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Salir a rodar es

Es encontrarse con amigos que no he visto en meses y sentir que fue como haber compartido ruta la semana pasada… eso sí, con más noticias que contar…

Es coincidir con otros colegas ciclistas y sentir que somos amigos, por el sólo hecho de compartir el mismo gusto por salir a rodar un poco más allá

Es ver un camino al que no se le ve final y, en lugar de temer, lo que surge es el deseo de emprender la ruta a la de ya!

Es mucho más que simplemente tomar la bicicleta, sentarte en el sillín, tomar el manillar y comenzar a pedalear… es iniciar una aventura, el tomar el rumbo de vida en tus manos, es ir más allá del asiento y convertirte junto con tu bicicleta en un vehículo que transita más allá de las 4 dimensiones…

Es reencontrar la grandeza de tu pequeñez al descubrirte parte de algo que va más allá de tu intelecto, de tu corazón, de tu alma…

Presa de San Carlos, a la altura de la zona industrial de SLP Capital
Meditando sobre la cortina, huellas del pasado sobre el presente y mirando al futuro

 

Es hacerte uno con todo lo que te rodea, porque no eres solo “el ciclista”, eres por segundos, “el agricultor”, “el ganadero”, “el taxista”, “el que rueda a tu lado”, “la de la tiendita”, “el gato”, “la grulla”…

Es … es … mucho más

lo mismo pero no igual

Comprobado. Rodar en la montaña (y en el desierto, la estepa, la selva…) es mágico. Ruedas y ruedas por esa vereda, aquel sendero, a veces semana tras semana y encuentras alguna diferencia, un pequeño cambio que siempre te motiva a ir atento al máximo porque no te puedes confiar en conocer cada recodo del camino. Algo pudo haber pasado, una piedra rodante, una rama que se movió, un árbol caído, una grieta nueva o una que ahora esta borrada. Y más ahora que tenía casi el año de no rodar por estas ilustres rutas en mi bosque la Primevera…

Ahora sumado a los accidentes del terreno, habría que sumar un incremento en la manada humana, en bici, a pie, en carros… y eso que supuestamente había pandemia y había límites de acceso, je je.

Adentrándonos a la mosca, ruta emblemática en este bosque mágico. Aquí a lo lejos se ve a un colega con el que compartí unos minutos la ruta, antes de desviarme y seguir el sendero de “media mosca”, para llegar al “arbolito” luego de bajar por una vereda de “bajadita” que te hace olvidar cualquier problema que aún traigas desde la ciudad y te sumerge en lo que es disfrutar estar vivo y surcar nuevamente estos caminos.

 

Justamente pasando el 8 1/2, que para muchos es el inicio “oficial” de estar en el bosque. PAra muchos otros es simplemente terminar el calentamiento, luego de “subir” desde postes 3 kilómetros hacia una nueva aventura.
Un rincón de paz que no te podrías imaginar luego de ver a cientos de ciclistas y corredores, además de decenas de automóviles que estaban “subiendo” al bosque. Aquí, en la antesala de “vaca muerta”, saboreé unos minutos de silencio, de fresco iluminado por un sol tímido que iniciaba su camino al cenit.
Luego de la tendidita -que yo llamo la “del angel”-, que remata con un repecho que te lleva al umbral anaeróbico, esta esta zona de transición, que nos da dos opciones, seguir subiendo a “Torre 1” por el “espinazo del diablo” o, bajar por “curvitas” de regreso a “camino ancho”, hermoso!, simplemente hermoso paisaje, desde alcanzas a ver a la urbe allá a lo lejos…
Esa zona de transición entre “el ángel” y “espinazo del diablo”, hay un rincón, un exague espacio entre las ramas de los árboles que nos permiten espiar al volcán Tequila y el valle de Tala.
Esta vereda que conecta el final de “la mosca” a “toboganes” y “la glorieta” cambió, se edureció, se desenpolvó con esta abundante temporda de lluvia en estos lares. se lleno de yerba y flores que convierten este tramo de la ruta en un remanso ideal para tomar aire para las trepadas que se esconden en la arboleda que vemos enfrente.
Otra de las diferencias, son estas rampas que han ido apareciendo (checa bien, ahí está), de nuestros amigos downhilleros y endureros que se han enamorado de las veredas y también las hacen suyas, a su estilo.

