24 Sep

Entre pinos y piedras

Pinos verdes luchando por crecer en las laderas áridas de estos montes. Me deslumbra la belleza en los colores que se destacan cubriendo estos parajes. Me emociono casi hasta las lágrimas al descubrir lo afortunado que soy en esta ocasión por rodar en estas veredas. No me importa el esfuerzo, los senderos difíciles de domar, entre tanta piedra suelta, tramos de roca viva, escalones. Con gusto ofrezco mi sudor al saber que soy de los pocos que estamos rodando esta ruta.

Que bello es este planeta, que dicha tener estos rincones de naturaleza todavía. Nos muestran como deberíamos comportarnos con nuestra casera, con humildad y agradecimiento.

En cierto punto de la rodada, luego de una subida “tendidita”, de esas que no ves su fin y que te llegan a exasperar, por no ver cuando acaba, que me encontré de pronto ante la postal que enmarca esta reseña. Acompañado de un par de mis amigos de los Lizzards, como usualmente en estas rodadas, acompañándonos con otros ciclistas que aunque no sean del mismo grupo compartimos la ruta algunos kilómetros. Aquí no hay barreras entre grupos, entre equipos… así lo veo yo y así lo vivo yo.

Ahí abajo se asoma una presa, la lucha incansable del hombre por sobrevivir ante condiciones extremas. El trazado surgió no por las bicis, seguramente de vacas o cabras ya lo cruzaban desde hace muchos años. Que bien que algunos locos ciclistas como nosotros, se les ocurrió explorar por acá y ahora han compartido sus dichas y hoy nos toca descubrir y disfrutar estas líneas terrosas.

Creo que esta es una gran toma ejemplificando lo que es el ciclismo de montaña, amplitud, el esfuerzo, la belleza, montañas, planicies, paisajes, tierra, árboles, arbustos, agua, nubes, valles, sierras, la vereda, los pinos, los espinos, las cactáceas, majestuosidad del horizonte, la belleza de los pequeños detalles y ahí como parte del todo, el ciclista, sin ser más ni menos, adaptándose al camino, y hablando por mí, con la humildad de ir cruzando sin aspavientos, con los movimientos precisos, con la energía y la concentración, ni más ni menos. Con la gratitud  ante esa majestuosa vastedad y que se nos permita cruzar por este paraje.

Que mejor sería el mundo si este espíritu del ciclista fuera más un estilo de vida que una moda no?

Gracias Ernesto por ser el modelo en esta toma. Saludos!

Ro

9 Jun

Silencio

Subo las colinas que bordean la ciudad, ahora más cubiertas de pavimento que de tierra, pero le encuentro el modo a las trepadas urbanas y a los toboganes asfaltados. Tomo rumbo por la carretera a Guadalajara, subiendo por el acotamiento y con San Luis Potosí capital a mis espaldas. Luego de un par de kilómetros remato una colina domada y entro en el poblado de Mesa de Conejos.

Voy cruzando por la calle principal de no más de 10 cuadras y sigo escuchando los carros que van por la carretera, los que van saliendo de la Mesa y las voces de las gentes que van saliendo de sus casas y empiezan a montar los puestos para el tianguis dominical.

 

Dejo atrás el caserío y paso a un lado del camposanto del pueblo, el entorno parece guardar respeto y las voces y los ronroneos urbanos parecen acallar su ruido. Sigo por la vereda que se aleja del pueblo, apenas se puede distinguir a ras de tierra la vereda. Poco se diferencia el camino terroso de las faldas de la colina que voy subiendo, el mismo tono, ese color marmóreo y pardo claro, sólo se distingue la vereda por tener unas pocas menos de piedras sobre sí. Y yo simplemente sigo subiendo hacia la sierra, seguido por un sol que empieza a despertarse realmente, descobijándose la neblina pre-veraniega y siendo mis testigos únicamente las piedras, la tierra y una que otra cactácea.

 

Sorteando una curva, dejo atrás la vista a la ciudad y sus pueblos aledaños y me quedo pasmado ante la silueta de la sierra que veo levantándose más allá, delante, todavía un poco lejos. Primero veo la vereda pedregosa que ahora baja y me empuja con la fuerza de la gravedad hacia un valle alargado en donde sólo se ve la silueta de una vieja casucha y un pequeño sembradío mantenido muy a fuerza.

