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sin ton ni son

Rasgando el telón de los recuerdos, las imágenes fluctúan entre el ir y el venir. Qué tanto puede la mente de uno deambular por un pensamiento antes de que se desvanezcan en la nada y la futilidad o, cuanto tardará en que sea grácilmente remplazado por otro pensamiento?

Cuando uno empieza a ser consciente de la infinidad de nuestra realidad, se descubre lo inocuo de un raspón en la pantorrilla o en el brazo luego de caer y volver a tomar la vereda. O nos damos cuenta de corta temporalidad de la magnificencia, cuando llegas a la cima, ves ese inmenso bosque y simplemente sigues tu camino de regreso al final de la ruta.

 

Pero no pasa nada, es cuando descubro lo divertido de contar historias; instantes sin ton ni son, momentos de ensimismamiento y de silencio social.

La fútil existencia que ya otros han cantado y contado… me quedo con mi propio paso, con lo que tengo alcance de mi mano, con ese reflejo de realidad que alcanzo con mis ojos.

Voces en desconcierto, notas que llegan y se van… un pedaleo que ya no lo es, el hormigueo de la piel de mi bici que realmente no existe…

Queda el momento, el disfrute que tengo en lo que dura una respiración. Imaginar un cuento que no llega y que ahí esta. Planeado rodadas que ya han pasado y que se van a dar.

Ro

de regresos y mas

Lo mejor de regresar es que no se trata sólo de volver a empezar. Ya traemos un aservo con nosotros y estamos volviendo a llenar el costal o la olla. No hay que justificar, simplemente hay que continuar.

Hace unos meses que no escribo y parece que fue toda una vida. Quería hacer un recuento de todos los porqués y simplemente prefiero empezar a soltar palabras sobre este papel electrónico. Cual un artillero que necesita soltar metralla para sobrevivir… jajaja, me salió el instinto bélico del ser humano.

En fin, estoy aquí para escribir nuevamente de mis andanzas por estos lares de dios, por veredas conocidas, por caminos nuevos, por calles re-descubiertas. Compartiendo con amigos de hace años, con nuevos conocidos, con compañeros sólo del momento. Y me doy cuenta que esto de la bici me ratifica una de sus grandes verdades; no sólo alimenta mi cuerpo y llena mi baúl de recuerdos, es un alimento para mi alma y un engrasante para mi espíritu.

He recorrido avenidas y calles que conozco desde hace años y las he vivido como si fuera la primera vez.

Rodando con mi amore en el centro de Guadalajara… preparados para la pandemia…

He encontrado a grandes viejos amigos y maestros de la vida en rodadas que me han llevado a rincones desconocidos para mi de mi tierra, y ni el cansancio ni el dolor me han privado de disfrutar sobre mi rila…

Como ese par de rodadas en la Perrona, en la sierra entre Atemajac de Brizuela y Tapalpa, Jalisco. Sea en invierno con temperaturas bajo cero en algunas partes, o sea entrando la primavera, cuando los cielos abiertos lo dominan todo y nos bombardea un sol inclemente ya hacia el final de la rodada… pero aún resisten los arroyos y nos regalan unos instantes de frescos en los pies.

 

 

He encontrado a otros grandes amigos  en rutas que aún siendo “clásicas” siempre me dan la sensación de ser un reto nuevo por superar. Como esa ruta que cruza a mi bosque la Primavera, desde “postes” hasta Tala y de regreso… acompañando al Hojas, al Topete y otros tantos compas de la rueda, pagando la cuota de esa subida de Obsidianas que no perdona, pero a que bien se siente cuando por fin la coronas y ya te enfilas directo al sal si puedes y estar de regreso en “postes” tomándote un “Topo Chico” o una Cerveza…

He vivido en solitario grandes momentos que se hacen aún más entrañables cuando regreso a platicarlos con Sofi y plasmarlos por aquí.

He ratificado algo que ya llevo tatuado en mi espíritu… “a rodar!”

Ro

Expandir la mente

Si, también en eso de expandirnos nos puede ayudar la bicicleta… Y más en la montaña. En estos momento que la pandemia nos “invita” a quedarnos en casa y que hemos dejado de salir como lo hacíamos antes, unos más, otros menos, de repente me descubro que llevo en casa más tiempo del acostumbrado.