Y aquí les dejo una estampa para tomar aire. Un momento que nos tienta a bajar de la bicicleta y “orillarnos a la orilla” para regarlarnos un momento para paladear el aroma de estas flores silvestres (me confirma que no tengo covid-19 je je), y extasiarme con el paisaje que me rodea. Dos pequeños valles divididos por esta vereda flanqueda por lienzos. Dos parcelas que aparentan también haber sido sembradas con maíz pero de manera silvestre, porque no se ven los maizales uniformes.

 

Un regalo de la vida, esto fue mi rodada sabatina, aprovechando mi visita por estas tierras tapatias.

¡Que dicha es rodar! Pareciera lo mismo, ¡pero nunca es igual!

caminos

Los caminos cada uno los va recorriendo. Es una falacia pensar que el destino, que dios o que Dios nos tiene un camino establecido. El universo es demasiado vasto para dedicarle a uno la atención o marcarnos una ruta hacia cualquier lugar. El universo es generoso y tan lleno de recursos que simplemente está ahí. Espera que cada uno de nosotros se mueva por sí mismo hacia donde crea que es mejor para cada quien.

Y si no, pues eso no le afecta al universo, al destino, a dios, a Dios, eso sólo le incumbe a cada uno. Pero es una simple tesis, ya a cada uno nos tocará comprobarlo, jeje…

Por lo pronto, aquí unas pocas tomas de los caminos que me han tocado recorrer…

A veces, los caminos están trazados pero aún así uno va sobre ellos y a la vez no. Somos y no somos a la vez. Nuestro ser está y no está. Nos desplazamos a través de dimensiones que aceptamos, percibimos pero a la vez no entendemos del todo. Lo vemos pero no lo podemos tocar.

Hay caminos que de repente se abren ante nosotros donde no pensábamos que pudiera haber alguno. Cuando vamos cruzando desiertos, estepas, lomas cubiertas de jardines sembrados de piedras, ovejas buscando agua o alguna raíz que mordisquear, vemos de imprevisto un camino lleno de verde, de fresca sombra. Lienzos de piedra y pinos que no deberían estar ahí.

Veredas ocultas al ojo despistado y hundido en el ajetreo diario, simplemente ahí, esperando a quien quiera descubrir algo que está más allá del estrés de lo usual, de lo “normal”.

Nos toca luego encontrar caminos francos, de esos que invitan a simplemente detenernos unos momentos, de saber que no hay prisa, que el tiempo en sí no existe, que la agenda no tiene una razón vital en nuestra existencia. Que no somos quienes siguen la manecilla o el pulso del cuarzo sino quienes hacemos que éstos tengan una razón de existir. Así, detén tu rila, déjala descansar, mira hacia adelante… el camino no se va… tú vas a él, tu lo recorrerás, tú serás su razón de ser.

Y al final, o será al principio? quizás sea a la mitad de tu recorrido, quizás ni sepas en que momento estás. Pero tendrás momentos en que no verás un camino, pero no porque no exista. Ahí está, sin pendiente, sin prisa, sin horario… está. Esperando, armándose quizás, preparando lo mejor para tí, porque siempre en nuestra vida hay un paso más, una huella que dejar, sea en el viento, en la tierra, en el agua o en el recuerdo de los que junto con nosotros, venimos a este hoy, a este punto de la historia a seguir por los caminos, cada quien el suyo, cada quien a su propio destino.

Ro

Cortina de agua

Estampas que a diario nos regala la naturaleza, en algún punto del planeta siempre hay una tormenta por llegar, una cortina de agua que se corre como en un teatro y nos deja una actuación sin igual.

Somos invitados a disfrutar cada una de estas tomas, no una cortina, no una tormenta, quizás un sol resplandeciente o un ventarrón aullador. Hoy pude deshacerme del “deber” y buscando hacer a un lado el estrés me encontré de pronto en el muelle de Chapala, viendo a una muralla de agua, que no pertenecía al lago, iba a nutrir al lago.Y bueno, para rematar. El camino de regreso, por veredas escondidas, me regala una última toma, al menos, para el público. Esta viendo hacia los cerros que escudan Ajijic…

Ro

 

 

 

 

Chapaleando

Afortunadamente la vida tiende a ser más un ser como un “stand up” (improvisando), que una obra de teatro (seguir un guión). Cada uno de nosotros tiene ese libre albedrío para ir moviendo el timón hacia un lado o hacía el otro. Claro, como humanos que somos, no tenemos el completo control de lo que nos sucede, pero tenemos la capacidad de adaptar los hechos y embonarlos a una o más soluciones, o no?