Es ahí cuando mi espíritu ya pasmado, queda abrumado. Descubro el poder de una voz que no escucho a diario. Pareciera un brinco en mi conciencia. Escucho tan fuerte y firme al mismo silencio que detengo mi pedaleo. Lo rodea todo, lo llena todo y hace que mis ojos se abran, mis pupilas se dilaten seguramente, mis oídos vibran, mi garganta parece cerrarse y puedo percibir la más leve brisa en toda la piel.

Todo cobra una intensidad difícil de describir, la luz, el calor, el viento. Ahora detenido, no se cuánto tiempo, veo que estoy parado en una curva casi en “U” y hago mi propia toma “panorámica” de este paraje que es entre un valle y una cañada, escondido en las montañas en el extremo nor-occidental de la Sierra. No hay sonidos, no hay ruido, no hay susurros. Cierro mis ojos y me veo a mi mismo rodeado de estas cimas en lo corto y picos montañosos más a lo lejos, el sol cayendo a plomo, unas pocas vacas allá abajo, pero no hay ruido, no hay sonidos…

Abro de nuevo mis ojos y veo a lo lejos el libramiento poniente de San Luis Potosí y veo pequeños punto de color moviéndose, son autos, y otros más como tubitos, que son camiones o trailers… pero sus sonidos no me llegan. Regreso mi vista a la Sierra, las cimas y picos que rodean esta ruta, la vereda que serpentea hacia abajo, se bifurca y se pierde a lo lejos en una cañada a mi derecha, y en un paso de colinas a mi izquierda, flanqueado por un hilillo de agua que viene de un poco más allá…

De nuevo un sonido, el conocido “clap” de cuando engrapo mi pie derecho al pedal, y este deja su lugar al sonido de ruedas rozando las piedras que como alfombra recubren el camino, voy sintiendo el viento acariciando mis manos, mis piernas, mi rostro. El susurro vuelve a apagarse, el sonido se retrae, el silencio va cubriéndome de nuevo, a pesar de que voy rodando, me va acompañando y se convierte hoy en un colega más rodando a mi lado, creo que de vez en vez, al silencio también le gusta rodar…

alle!

27 Mar

Interclubes by Lizzards

Domingo, 24 de marzo de 2019. La cita: 7:30am en Portezuelo, al oriente de San Luis Potosí, capital. Uno, cinco, diez, cuarenta, noventa, más de cien ciclistas… presente!

Bajo un espeso banco de niebla, alrededor de un centenar de ciclistas nos fuimos abriendo paso por las calles aún silenciosas de Portezuelo (ya vio don Ruben, empezamos con su sugerencia…)

Que sensación de júbilo es ser parte de la organización que convocó a más de un centenar de colegas ciclistas de montaña en domingo, antes de las 8:00am de la mañana. Desde niños, niñas, jóvenes adolescentes y otros no tan jóvenes, pero aún adolescentes. También habíamos los “adultos contemporáneos”, los experimentados seniors y alguno que otro al que no se le distinguía la edad.

 

Cuarta edición de la rodada “interclubes”.  Ahora correspondió a los Lizzards ser los organizadores y anfitriones de este loable evento lleno de la buena vibra de docenas de ciclistas que me recuerdan la esencia de esta actividad que es  más que un deporte, esto es también una forma de ver la vida, un estilo para vivirla al máximo!

Esta rodada no empezó el domingo, creo que arrancó hace algunos meses, cuando Toño y Ruben coincidieron con otros “voceros” de otros grupos y dieron a luz a esta idea de reunir a los ciclistas de montaña en San Luis Potosí y compartir rutas entre los grupos. Y luego, hace unas semanas cuando algunos Lizzards nos dimos a la tarea de definir la ruta que compartiríamos y dirigiríamos. Se trataba de basarnos en una ruta “emblema” de Lizzards, así que por fuerza sería una que nos llevara a La Morena. La ruta se definió modificando sólo un poco la ruta, para resumir algunas subidas muy empinadas y una que otra bajada técnica. No se trató de renunciar a algún tramo, sino de ofrecer el mejor camino para TODOS. Porque así es el ciclismo de montaña, inclusivo, apoyo entre todos. Hay competencias, si, siempre las hay. Pero es en estas rodadas en donde hasta los más aguerridos saben recordar lo que es fundamental cuando rodamos en la montaña. Rodamos para disfrutar y aprender a compartir con la misma tierra, con el bosque y el desierto, con el sol y las nubes, con nuestro sudor y la voz de apoyo del amigo o amiga; la dicha de estar vivos y poder compartirlo con otros. Hemos aprendido a estar ahí por si se ofrece, dar ayuda y ofrecer nuestra experiencia para que todos vayamos mejorando y aprendiendo, porque acuérdense, ya nos ha tocado también pedir ayuda y que alguien pase diciendo: “Todo bien?” – y se detenga para ofrecer su ayuda.

