Rodando Mi Tierra

el horizonte es el límite

Archives agosto 2020

Chapaleando

Afortunadamente la vida tiende a ser más un ser como un “stand up” (improvisando), que una obra de teatro (seguir un guión). Cada uno de nosotros tiene ese libre albedrío para ir moviendo el timón hacia un lado o hacía el otro. Claro, como humanos que somos, no tenemos el completo control de lo que nos sucede, pero tenemos la capacidad de adaptar los hechos y embonarlos a una o más soluciones, o no?

Se te descompone el carro en carretera y puedes sentarte a lamentarte o salir de él y buscar si repararlo, buscar grúa o buscar un hotel y darte vacaciones…

Pues bien, es por eso que ahora estamos “Chapaleando”, por que no tenemos un guión estricto que seguir y nuestra sesión de “stand up” nos trajo, de momento, para acá, así que hemos estado viviendo este rincón mexicano con un sabor entre místico y terrenal. Tan cerca de la gran metrópoli y a la vez, tan alejado y separado. Protegido por una pequeña sierra que parece escudarlo del bullicio y la contaminación, en todos sus sentidos. Con el sonido de los pájaros y el lago y de los camiones que recorren la ribera trayendo y llevando a los jornaleros y jornaleras de y hacia Jocotepec, San Juan Cosalá, Ajijic…

He podido ver este gran lago que pinta infinitas postales a cada día. Aquí por ahora, les dejo tres.

Aquí posando con las lanchas en el malecón de Chapala, a la espera del visitante valiente que desafía el confinamiento (por cierto, que parece no existir por estos lares…)

En la siguiente toma… mirando hacia el otro lado desde el mismo malecón, una lancha pescadora, un poco de lirio, y un sol que busca espantarse las nubes para mirar…

 

 

 

 

 

 

Y aquí abajo, sigilosa, mi baika “detrás” del árbol, para no espantar a la grulla que paseaba en la orilla… aprovechamos la toma para recuperar el aire, luego de venir desde “Joco”.

 

 

 

 

 

Seguiremos descubriendo lo que este lago y sus poblados tienen para que descubramos, aprovechando que andamos por aquí…

Ro

Buenos dias

Puedo asegurar que los días inician con una energía diferente cuando el sol te alcanza mientras ruedas. O al revés, cuando uno rodando se le adelanta al sol y le espera en algún sendero, en la calle, en el cerro o en el desierto al momento de arrancar su elíptico camino por la bóveda celeste.

Una mañana como otras, asomándonos al sur de la perla tapatía… trepando la madre que nos vió a muchos iniciarnos en este mundo… Bugambilias.

Una pausa mientras rodábamos la “media mosca”, en nuestro Bosque la Primavera, coincidiendo con los primeros rayos de sol que empezaban a bailar entre los árboles, recuerdo el susurro de algunas aves escondidas en las ramas que empezaban a llamar a sus vecinas para lanzarse al desayuno… y el Roberrr y yo, agarramos vereda para seguir la ruta y luego ir al desayuno también, en la cafetería de la oficina…

Otro amanecer, hace algunos ayeres con unos viejos grandes amigos, en un paraje ni cerca ni lejos de la perla tapatía, otro bosque, la misma energía, el mismo sol que nos encontraba al arranque de una ruta sabrosa, la conocida “Perrona”, en los alrededores de Atemajac de Brizuela en la sierra de Tapalpa. Disfrutando de la brisa y el aroma de leña que calentaba el café de alguna casa cercana. Con frijolito suficiente para motivar un arranque con energía e impulso por deshojar recuerdos e hilar muchos nuevos.

Aquí un épico amanecer, una de las rodadas épicas, en San Sebastían del Oeste, por arrancar la segunda etapa de un Vallartazo, con 2 emblemas… el Charly “comegalletas”, y el genial “Ricky Mountain”, saludando a la vida, saludando al equipo y al sol que se apresuraba a alcanzarnos para mostrarnos el camino a Puerto Vallarta, unas 4 o 5 horas después.