En esos momentos me doy cuenta que no estoy encerrado. Desde que he estado rodando, años ha… me preparó para estos momentos creo. Porque no me siento atrapado, ni tan confinado como pudiera pensarse. Mi mente y mi corazón le recuerdan a todo mi ser que yo no estoy sólo dentro de estás paredes, por más bonito y cómodo pueda parecer. Soy parte de un todo más amplio, y basta recordar un par de tomas en mi querido semi-desierto potosino…

Hey! no le den vuelta tan rápido, esta es una bajada que tuvimos que hacer a pie por lo escarpado de la misma, pero allá abajo (parte central de la toma y poquito a la derecha) pueden ver 3 ciclistas que ya van rodando… muestra inequívoca de que somos una mota de polvo en este mundo, pero una mota de polvo única, sorprendente y que puede llenar el vacío del alma con un recuerdo que abarca eones de naturaleza que nos esperaba a que pasaramos por ahí.

Y aquí, tan cerca de la capital, y a la vez tan lejos. Recuerdo como si fuera esta misma mañana cuando rodé por ahí, dejando crecer mi espíritu hasta los confines de ese azul que parecía sumergirse en la misma tierra, y se parecía percibir cómo las piedras del lienzo vibraban mientras mi baika y yo cruzábamos por ahí, como tantos otros antes y muchos más después…

Con sólo estas dos postales, me acuerdo que no estoy sólo aquí, en el cobijo y protección de mi casa en este punto del mapa, sino que yo mismo soy un mapa vivo que se lleno de recuerdos, de vivencias y, muchas de ellas logradas gracias a mi bicicleta…

a rodar!!!

Entre telones

Se dice a esas actividades que se realizan sin aviso, sin promoción, pero que sin las cuales la obra no se puede ejecutar. Son momentos que no por ser de un supuesto bajo perfil, carecen de importancia. Han sido clave para cerrar un espléndido episodio de vida y arrancar uno nuevo. Y con todo y esa tensión de guardar, preparar, dirigir, acompañar, recibir, reacomodar, hemos podido anexar algunos buenos momentos a esos entre telones…

Aquí arriba de estas palabras, esa última gran ruta en tierras potosinas -de momento- que me graba en la memoria y el corazón los grandes momentos vividos en tierras agrestes pero entre gente con gran corazón y con el gusto de compartir los momentos.

Luego, ya por acá. Por tierras jaliscienses. No menos agrestes pero si algo diferentes. Volver a encontrarme con amigos y con este bosque que sigue resistiendo en embate de una ciudad embrutecida. No deja de sorprenderme ver la capacidad de la vida de ir abriéndose paso aún entre las rocas a un lado del sendero que cientos de personas cruzan semana a semana, y la maravilla de los volcanes y montañas que siguen como sigilosos vigilantes de estas tierras.

 

Volteo a casi cualquier lado y veo como estas tierras me saludan con cariño… ah pero como cobran el que no las haya rodado en algún tiempo… canijas!!!

El espinazo del diablo, convertido ahora en la subida más socorrida hacia la Torre 1…
Un rincón escondido en mi Bosque la Primavera
Con nuevos y viejos amigos… en el entorno de la sierra de Atemajac de Brizuela, cerca de Tapalpa…
Con el estimado Hojas (perro mayor)… rindiendo tributo al Nevado, que nos espera …

Y así entre cierres y aperturas, la bicicleta sigue siendo parte integral de mi andar por este mundo. No es un accesorio, es una vía más para vivirlo, un estilo de vida, así que… a rodar!!!

Ro

Subir y bajar en tierra potosina

De esas rutas que uno quiere recorrer, pero por una u otra razón, no se lograba conjurar a los dioses del camino, de la bajada y la subida para poder dirigir nuestras ruedas por el sendero adecuado.

Pero todo llega cuando debe de. Es otra enseñanza de las miles que la bicicleta me ha dado; la paciencia es un ingrediente indispensable en la vida. Siempre llega ese fin de semana en que coincides con los compas para rodar esa ruta esperada; siempre llega esa fuerza para subir la trepada en la que desde hace tanto te tenías que bajar de la bici; siempre llega esa firmeza en el manubrio para sortear la bajada que te hacía frenar.

Así fue, hace pocos fines de semana nos tocó rodar más allá de “las antenas”… esas que se ven desde casi cualquier punto de San Luis Potosí capital, hacia el oriente, en plena puerta de entrada a la sierra de Álvarez.

Nomás 868 mts de altimetría y una distancia de 45 kms aprox. Arrancando en el entorno semi-árido que rodea a la capital potosina, ir subiendo poco a poco por bosquecillos de robles y encinos, seguir la carretera por unos kilómetros hacia, ganando altura todavía, hasta que de repente estamos inmersos en un hermoso bosque de pinos y tierra roja.

Gozando de aire puro y brisa fresca y la excelente compañía de algunos de los Lizzards; Toño, don Rubén, Harim y el retoño Harel, César F, César R, Carlos, Alex, Olivier, Ernesto! Qué fortuna de tan buena guía.