Es así como esta hermandad fue fluyendo en la ruta, y fuimos compartiendo unos con otros, alguna palabra, algún consejo, las herramientas, si se ofrecía. Y sobre todo el gusto Lizzards de compartir esta ruta que ya no será exclusiva (nunca lo fue) de nosotros, uno que otro la conoció por primera vez y quizás la haga también suya.

Llenamos de color el llano. El valle de la Cuesta, generalmente terroso y solo con destellos verdes, se vio envuelto en un arcoiris de jerseys y bicicletas que daban la impresión de gritar a todo color.

Levantamos polvo, tan sólo para que una vez pasado el último éste se volviera a asentar y nuevamente el silencio se adueñara del camino, dejando simplemente la huella de decenas de bicicletas como marca en la comarca.

Compartimos el tentenpie en La Morena, ese villorrio que nos ve pasar muy seguido y nos hidrata con un refresco o una cerveza de vez en vez. Por unos minutos se convirtió en el polo del MTB en la zona centro de San Luis Potosí y más de algún poblador se asomaba asombrado al ver que la población se había multiplicado quizás al doble de la habitual. Pero lo mejor fue sentir la camarería en la calle principal de la Morena. Si bien se distinguían los diferentes grupos de ciclistas, no era extraño ver como de uno a otro iban ciclistas para saludar a los colegas de otra “tribu” ciclista. Eso es también parte del espíritu del MTB, somos muchos, diferentes quizás pero unidos por el mismo espíritu. Alimentados por los mismos gustos y ánimos de rodar, de compartir, de apoyar, de estar!

Muchos descubrimos nuevos pasos, otros las volvimos a conocer la ruta. Unos encontramos a viejos amigos, no vistos hace tiempo, otros renovamos la amistad y otros fortalecimos los lazos con su propio grupo. Alguno aprendió un nuevo tip para rodar; otro lo ofreció sin chistar.

Fuimos abriendo paso en la neblina tempranera, soportamos con buen ánimo el sol que se portó amable aún al estar pleno sobre nosotros, acompañándonos desde su palco. Sorteamos un primer tramo de pavimento, subiendo y bajando columpios, superamos la arena suelta, como fuera, pero la superamos. Tomamos velocidad cuando el camino no regalaba una bajadilla y pagamos el esfuerzo para subir alguna cuesta.

Practicamos la paciencia en el tramo estrecho donde uno que otro se animó a bajar los escalones dándonos certeza de que en algún momento, si así queremos podemos lograrlo también otros.

Y lo mejor al final de la rodada creo que vi una sonrisa en los ciclistas de los que pude despedirme. Unos conocidos, otros no. Sin importar el color de su jersey o el tipo o marca de su bicicleta, todos fuimos uno durante unas horas, ciclistas de montaña, unidos por el simple y gran gusto de rodar!

Aquí casi todo el equipo!!! otros estaban haciendo migas con otros grupos…

El narrador

5 Mar

Cuarenta y ocho

Hay que arrebatarnos unos minutos a nosotros mismos. Nos dejamos llevar muy fácilmente por las prisas de cada día. Los pendientes y deberes del diario se adueñan de cada uno de nuestros minutos, y ahora, rodeados de gadgets según esto creados para “hacernos la vida más fácil”, nos vemos sumergidos en sus garras que nos quitan los pocos segundos que podríamos dedicar a nosotros mismos.