Se te descompone el carro en carretera y puedes sentarte a lamentarte o salir de él y buscar si repararlo, buscar grúa o buscar un hotel y darte vacaciones…

Pues bien, es por eso que ahora estamos “Chapaleando”, por que no tenemos un guión estricto que seguir y nuestra sesión de “stand up” nos trajo, de momento, para acá, así que hemos estado viviendo este rincón mexicano con un sabor entre místico y terrenal. Tan cerca de la gran metrópoli y a la vez, tan alejado y separado. Protegido por una pequeña sierra que parece escudarlo del bullicio y la contaminación, en todos sus sentidos. Con el sonido de los pájaros y el lago y de los camiones que recorren la ribera trayendo y llevando a los jornaleros y jornaleras de y hacia Jocotepec, San Juan Cosalá, Ajijic…

He podido ver este gran lago que pinta infinitas postales a cada día. Aquí por ahora, les dejo tres.

Aquí posando con las lanchas en el malecón de Chapala, a la espera del visitante valiente que desafía el confinamiento (por cierto, que parece no existir por estos lares…)

En la siguiente toma… mirando hacia el otro lado desde el mismo malecón, una lancha pescadora, un poco de lirio, y un sol que busca espantarse las nubes para mirar…

 

 

 

 

 

 

Y aquí abajo, sigilosa, mi baika “detrás” del árbol, para no espantar a la grulla que paseaba en la orilla… aprovechamos la toma para recuperar el aire, luego de venir desde “Joco”.

 

 

 

 

 

Seguiremos descubriendo lo que este lago y sus poblados tienen para que descubramos, aprovechando que andamos por aquí…

Ro

Buenos dias

Puedo asegurar que los días inician con una energía diferente cuando el sol te alcanza mientras ruedas. O al revés, cuando uno rodando se le adelanta al sol y le espera en algún sendero, en la calle, en el cerro o en el desierto al momento de arrancar su elíptico camino por la bóveda celeste.

Una mañana como otras, asomándonos al sur de la perla tapatía… trepando la madre que nos vió a muchos iniciarnos en este mundo… Bugambilias.

Una pausa mientras rodábamos la “media mosca”, en nuestro Bosque la Primavera, coincidiendo con los primeros rayos de sol que empezaban a bailar entre los árboles, recuerdo el susurro de algunas aves escondidas en las ramas que empezaban a llamar a sus vecinas para lanzarse al desayuno… y el Roberrr y yo, agarramos vereda para seguir la ruta y luego ir al desayuno también, en la cafetería de la oficina…

Otro amanecer, hace algunos ayeres con unos viejos grandes amigos, en un paraje ni cerca ni lejos de la perla tapatía, otro bosque, la misma energía, el mismo sol que nos encontraba al arranque de una ruta sabrosa, la conocida “Perrona”, en los alrededores de Atemajac de Brizuela en la sierra de Tapalpa. Disfrutando de la brisa y el aroma de leña que calentaba el café de alguna casa cercana. Con frijolito suficiente para motivar un arranque con energía e impulso por deshojar recuerdos e hilar muchos nuevos.

Aquí un épico amanecer, una de las rodadas épicas, en San Sebastían del Oeste, por arrancar la segunda etapa de un Vallartazo, con 2 emblemas… el Charly “comegalletas”, y el genial “Ricky Mountain”, saludando a la vida, saludando al equipo y al sol que se apresuraba a alcanzarnos para mostrarnos el camino a Puerto Vallarta, unas 4 o 5 horas después.

Otro amanecer, otro grupo de ciclistas, otro terruño, más al norte, acercándonos al altiplano potosino, ya el sol un poco arriba, pero igual concediendo un poco de fresco detrás de un nublado persistente… saliendo de Hacienda Coronado, otra ruta, el mismo espíritu, la misma gran camaradería y hermandad unidos en una ruta difícil de igualar, la etapa 2 de 3, rumbo a Real de Catorce.

