Rodar viene en grupos, en parejas y en solitario, es para todos y para uno.
  23. Rodar disminuye el riesgo de sufrir de auto-compasión
  24. Rodar toma lo mejor de ti y lo hace brillar para los demás
  25. Rodar suma amistades y resta preocupaciones
  26. Rodar llena mis pulmones de vida y da vida a mis sueños
  27. Rodar me ofrece una razón para disfrutar un domingo o día de asueto desde antes de amanecer
  28. Rodar incita a buscar ser mejor cada día en cada lugar
  29. Rodar otorga triunfos del espíritu cada vez que sonríes para ti, diciendo: lo logré!
  30. Rodar te permite valorar tu vida, para que en la vida valores rodar
  31. Rodar te hace ver que una caída no es un fracaso, es otro camino de llegar aprender
  32. Rodar agrega a tu vida algo llamado aventura y te lleva más allá de donde pensabas llegar
  33. Rodar le da sentido a lo que dijo Robin Williams: Carpem diem!
  34. Rodar cubre tu piel con raspones y arañazos que luego son tus trofeos y triunfos
  35. Rodar hace que veas lo mejor de los demás y más aún, que tu eres uno de los demás
  36. Rodar ilumina las noches con historias, risas y recuerdos junto con los compas ciclistas
  37. Rodar es aprender que la humildad te hace llegar más lejos en la ruta
  38. Rodar es acercarte al lado más olvidado de la sociedad… el lado humano
  39. Rodar invita a comvertirte en un pirata que no esconde un tesoro sino que lo quiere compartir
  40. Rodar es un logro en sí mismo, para regalarlo a los demás
  41. Rodar es compartir algo más que agua en el camino, tu vida en la travesía
  42. Rodar infunde respeto por el otro y orgullo por ser sincero con el camino
  43. Rodar genera responsabilidad por ser mejor arriba y abajo del sillín
  44. Rodar convierte tu cansancio en combustible para llegar a la cima
  45. Rodar te lleva a querer esas partes oscuras de tí para hacerlas brillar a su vez
  46. Rodar inventa nuevas maneras de alimentar tu espíritu y dejarte rodar más allá
  47. Rodar te hace crear sueños y te impulsa a lograrlos
  48. Rodar es Rodar!!!

 

Y tu en cuál vas? o con cuál te identificas más?

Ro