Por eso hoy, luego de un par de semana de haber inaugurado una nueva vuelta a nuestro sol y haberme regalado mi gran rodada cumpleañera, me dedico no un minuto sino lo que de para agradecer, ofrecer y honrar cada uno de mis cuarenta y ocho años en esta vida…

  1. Rodar no resuelve la vida pero te ayuda a aprender a vivirla con más intensidad.
  2. Rodar es una manera para resignificar muchos de tus momentos vividos.
  3. Rodar te permite conocerte más y de veras hacerte tu amigo.
  4. Rodar te acerca más a tu ser humano
  5. Rodar puede regalarte la oportunidad de encontrar grandes amigos de ruta para tu vida
  6. Rodar es una manera fácil de hacer frente a difíciles problemas.
  7. Rodar hace que tu cuerpo mejore a medida que superar cada subida
  8. Rodar crea una barrera protectora contra la desidia y el aburrimiento
  9. Rodar facilita descubrir que eres más fuerte de lo que creías al iniciar tu rodada
  10. Rodar te regala una sonrisa al saludar a cada hermano ciclista que te topas en el camino
  11. Rodar te eleva para valorar la humildad de compartir una ruta y tu vida
  12. Rodar descubre en ti cualidades para admirar a los demás
  13. Rodar es una llave para saber más sobre cómo vivir mejor
  14. Rodar acerca a los amigos lejanos
  15. Rodar lleva consigo el secreto de vivir joven sin importar los años rodados
  16. Rodar alimenta las amistades
  17. Rodar fortalece tu amor por la naturaleza y te hace creer en el ser humano
  18. Rodar enseña que estamos de paso y lo mejor es dejar buenas rutas para los que nos siguen
  19. Rodar silencia las críticas que hasta tu mismo te haces mostrando lo mejor de cada uno
  20. Rodar grita a la vida que se puede ser mejor sin menospreciar a los demás
  21. Rodar es un susurro del viento en una ventisca, es una gota en una tormenta
  22. Rodar viene en grupos, en parejas y en solitario, es para todos y para uno.
  23. Rodar disminuye el riesgo de sufrir de auto-compasión
  24. Rodar toma lo mejor de ti y lo hace brillar para los demás
  25. Rodar suma amistades y resta preocupaciones
  26. Rodar llena mis pulmones de vida y da vida a mis sueños
  27. Rodar me ofrece una razón para disfrutar un domingo o día de asueto desde antes de amanecer
  28. Rodar incita a buscar ser mejor cada día en cada lugar
  29. Rodar otorga triunfos del espíritu cada vez que sonríes para ti, diciendo: lo logré!
  30. Rodar te permite valorar tu vida, para que en la vida valores rodar
  31. Rodar te hace ver que una caída no es un fracaso, es otro camino de llegar aprender
  32. Rodar agrega a tu vida algo llamado aventura y te lleva más allá de donde pensabas llegar
  33. Rodar le da sentido a lo que dijo Robin Williams: Carpem diem!
  34. Rodar cubre tu piel con raspones y arañazos que luego son tus trofeos y triunfos
  35. Rodar hace que veas lo mejor de los demás y más aún, que tu eres uno de los demás
  36. Rodar ilumina las noches con historias, risas y recuerdos junto con los compas ciclistas
  37. Rodar es aprender que la humildad te hace llegar más lejos en la ruta
  38. Rodar es acercarte al lado más olvidado de la sociedad… el lado humano
  39. Rodar invita a comvertirte en un pirata que no esconde un tesoro sino que lo quiere compartir
  40. Rodar es un logro en sí mismo, para regalarlo a los demás
  41. Rodar es compartir algo más que agua en el camino, tu vida en la travesía
  42. Rodar infunde respeto por el otro y orgullo por ser sincero con el camino
  43. Rodar genera responsabilidad por ser mejor arriba y abajo del sillín
  44. Rodar convierte tu cansancio en combustible para llegar a la cima
  45. Rodar te lleva a querer esas partes oscuras de tí para hacerlas brillar a su vez
  46. Rodar inventa nuevas maneras de alimentar tu espíritu y dejarte rodar más allá
  47. Rodar te hace crear sueños y te impulsa a lograrlos
  48. Rodar es Rodar!!!

 

Y tu en cuál vas? o con cuál te identificas más?

Ro

6 Feb

Santa Genoveva Batman!