Aquí otro amanecer, en los alrededores de Cerro de San Pedro y monte Caldera, los Lizzards, lanzándose con todo por la bajada, aprovechando que el sol aún esta medio lagañoso y medio dormido detrás de la cobija de nubes que se levanta de la sierra de Alvarez.

Y dejemos por ahora hasta aquí los amaneceres, con esta útlima estampa tomada desde el extremo oeste del Lago de Chapala, justo unos minutos después del amanecer, luego de una rodada cadenciosa recorriendo su ribera, para encontrarnos con un nuevo día y poder descubrir que cada uno, es un mágico reinicio de la vida, una nueva oportunidad para seguir construyendo nuestra felicidad, día a día, rodada a rodada.

Buenos días!!!

Ro

Mezcala

Un pueblo jalisciense con raíces mucho más profundas que el estado mismo. Ya estaba aquí antes que los españoles supieran navegar, y sus primeros habitantes seguramente competían con osos y leones gigantes, se nutrían con mastodontes y mamuts y compartían un hermoso lago, que quizás se extendía mucho más allá de sus fronteras actuales. Y hace unos días tuve oportunidad de conocerlo, de rodar de por la ribera del lago de Chapala y presentarme por mi mismo ante este pequeño pueblo, antes pesquero y con hoy se debate en encontrar su vocación nuevamente.

Espero que la encuentre pronto porque es un sitio que transpira misticismo y herencia. Tiene fuerza dormida y una belleza que se esconde en el olvido de su misma gente y la envidia de sus vecinos.

Llegar  y volver, es una aventura que me hizo viajar en el tiempo, había un silencio que se dejaba escuchar. Humildad que invitaba al asombro. Y en donde el mismo lago parecía cobrar mayor fuerza.

Parajes que invitan a volver. El susurro del agua, el cruzar del viento y el murmullo de mi bicicleta a través de veredas, caminos y carretera.

Redescubriendo Chapala

Por situaciones de la vida, por circunstancias familiares, por azares del destino, porque es 2020, me ha tocado estar en la ribera del mar Chapálico unos días. No importa cuántos van ni cuántos faltan. Aquí estamos y mientras así sea hay que estar al cien por cien.

Y bueno, hubo oportunidad de traer la baika y aquí nos acompaña en la aventura. Así que bueno a desquitar un poco y aprovechar cuando se pueda. Así que hemos descubierto que han terminado la ciclovía que recorre de Chapala hacia Jocotoepec… la he recorrido hasta Ajijic y esta verdaderamente muy bien hecha. No se si los planeadores tapatíos deberían de venir y tomar ideas en lugar de sumirse en la politica y grilla para realmente armar lo que necesita una ciudad como Guadalajara, que se sume cada vez más en automotores, rutas impersonales, y gente que pelea huesos de hule.

En fin, dejo la política y mejor les comparto unas cuantas tomas de algunos rincones que encontré en estos lares que me han hecho redescubrir los pueblos de la laguna y que me hacen descubrir que el lago de Chapala es aún más grande lo que yo creía.

Cerca de la cima de la antena San Antonio Tlayacapan…
Gran vista hacia el lago, abajo, parte de San Antonio Tlayacapan, mientras yo recobro el aliento…
Luego, una bajada escondida, entre túneles de arbustos y árboles que me bajan a un rincón escondido…
Parecía un estanque pequeño…
Resultó ser una pequeña presa con agua cristalina y parvadas de pájaros que se escondían a mi vista pero aturdían mis oídos…
Y luego, otra subida marca “chamuco”, de esas que al final pagan con creces… alcanzaba mi vista hasta la sierra de Tapalpa!!!

Rodar no es de solo uno

Rodar no es cosa de uno sólo. Y no hablo de rodar en solitario o en grupo. Hay para todos y esa es una de las magias del ciclismo. Todos cabemos. Los que gustan de rodar en solitario, los que gustan de rodar en grupo. La bicicleta da para todos y entiende los momentos de cada uno.

Ya comentaba el otro día con Pepe, que los grupos tienen momentos, tienen etapas, por lo mismo de que están formados por seres humanos, son entes dinámicos y simplemente hay que estar atentos y aprender la dinámica… o más que aprender aceptar.

Es bueno cuando vamos varios compartiendo una ruta, cuando vamos compartiendo o creando anécdotas.

Es bueno cuando nos escuchamos a nosotros mismos y salimos a la aventura de descubrir un senderos o indagar si esa vereda del otro día nos lleva a donde creíamos.

