Rumbo a Real de Catorce un prefacio

Encuentro con nuevas tierras,

Encuentro con nuevos amigos,

Más de 40 bicicletas con un mismo destino,

Un destino que habría de descubrirse metro a metro, pedaleada a pedaleada,

Aún aquellos que ya habían venido a esta ruta en otros años, estaban ahora descubriendo una ruta nueva, un reto nuevo, una nueva forma de llegar a Real de Catorce. Y más que nada una nueva forma y oportunidad de llegar al fondo de uno mismo, a descubrir que tenemos más fuerza de la que creíamos, que cuando nos proponemos algo y creemos en ello, podemos lograr todavía más de lo que pensábamos.

 

No fue un día, no fueron dos, fueron tres días recorriendo praderas del semi-desierto, pellizcando el majestuoso Altiplano Potosino. Descubriendo parajes que te hacen ver lo pequeño y lo grande que eres a la vez.

 

 

 

 

Mis ojos se humedecen de emoción, sentir el fresco aire que llegaba del norte, el sol que con poco que salía calaba y quemaba mi piel, nos acarició la brisa y hasta una que otra gota coqueta que bajaba de las nubes a acariciarnos antes de posarse en la tierra del Potosí.

La amistad no es exclusiva de los jaliscienses, ni de los de Colima, o los michoacanos, no se rige por un terreno, algo tienen los ciclistas, sin importar de qué ciudad seamos, de qué estado, de qué país. Somos ciclistas y esto nos distingue. No importa que sea la primera vez que nos vemos o si llevamos algunas rodadas juntos, estamos juntos en una rodada y esto nos une, nos insta a apoyarnos, a tender la mano y a ofrecer ayuda sin pensarlo, simplemente porque estamos compartiendo la ruta, el reto, este momento de la vida.

 

Esta tierra me ha recibido con decenas de nuevos amigos, cientos de kilómetros recorridos y miles más por recorrer.

Ro