Listos. Carros apagados y en modo “Ahí nos esperan, va?” Y ya los dieci-tantos preparando cada cual a su propio córcel de aluminio… bueno, creo que por ahí hay uno que otro carbonífero… pero al final, todos córceles…

Vaya que me gustan las rutas trepadoras, rima con retadoras. Y vaya que esta ruta lo es. Y eso que sólo “exploramos” la versión de 30kms del maratón. Hay otra que es agregarle unos 20kms más, pero bueno… sólo rodamos esos 30kms que bien valieron la pena. Aquí enseguida pueden ver el trazo que quedó para la posteridad digital en Strava:

Esta es la altímetria:

Esa primera trepada que viene luego de cuatro kilómetros que te van emocionando es cortante, tajante. Es altiva cual una María Félix en su esplendor. Fue el primer jalón tipo acordeón para el grupo, de ir todos en formación serpiente al salir de la comunidad donde dejamos los autos, nos convertimos en un hilo que se extendió a lo largo de los tres kilómetros de la trepada. Si bien pudieran pensar que no es tanto como en Xicote, en bosque la Primavera, el Vallartazo, Real de Catorce, he aprendido a dejar de comparar parajes y rutas… cada sitio tiene lo suyo. Y Cerro Prieto-Santa Genoveva no es la excepción.

Arrancas con el vuelo de un par de columpios y te vas dando cuenta como el velocímetro va disminuyendo el dígito hasta comprobar que ya tienes calor, que el jadeo de tu respiración no es por el viento sino por el esfuerzo. Luego sin menguar la inclinación de la subida, sumas el empedrado. Pudiera parecer ayuda, pero descubres que cada pedaleada es la batalla contra un mini-tope, un micro-escalón. Al menos yo, no veo manera de tomar cadencia en la trepada y esto me va desgastando.

Es entonces cuando hago uso de la excusa, o mejor dicho, el argumento 12.5… me detengo para quitarme la chamarra (y si, recobrar el aliento). Luego de un par de minutos, se me unen en el argumento Luis “Porras” y el Toño y nos detenemos un poco para “quitarnos la chamarra”. Me siento con fuerza y reanudo la subida. Y a los pocos minutos pie tierra de nuevo, no hay excusa, simplemente yo siento que el empedrado esta aún más rugoso y prefiero seguir caminando. Hasta que mi orgullo se alza cual neblina en la mañana, y me monto de nuevo en mi baika y retomando fuerzas de mi reserva, logro culminar la trepada, con foto y todo, jeje.

Ahí nos esperamos un rato porque hubo otros que necesitaron más tiempo para sortear la subida y aparte la bicicleta de Harel sufrió un desperfecto que ameritó la solución “cincho” (en otro post la explicaremos). Pero bueno, baste decir que esto obliga a dejar a un lado los cambio por una falla en el chicote del desviador trasero.

En fin, creo que estuvimos en la cima no menos de 20 minutos, lo que nos dió oportunidad de tomar algunas fotos que no se si le hacen honor a la magnitud de la vista, yo creo que para algunos lados eran no menos de 100 kilómetros de vista que podíamos alzanzar a vislumbrar… seguramente esta meseta funcionó como una Masada para los antiguos nativos de estas tierras.

Una vez que reiniciamos la rodada nos tocó una bajada de regalo. Pero de cuidado también, Así como hubo pendiente al subir, tuvimos una bajada llena de adrenalina y derrapes, más de alguno sintió que se iba… pero de largo hacia una pendiente sin camino si no se tenía precaución. Esto hasta llegar a una primera desviación justo a un lado de la presa Santa Genoveva. Este es un rincón de esos que no se documentan en las rutas turísticas pero que no le piden nada a ninguna. Es un paraje escondido que no descubres hasta que no estas bordeándola. En este paisaje árido, como lo ven en las tomas de arriba se combinan con pinos chaparros, cañadas cubiertas de arbustos junto a cactáceas y tierra seca que se enmarcan con la vista de la presa.

Aquí ya después del “downhill”, se ve leve, pero al fondo esta la meseta, a la que por el otro lado trepamos… aquí se separaron Harim y Harel, por falla mecánica.

De aquí hay que seguir pagando el paseo, vienen una serie de columpios que se ven dominados por subidas, unas de ellas francas subidas pero otras de esos “falsos planos” que hacen que el sudor no deje de fluir. Ahí fue cuando en una “subidita” sentí como unas gotas de sudor eludían mi “buff” en la cabeza y se iban escurriendo por mi frente hacia mis ojos… pero no podía, no quise detenerme. Era necesario seguir mi ritmo -ahora que podía- ya no había tanta piedra, y yo había logrado cierta cadencia en mi pedaleo, levantando, jalando, empujando, jalando… pero las gotas de sudor no lo entendían y seguían bajando… hasta llegar a mis ojos, en dónde produjeron no vapor sino ardor… se combinaron ahora lágrimas y sudor en un baño que me hacía querer cerrar los ojos, pero no podía hacerlo so riesgo de toparme en el camino con alguna piedra, o una grieta que llevara toda mi humanidad a ser depositada en el suelo…

