Rodando Mi Tierra

el horizonte es el límite

Archives julio 2010

Sssshhhh, nubes durmiendo

Así es, salí este viernes al bosque. Uno de esos días que invitan a no levantarse o al menos a permanecer en el calor de la cocina agotando un buen café. Aún con cierto grado de somnolencia me hice presente en postes, esta vez en solitario, con mi sueño como compañero.
Y vaya rodada que hice, envuelta en esa magia que tantos autores han plasmado en sus cuentos e historias de duendes, hadas y gnomos entre árboles. El ambiente era de un silencio majestuoso, que ha poco iba dando paso a susurros del viento que parecían canturrear una melodía que iba regresando al mismo bosque de su sueño a la vida en este nuevo día. 

Y cuando el viento “tomaba aire”, detrás de mi propio sonido del rozar de las llantas en la tierra empapada por la lluvia nocturna alcancé a percibir el goteo. Sí, pareciese que siguiera lloviendo en momentos, cuando las ramas de cada árbol hacían como extenderse, así como nosotros cuando nos estiramos al despertar, sus hojas estremecidas dejaban que las gotas terminaran su camino hacia el suelo. Hasta de los pequeños hongos que asomaban entre el pasto las gotas se escurrían finalmente de regreso a la tierra de la que habían surgido.
Pero las que parecían no escuchar aún el llamado del nuevo día eran las nubes, hasta yo mismo me sentía conminado a rodar lo más silencioso posible, para no apresurarlas en su despertar, para gozar con ellas el momento que estábamos compartiendo.  

Así desperté finalmente yo este viernes, tan cerca y tan lejos de mi ciudad natal, montado en mi bicicleta, surcando brechas adormiladas y escuchando los susurros de una noche que se despedía y saludaba a este nuevo día.

Regalos de una rodada tempranera…

Hola,

Aprovechando unos minutos del día, levantándonos con el sol, nos adentramos a la mosca, hoy a ritmo de camara… si, atentos a descubrir esos rincones que generalmente pasamos sin ver. Esos recovecos que aparecen por momentos y luego cambian de lugar, cambian de forma.
Para mis amigos “chochenteros”… no alcancé a ver pitufos esta vez, pero estos bien pasarían por sus casas…

Un poco más adelante, a la mitad de la subida de la mosca nos topamos con el famoso “puente”, que ahora invita a bajar de la baika y cruzarlo a pie, por aquello de no atorarse y visitar el fondo de esta arruga natural…

Aquí nuestros mudos testigos de una rodada “de fábula”, entre duendes escondidos, hongos con figuras artísticas, colonias de musgo que parecen arrastrarse por entre las hojas, algunas de ellas que recolectan el agua de las nubes y sirven de piletas a los animales del bosque….

Y así, el bosque sólo sus propios susurros, silencio para nosotros, así lo dejamos, cruzamos sus brechas y en paz nos retiramos, para luego volver a rodar y gozar con él.

Gracias vida, gracias…

Recordando una mañana, por la tarde…

Posiblemente estas ideas ya las he plasmado antes, quizás las mismas palabras han brotado de mi alma en un orden parecido. No importa mucho, porque a fin de cuentas es un hecho irrefutable, no soy el mismo de hace un año, ni siquiera el mismo de hace un mes … esto es tan claro como ver el odómetro de mi bicicleta, que ahora marca casi 2,000 kilómetros desde la última vez que lo reinicié por error 😛

Siento ir flotando y a la vez yendo tan pegado a la tierra… voy por la misma ruta que he rodado tantas veces, (la mosca en el Bosque la Primavera), y hoy es diferente a la última. Es subir hasta acariciar las nubes, a las que sorprendemos aun adormiladas, enredadas en las ramas de las cimas de las colinas que nos hacen jalar aire para treparlas, sorteando escalones y bajantes que la última lluvia ha creado a su capricho.

El aire aún esta en calma, retazos de un invierno que aun no llega nos acompanan cuando salimos disparados cuesta abajo y embalados salimos a un pequeno valle alargado que por ventura esta ahí colocado, o más bien, está como pintado para servir de marco inagotable de verdor en esta mañana de verano… pero hoy no traigo cámara y con todo bajo la potencia a los cambios de mi bicicleta para trepar la siguiente subida, y enfilarme al resto de la rodada…
Otra vez en estas intrincadas veredas y brechas, con ramas vencidas por el peso del agua de la lluvia nocturna que me acarician el rostro y humectan mi piel ya despierta hace algunos minutos cuando el sol asomaba tímido en la bruma.

Así llegamos nuevamente al “camino ancho” que nos lleva de regreso al punto de arranque. Y nuevamente luego de una hora y media mágica, en el mismo camino, tan diferente como siempre, me dirijo a la ciudad, con la sonrisa en mi rostro, con el lodo en mi bicicleta y con el frío y el sudor jugueteando en mi piel.

Quien creeria….

Quién creería que un lugar como este estuviera tan cerca de su casa, tan sólo tomar la bici y rodar? (si, también caminando lo vería, pero tardaría mas en llegar)…

Quién imaginaría que un rincón como este pudiera estar fuera de los alpes? Y que yo sepa, allá no tienen pajaretes… que mejor fuente de energía para continuar la rodada, mmmmm




Y cómo saber que también en la ciudad uno puede encontrar la ruta perfecta, el camino ágil, la sonrisa de un desconocido, que te confirma que rodar puede ser una forma fácil y económica de acercar a las personas?

Ro