Otro amanecer, otro grupo de ciclistas, otro terruño, más al norte, acercándonos al altiplano potosino, ya el sol un poco arriba, pero igual concediendo un poco de fresco detrás de un nublado persistente… saliendo de Hacienda Coronado, otra ruta, el mismo espíritu, la misma gran camaradería y hermandad unidos en una ruta difícil de igualar, la etapa 2 de 3, rumbo a Real de Catorce.

Aquí otro amanecer, en los alrededores de Cerro de San Pedro y monte Caldera, los Lizzards, lanzándose con todo por la bajada, aprovechando que el sol aún esta medio lagañoso y medio dormido detrás de la cobija de nubes que se levanta de la sierra de Alvarez.

Y dejemos por ahora hasta aquí los amaneceres, con esta útlima estampa tomada desde el extremo oeste del Lago de Chapala, justo unos minutos después del amanecer, luego de una rodada cadenciosa recorriendo su ribera, para encontrarnos con un nuevo día y poder descubrir que cada uno, es un mágico reinicio de la vida, una nueva oportunidad para seguir construyendo nuestra felicidad, día a día, rodada a rodada.

Buenos días!!!

Ro

Mezcala

Un pueblo jalisciense con raíces mucho más profundas que el estado mismo. Ya estaba aquí antes que los españoles supieran navegar, y sus primeros habitantes seguramente competían con osos y leones gigantes, se nutrían con mastodontes y mamuts y compartían un hermoso lago, que quizás se extendía mucho más allá de sus fronteras actuales. Y hace unos días tuve oportunidad de conocerlo, de rodar de por la ribera del lago de Chapala y presentarme por mi mismo ante este pequeño pueblo, antes pesquero y con hoy se debate en encontrar su vocación nuevamente.

Espero que la encuentre pronto porque es un sitio que transpira misticismo y herencia. Tiene fuerza dormida y una belleza que se esconde en el olvido de su misma gente y la envidia de sus vecinos.

Llegar  y volver, es una aventura que me hizo viajar en el tiempo, había un silencio que se dejaba escuchar. Humildad que invitaba al asombro. Y en donde el mismo lago parecía cobrar mayor fuerza.

Parajes que invitan a volver. El susurro del agua, el cruzar del viento y el murmullo de mi bicicleta a través de veredas, caminos y carretera.

Redescubriendo Chapala

Por situaciones de la vida, por circunstancias familiares, por azares del destino, porque es 2020, me ha tocado estar en la ribera del mar Chapálico unos días. No importa cuántos van ni cuántos faltan. Aquí estamos y mientras así sea hay que estar al cien por cien.

Y bueno, hubo oportunidad de traer la baika y aquí nos acompaña en la aventura. Así que bueno a desquitar un poco y aprovechar cuando se pueda. Así que hemos descubierto que han terminado la ciclovía que recorre de Chapala hacia Jocotoepec… la he recorrido hasta Ajijic y esta verdaderamente muy bien hecha. No se si los planeadores tapatíos deberían de venir y tomar ideas en lugar de sumirse en la politica y grilla para realmente armar lo que necesita una ciudad como Guadalajara, que se sume cada vez más en automotores, rutas impersonales, y gente que pelea huesos de hule.

En fin, dejo la política y mejor les comparto unas cuantas tomas de algunos rincones que encontré en estos lares que me han hecho redescubrir los pueblos de la laguna y que me hacen descubrir que el lago de Chapala es aún más grande lo que yo creía.

Cerca de la cima de la antena San Antonio Tlayacapan…

Gran vista hacia el lago, abajo, parte de San Antonio Tlayacapan, mientras yo recobro el aliento…

Luego, una bajada escondida, entre túneles de arbustos y árboles que me bajan a un rincón escondido…

Parecía un estanque pequeño…

Resultó ser una pequeña presa con agua cristalina y parvadas de pájaros que se escondían a mi vista pero aturdían mis oídos…

Y luego, otra subida marca “chamuco”, de esas que al final pagan con creces… alcanzaba mi vista hasta la sierra de Tapalpa!!!