Seguí así unos segundo y me convencí de continuar pedaleando, no soltando el manubrio, parpadeando y pensando que estaba simplemente lavando mis globos oculares… afortunadamente terminó esa “subidita” y pude tomar algo más de velocidad que ayudó a secar en algo el sudor de mi frente y me permitió por segundos meter mi enguantado dedo entre lente y rostro para limpiar un poco del exceso de agua, así pude llegar indemne a la “tiendita”, último punto de reunión antes de retomar el último trecho de de la ruta por un single-track en plano y luego varios kilómetros de pavimiento por la misma carretera que de inicio nos había llevado a Cerro Prieto. Ahí no tuve más que hacer línea con Don Rubén, viejo lobo de mar, y en conjunto con Hugo nos fuimos apoyando a modo “ruteros” para cortar viento y empujarnos unos a otros hasta que Hugo quedó atrás y seguimos don Ruben y yo el último trecho hasta arribar al punto de arranque que era a la vez el punto final.

Ruta de lujo, Santa Genoveva, a qué guerrera!. Nos la hizo pagar pero como un bueno negocio, nos ofreció lo mejor de estos parajes, sol, viento, tierra seca, agua, sombra(casi nada), pinos, cactus, subidas, bajadas, más subidas y una sin igual compañía!

Excusa perfecta para de regreso llegar por unas gorditas de horno y por qué no? Una que otra cerveza aderezada de una exquisita charla!

Salud!

18 Ene

Que será?

Se acerca el fin de semana y ya parezco escuchar rumores en el patio. Un crujir metálico pareció brotar de mi bici como diciendo “ya, ya sácame…”

Y mi propio cuerpo empieza a preparar la batalla contra la “hueva” de levantarme temprano para salir a rodar. No es tanto que ya en el grupo de “whatsapp” empiecen con el: “a dónde el domingo?”. Si sirve eso pero no es y creo que no debería ser el “trigger” para sacar la baika y rodar. Rodar nace del interior de cada uno, la fuente primera no es que te lo digan los demás. Rodar es una motivación personal al inicio y y luego vienen las otras, la compañía, el grupo, los retos, compartir… así lo creo yo.

Así que preparando mi batalla viene la siguiente pregunta: ¿Qué será? a dónde rodare o rodaremos este fin de semana?

¿a un oasis que pocos conocen? Cómo este a las puertas del Altiplano? Sé que hay otros más cerca de la capital, jeje
Quizás una ruta que me acerque o nos acerque a alguna cañada, bordeando uno de los tantos estanques y presas que en estas tierras tanto atesoran el agua, sagrada fuente de vida.
Alguna ruta que nos permita descubrir las huellas del pasado, de caminos de antaño, de pruebas del esfuerzo de los antiguos, dirían por ahí.
No importa la ruta, lo que cuenta es tomar la bici y junto con ella descubrir la emoción que nos toca disfrutar este fin de semana. Sentir ese frío de la mañana y como se va desvaneciendo conforme vamos pedaleando y tomando fuerza para trepar. Lo que nos permitirá sentir la velocidad al bajar, palpando cada piedrecilla del camino, el polvo que se levanta y nos va cubriendo la cara, el viento que vamos dejando pasar entre las manos y el manubrio, sentir la curva, el sol, la vida que viene a nosotros a manos llenas!

Así que no importa el ¿Qué será?, sino que sea y que disfrutemos de la oportunidad que nos da la vida…

Rueda sólo, rueda acompañado, rueda cerca, rueda lejos, rueda poco, rueda mucho…. pero RUEDA!!!!

Por cierto… se vale dejar un comentario. Es enriquecernos todos ;o)

7 Ene

Carta ciclista en dia de reyes

Decir gracias es de lo primero que nos enseñan nuestros papás. Y creo que es porque decirlo nos abre puertas y nos hacer ser amables. Y es por eso que nos gusta pasar por aquí en bicicleta. Casi siempre llegamos aquí luego de haber rodado ya un montón y estamos cansados, con sed. A veces pasamos solamente levantando polvo, otras nos detenemos en la tienda a comprar algo. Lo que siempre vemos son los rostros amables de quienes viven aquí, y las sonrisas de las niñas y niños que se ríen cuando nos ven pasar.