Es bueno ir a la par del grupo, jalando o alcanzando, es bueno cuando nos marcamos nuestro propio ritmo y sin más nos detenemos sin necesidad de esperar o que nos esperen a tomar una bocanada de aire o aspirar un paisaje a través de nuestros ojos.

Pero bueno, empecé con esto de que rodar no es de uno solamente, y me refería a que nuestra coprotagonista, usualmente silenciosa es nuestra bici, la baika, estimada rila… Y me acordé de eso hace unos días cuando por la ruta me tocó a mí cargarla, para sortear una bajada de rocas y luego trepar una pared que no eran posible rodar. Y me sentí bien, nos reímos juntos, mi bici y yo, nos platicamos y compartimos también la anécdota… “ya te tocaba” me dijo “Pues sí unas por otras no?” le contesté… y luego de bajar las rocas nos sentamos unos minutos a disfrutar la vista…

un minúsculo valle que se abría hacia el este, nos llevaría hacia la zona industrial de SLP, pero por lo pronto estábamos ahí a mitad de una vereda semi-escondida, entre la planicie de la cañada del Lobo y la presa de San Antonio, sin mucho ruido humano, al pie de la sierra de San Miguelito, yo estirando brazos, ella palpando con sus tacos la tierra seca.

“Listo?” me dijo, “allez pues, si tu lo estás yo también” tomamos posición, trepé al sillín, nos dejamos llevar por el impulso de la bajada y ya me pareció oírla de nuevo “zooooom, agárrate”… y empecé a pedalear. A seguir rodando, juntos, continuando la aventura.

Ro

Pie a tierra

Aprovechando el momento que vivimos, o como dijera el jesuita: “estar atentos a los signos de los tiempos”, hoy me siento aquí enfrente de mi papiro digital para comentar una parte del ciclismo que a veces no valoramos y que es una parte intrínseca de nuestro rodar.

Poner “pie a tierra”, puede ser cansancio, puede ser precaución o capaz que hasta simple intuición, pero detenernos en algún momento en alguna rodada, es un hecho que hemos de valorar, apreciar, entender.

Puede ser en el bosque, como cuando íbamos subiendo a Torre 2. En el bosque la Primavera, cuando la temporada de lluvias empezaba y las piedras habían salido a bailar cuando las sorprendió el día y se convirtieron en micro topes en nuestro andar. En plena trepada luego de ya otras 2 trepadas, en donde tenemos unos 12% de inclinación. Si, fue necesario el “pie a tierra”.

Puede ser en el semi-desierto potosino, en las afueras de la capital. Una ruta “tranquila”, con las piedras sueltas de siempre y las omnipresentes espinas que en ocasiones ni perdonan a las llantas tubeless. Recuerdo que también sirvió para que uno de nuestros compas de rodada terminara de recuperarse de una caída de costado, que ya había ameritado un dolac para el dolor de las costillas que en ese momento, para nada que eran “falsas”

Puede ser también en medio de un bosque tropical. Cruzando un “arroyo crecido” que se ha convertido en río y a pesar de lo que pienses, se convierte en una delicia para los fatigados ciclistas que apenas vamos a la mitad de la jornada, cruzando la sierra occidental, entre pinos, sauces, encinos, mosquitos, aguilillas, lodo y escarpados pasos de cabra.

En cada caso descubrimos que no estamos detenidos, estamos retomando fuerzas, descubriendo lo bello que es estar en medio de un entorno que nos impulsa a ser lo mejor que podemos ser, a sacar fuerzas de donde no sabíamos que teníamos, a compartir lo que descubrimos y apoyar al grupo si es que vamos con alguien, o apoyarnos a nosotros mismos si nos toca ese “pie a tierra” en solitario.

Así en estos tiempos, de “contención”, en el que parece que estamos detenidos. Da una segunda vista y descubre que el ciclista que eres, esta presente. Esta viendo alrededor, esta descubriendo con lo que cuenta, agradeciendo lo que tiene y lo rodado y preparándose a continuar la ruta. Por lo que en unos días, unas semanas, en algún tiempo, nos veremos de nuevo compas, en la ruta, en la montaña, en el desierto, en la selva… no importa mientras sea sobre nuestras leales alumínicas…

a rodar!