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Rodadas de verano

Llega el verano al occidente, y finalmente nos vemos un poco aliviados del exceso de calor con las aspirinas en forma de lluvia y tormentas que tanto odia la gente, sin entender que son lo que mantiene la posibilidad de poder siguiendo vivir aquí.
Las inundaciones y los destrozos, los árboles caídos no los trae la lluvia, sino una pésima administración de los recursos, una estúpida planeación y una apatía galopante en la mayoría de la gente que habita esta otrora perla de occidente…

En fin, no estamos aquí para hablar con los sordos mentales, esos ya tienen con sus mañaneras. Vamos a rodar, que es nuestro aliciente para seguir adelante, es el alimento de nuestro optimismo por una situación mejor ya no para nosotros, sino para los que se quedan después de que nos vayamos…

Y cómo no ponerse de buenas, si simplemente tomar la bicicleta y rodar un poco es ya darnos una sonrisa a nosotros mismos.


Nos llevamos por estos caminos, a veces simples veredas, a veces un “sendero”construido para tal efecto, de movernos a través de los cañaverales que unen las varias sierras de Quila, de la Primavera, de Tequila. Donde el azul del cielo, se deja acariciar por el verde de los campos, y esta senda roja, nos llena de la magia del verano que transcurre entre sol y nubes.

Fue tan mágico que ya cuando nos sentimos cansados fue que descubrimos que llevábamos casi 80 kms recorridos…

Y más de la magia del verano, es ver como a pesar de lo que hacemos, la vida se sigue abriendo paso y los terrenos perdidos. No pasaron más de dos semanas cuando ya rodando por las veredas de mi bosque la Primavera, puedo ver el renacer de los árboles, los pastos, la tierra empieza a reverdecer. No se tiene que esperar a que una comisión sobrevalorada arme algún decreto o que un anciano decrépito tenga la ocurrencia de decir “que va a caminar por la tierra para que florezca”… La vida no espera al hombre ni a la mujer. La vida se da sin esperar. Y es nuestra decisión tomar nuestra humanidad y transportarnos a ella, y que mejor si vamos rodando nuestra bicicleta.

Lo mejor es que apenas vamos a la mitad de esta temporada, y aún podemos aprovechar de pintar nuestra vista con los colores de esta época del año… no son más ni menos que los colores del otoño, del invierno o la primavera, son los que tenemos hoy y por eso vale. porque mañana no es un hecho, es una simple promesa… así que mientras el corazón late, que la rueda siga rodando!

Tocando el lago de Chapala…
Disfrutando el fresco del bosque
Con los colegas y amigos, compartiendo la ruta
Y pues no queda más que seguir rodando…

 

 

 

 

 

 

Ro

Cortina de agua

Estampas que a diario nos regala la naturaleza, en algún punto del planeta siempre hay una tormenta por llegar, una cortina de agua que se corre como en un teatro y nos deja una actuación sin igual.

Somos invitados a disfrutar cada una de estas tomas, no una cortina, no una tormenta, quizás un sol resplandeciente o un ventarrón aullador. Hoy pude deshacerme del “deber” y buscando hacer a un lado el estrés me encontré de pronto en el muelle de Chapala, viendo a una muralla de agua, que no pertenecía al lago, iba a nutrir al lago.Y bueno, para rematar. El camino de regreso, por veredas escondidas, me regala una última toma, al menos, para el público. Esta viendo hacia los cerros que escudan Ajijic…

Ro

 

 

 

 

Chapaleando

Afortunadamente la vida tiende a ser más un ser como un “stand up” (improvisando), que una obra de teatro (seguir un guión). Cada uno de nosotros tiene ese libre albedrío para ir moviendo el timón hacia un lado o hacía el otro. Claro, como humanos que somos, no tenemos el completo control de lo que nos sucede, pero tenemos la capacidad de adaptar los hechos y embonarlos a una o más soluciones, o no?

Se te descompone el carro en carretera y puedes sentarte a lamentarte o salir de él y buscar si repararlo, buscar grúa o buscar un hotel y darte vacaciones…

Pues bien, es por eso que ahora estamos “Chapaleando”, por que no tenemos un guión estricto que seguir y nuestra sesión de “stand up” nos trajo, de momento, para acá, así que hemos estado viviendo este rincón mexicano con un sabor entre místico y terrenal. Tan cerca de la gran metrópoli y a la vez, tan alejado y separado. Protegido por una pequeña sierra que parece escudarlo del bullicio y la contaminación, en todos sus sentidos. Con el sonido de los pájaros y el lago y de los camiones que recorren la ribera trayendo y llevando a los jornaleros y jornaleras de y hacia Jocotepec, San Juan Cosalá, Ajijic…

He podido ver este gran lago que pinta infinitas postales a cada día. Aquí por ahora, les dejo tres.

Aquí posando con las lanchas en el malecón de Chapala, a la espera del visitante valiente que desafía el confinamiento (por cierto, que parece no existir por estos lares…)

En la siguiente toma… mirando hacia el otro lado desde el mismo malecón, una lancha pescadora, un poco de lirio, y un sol que busca espantarse las nubes para mirar…

 

 

 

 

 

 

Y aquí abajo, sigilosa, mi baika “detrás” del árbol, para no espantar a la grulla que paseaba en la orilla… aprovechamos la toma para recuperar el aire, luego de venir desde “Joco”.

 

 

 

 

 

Seguiremos descubriendo lo que este lago y sus poblados tienen para que descubramos, aprovechando que andamos por aquí…

Ro