Es un gusto rodar por su casa y darles las gracias por poder pasar por aquí. Nos gusta mucho el paisaje, los caminos son difíciles pero así nos gustan, porque nos hace superarnos y ser mejores a nosotros mismos. Y nos gusta que nos compartan parte de su casa, de sus caminos, de sus paisajes y de sus buenos días o buenas tardes cuando rodamos por la Morena y las otras comunidades de los alrededores.

Así que hoy venimos con el gusto de compartir ahora nosotros con ustedes. Y al mismo tiempo que les damos las gracias los invitamos a que no se preocupen cuando ven que las cosas se ven difíciles. Piensen que son oportunidades para dar lo mejor de cada uno de ustedes, y poder ayudar a sus papás y sus vecinos a mantener su casa bonita y los campos creciendo, igual que ustedes. Como cuando rodamos en bici, lo mejor es que todo el esfuerzo al final tiene recompensa.

Aquí ciclistas y niños, unidos por el festejo.
Disfrutando juntos, unos agradeciendo y otros recibiendo…
Conductores y mirones
Compartiendo una sonrisa después de rodar…
Lizzards… amistad y generosidad sobre ruedas!
Nuevas generaciones, aprendiendo a dar y recibir!
No hay dolor de espalda que impida compartir con ellos…
Y al final, hasta nos tocaron tacos!!! No solo dimos, sino que recibimos, GRACIAS!!!
8 Ago

Dejandome guiar

Rodando empecé el domingo.

De esos días en que es a ti a quien sacan a pasear. Mi bici y la ruta se fueron dibujando enfrente de mi. Como los juegos de vídeo en primera persona. Yo iba viendo únicamente los metros delante mío, se acercaba una bifurcación y sin saber mucho cómo, ya había tomado una dirección y seguía rodando.

Así entre en el parque Tangamanga y tomé el camino de la llamada “Oreja”, para luego salirme del pavimento y seguir por la vereda que va más pegada al perímetro del parque. Pasé lentamente a lado de un gran sapo que pesadamente cruzaba el sendero y se ocultaba en un mechón de pasto. Pase junto a un trío de corredores que estaban entrenando, no piensen otra cosa.

Y pronto me ví saliendo del parque por una de sus entradas secundarios hacia la colonia Balcones. Ahí me encontré con Ernesto, hacia varias semanas que no coincidíamos en las rodadas y ahora casualmente nos encontrábamos. Antes de ponernos al día, las preguntas del ciclista:

– ¿A dónde ruedas?

– uhm, en eso ando

– Cañada del lobo

– suena bien!

Y así, sin tanto más, nos enfilamos hacia la cañada del lobo. No más allá de tres kilómetros creo, ahora siendo más de uno hasta más seguro pasar por las colonias que bordean el periférico de San Luis Potosí, que como en cualquier otra gran ciudad, mejor ir acompañado.

Sin casi pensarlo, ya estábamos bordeando la presa de la cañada del lobo y sin tener una ruta fija simplemente seguíamos por donde las bicicletas nos iban marcando. Fuimos acercándonos a la subida imposible (los reto). Es una subida que creo que ya no merece el nombre de terracería, es un camino para cabras (y creo que habría más de una que se tropezaría). Aquí si que las “las piedras rodando se encuentran” como diría el Tri. Me pregunto a qué hora salen los gobblins, o los gnomos y duendes que cada vez que paso por aquí, pareciera que crecen, se mueven de lugar y rellenas los espacios que antes uno habría podido rodar.

En fin, hicimos uso de la humildad y nos bajamos de la bicicleta para sortear casi toda la subida. Ya en el llano “de arriba” el camino se facilita, pero no es una perita en dulce, no descansas, tienes que estar concentrado y seguir esforzándote para mantener el equilibrio sobre la rila. Ahí en el camino fuimos haciendo ruta y pasamos sobre la pista “Chavitos” pero nos seguimos hacia el Peñasco (si, otro Peñasco, no ese otro, ni aquél). Lo pasamos y llegamos hasta el punto en que se ve la presa de San Antonio (si recuerdo el nombre). Ahí iniciamos una bajada corta hasta las casas que no son casas. Dos cuartuchos que sepa en dios para que era, igual ya están desbaratándose. Ese fue el punto que marcó el medio de nuestra ruta y luego de una foto “pal recuerdo”, emprendimos el regreso.

