Asi amanece en mi bosque…

6:00 am y pasaditas… ya hay casi 80 ciclistas en el bosque. En domingo, cuando la mayoría de la gente aun sigue durmiendo, descansando la semana… sino es que algunos siguen en la parranda y el jolgorio.
Aquí este grupo de lo que unos llamarían locos, y otros tantos dirán “que brutos… ir a cansarse, sudar, y ni siquiera les van a pagar…” Locos y brutos serán otros, pero aquí no vengo a soltar piedras sino a atestiguar lo hermoso que es disfrutar lo que a uno le gusta. 


Pues bien, eran las 6:10am, aun oscuro y arrancamos el segundo grupo hacia el reto de las 3 Torres (ya otro grupo había arrancado a las 5:00am). Inicie mi rodar algo interrumpido por cuestiones técnicas, pero igual fui alcanzando a otros y avanzando por la ruta. Sabia que ya bajando de la primera torre, la de Najehuete (o Nejahuete) me toparía con el sol…. Lo veo a diario pero cada día me sorprende, y verlo ahí, es mágico, parecía brincar al ritmo de nuestras baikas cuando vamos sorteando la bajada llena de piedras y grietas en esa cicatriz que es el camino en la montaña.

Y seguí la ruta, cruzando con los que venían subiendo, compartiendo momentos con otros que compartían el mismo reto pero con sus propias metas… hasta que en momento me encontraba rodando en solitario, llenando la quietud del amanecer con el rumor de mis llantas dejando su huella en el camino. Pase como a las 8:20am por el valle que marca el final de Toboganes, por el paso de brujitas y enfilando a Obsidianas… así como suenan estos nombres, es una fabula rodar por esos lugares, en domingo, cuando muchos duermen, yo aprovecho y saco algo de lo mejor de mi, y comparto con otros tantos este maravilloso rincón del mundo, que ahí esta, siempre esta ahí, cada día, simplemente esperando y sin pedir mas allá que el respeto que bien merece un dador de vida…


Bien, seguí rodando, llegue a Obsidianas y baje al arroyo seco, para luego reiniciar la subida de la cuesta que nos hace acariciar un par de arroyos escondidos en este, mi bosque. Subí  coincidiendo de nuevo con algunos compañeros de travesía, el “llanta ponchada”, el “Hojitas”, y uno que otro desconocido amigo con el cual intercambiaba palabras de animo y disfrute. 

Nos fuimos acercando a la segunda torre, la Torre de San Miguel (o T3), trepadón de locos que nos eleva nuevamente por encima del Bosque que ya estaba en plena actividad. Aquí me detuve unos minutos para tomar aire, tomar vuelo y aproveche para tomar esta foto del “Hojitas” atacando ya la empinada cuesta de 7 kilómetros, que nos tomaría unos 60 minutos remontar…
Que verdad se ve a través de la lente… que pequeños somos ante la naturaleza, y es esa pequeñez la que nos hace grandes, es la humildad la que enaltece nuestro esfuerzo, es un instante como este el que hace eterna una emoción, y todo esto, con el simple acto de pedalear, de saborear tu propio sudor, sentir el sol en los hombros y al viento acariciar el rostro… escuchar las pulsaciones aceleradas del propio corazón, contemplar sin ver como nuestros músculos se hinchan buscando oxigeno y así, metro a metro, las ruedas siguen subiendo y seguimos en pos de la meta, nuestra muy personal meta del día de hoy.



Ro

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