NOTA: Y si, la foto fue para el recuerdo, porque ya no la encontré en mi celular, jeje.

Fue un poco más ágil, en lugar de pasar caminando ahora la bajada hacia la presa de la cañada de lobo, casi todo el tramo, creo que lo rodamos unas dos terceras partes, ya que la bendita gravedad nos empujó un poco para pasar algunos escalones y no les dimos tiempo a las piedras de moverse para estorbarnos.

Regresamos al periférico y pasamos nuevamente las colonias marginales hasta el punto en que Ernesto tomó rumbo a su casa y yo seguí, volviendo a entrar al parque Tangamanga y salir por dónde había entrado hacia un par de horas. Disfrutando un aire fresco que se combinaba con el sol que llegaba a su cenit. Y recordando las lecciones de este día: De vez en cuando uno puede dejar que la ruta se descubra por sí misma, y la humildad en lo que hacemos bien nos puede llevar más lejos de lo que creemos. Y tanto sólo como acompañado, rodar es una oportunidad de seguir disfrutando la vida!

5 May

Tierra de osos sin osos

Tierra de osos

Excelente nombre para una ruta. Aún tengo la tarea de descubrir el origen de dicho nombre. No dudaría que hace muchas lunas por aquí se descolgara alguno de ellos para atrapar a algún distraído roedor o mordisquear alguna tuna jugosa.

El escenario es majestuoso, aún con la huella de la carretera que cruza cerca, la magia de este desierto oculta hasta el último momento la presencia humana, no ves la cinta asfáltica hasta que estás a unos metros. O si pones atención, puedes escuchar de repente el ronroneo de algún camión que va pasando, hasta parece que el sonido es succionado por lo majestuoso del paraje árido. En su mayoría, sólo las brechas que valientes surcan la tierra. Y los aventureros que hoy rodamos estos prados semi-áridos, alfombrados de piedras que parecen rodar solas.

El marco no podría ser mejor, un sol que se va acercando al horizonte. Unas coquetas nubes vienen de quién sabe dónde y empiezan a enroscarse en ese sol que ya va directo a su lecho de descanso. Se sonroja, quizás por esos juegos coquetos de las nubes que no le dejan irse sin que les dé a ellas sus últimos rayos.

 

Pero no, el Sol se brinda a todos los que merodeamos por aquí, Sol hay para todos; blancos, negros, amarillos, ocres, rosados, pistaches… hombres, insectos, aves, plantas, piedras, nubes, humos y polvos. Entre dos jirones de nubes surgen varios destellos solares que nos bañan con el último esfuerzo del día y nos acompaña en la subida del “snicker”… en donde la vereda casi invisible de tierra apisonada se convierte en simplemente una alfombra de piedras y rocas que nos hacen trastabillar sobre nuestras alumínicas, los más fuertes, con algo de suerte, la sortean y brincan la cima falsa para seguir por la loma y llegar a la siguiente empinada que a más de uno lo hace poner pie en tierra.

 

Concentrado, voy viendo las piedras, amarrado a los pedales, mientras vamos bajando por el lomo de un par de colinas, hasta que me alcanza el “beto”, y lo dejo pasar… yo sin prisa y con mucho cuidado, aún ofreciendo mis respetos a estas veredas pedregosas… Vienen unos escalones hacia abajo, aún veo al “beto” que de repente trastabilla y se va de bruces, de lado hasta aterrizar de lado con la pared de piedra a su derecha…

Llego a su lado y pronuncio las palabras de ley:

 

¿Estás bien? – Tranquilo – ¿Te duele algo? – Tu no esfuerces, yo levanto la bici – Despacio

Mientras, el va haciendo su inventario personal. Un poco aturdido pero ya se va levantando. Todo bienafortunadamente, como él mismo lo dijo, su casco ya desquito la inversión. Fue quien recibió y amortiguó el golpe. Quiso dar un cabezazo a la la montaña, creo. Ya van acercándose algunos que nos esperaban un poco más adelante y los que venían atrás… ya va bromeando “beto”, lo que es buena señal de que no pasó a mayores…

 

Momento de seguirle, todavía nos falta un poco para terminar la ruta y regresar a la urbe potosina, y aunque no vimos ningún oso, ya recolectamos un par de anécdotas más…