Y luego de llegar al punto alto, donde ya los árboles van dejando paso a las rocas de las cimas, bajamos hacia las colinas cercanas a Villa de Zaragoza, donde dejamos atrás el bosque y volvimos a la semi-aridez potosina, que nada que ver con la camaredía y la gran amistad de estos colegas de tierras potosinas, con quien podemos compartir una gran rodada, apoyarnos al brincar los lienzos y claro, departir una cerveza por aquello de la rehidratación… salud!

Y a seguirle no? Que la bici no se anda sola… a rodar!!!

Ro

Salir a rodar es

Es encontrarse con amigos que no he visto en meses y sentir que fue como haber compartido ruta la semana pasada… eso sí, con más noticias que contar…

Es coincidir con otros colegas ciclistas y sentir que somos amigos, por el sólo hecho de compartir el mismo gusto por salir a rodar un poco más allá

Es ver un camino al que no se le ve final y, en lugar de temer, lo que surge es el deseo de emprender la ruta a la de ya!

Es mucho más que simplemente tomar la bicicleta, sentarte en el sillín, tomar el manillar y comenzar a pedalear… es iniciar una aventura, el tomar el rumbo de vida en tus manos, es ir más allá del asiento y convertirte junto con tu bicicleta en un vehículo que transita más allá de las 4 dimensiones…

Es reencontrar la grandeza de tu pequeñez al descubrirte parte de algo que va más allá de tu intelecto, de tu corazón, de tu alma…

Presa de San Carlos, a la altura de la zona industrial de SLP Capital
Meditando sobre la cortina, huellas del pasado sobre el presente y mirando al futuro

 

Es hacerte uno con todo lo que te rodea, porque no eres solo “el ciclista”, eres por segundos, “el agricultor”, “el ganadero”, “el taxista”, “el que rueda a tu lado”, “la de la tiendita”, “el gato”, “la grulla”…

Es … es … mucho más

lo mismo pero no igual

Comprobado. Rodar en la montaña (y en el desierto, la estepa, la selva…) es mágico. Ruedas y ruedas por esa vereda, aquel sendero, a veces semana tras semana y encuentras alguna diferencia, un pequeño cambio que siempre te motiva a ir atento al máximo porque no te puedes confiar en conocer cada recodo del camino. Algo pudo haber pasado, una piedra rodante, una rama que se movió, un árbol caído, una grieta nueva o una que ahora esta borrada. Y más ahora que tenía casi el año de no rodar por estas ilustres rutas en mi bosque la Primevera…

Ahora sumado a los accidentes del terreno, habría que sumar un incremento en la manada humana, en bici, a pie, en carros… y eso que supuestamente había pandemia y había límites de acceso, je je.

Adentrándonos a la mosca, ruta emblemática en este bosque mágico. Aquí a lo lejos se ve a un colega con el que compartí unos minutos la ruta, antes de desviarme y seguir el sendero de “media mosca”, para llegar al “arbolito” luego de bajar por una vereda de “bajadita” que te hace olvidar cualquier problema que aún traigas desde la ciudad y te sumerge en lo que es disfrutar estar vivo y surcar nuevamente estos caminos.

 

Justamente pasando el 8 1/2, que para muchos es el inicio “oficial” de estar en el bosque. PAra muchos otros es simplemente terminar el calentamiento, luego de “subir” desde postes 3 kilómetros hacia una nueva aventura.
Un rincón de paz que no te podrías imaginar luego de ver a cientos de ciclistas y corredores, además de decenas de automóviles que estaban “subiendo” al bosque. Aquí, en la antesala de “vaca muerta”, saboreé unos minutos de silencio, de fresco iluminado por un sol tímido que iniciaba su camino al cenit.
Luego de la tendidita -que yo llamo la “del angel”-, que remata con un repecho que te lleva al umbral anaeróbico, esta esta zona de transición, que nos da dos opciones, seguir subiendo a “Torre 1” por el “espinazo del diablo” o, bajar por “curvitas” de regreso a “camino ancho”, hermoso!, simplemente hermoso paisaje, desde alcanzas a ver a la urbe allá a lo lejos…
Esa zona de transición entre “el ángel” y “espinazo del diablo”, hay un rincón, un exague espacio entre las ramas de los árboles que nos permiten espiar al volcán Tequila y el valle de Tala.
Esta vereda que conecta el final de “la mosca” a “toboganes” y “la glorieta” cambió, se edureció, se desenpolvó con esta abundante temporda de lluvia en estos lares. se lleno de yerba y flores que convierten este tramo de la ruta en un remanso ideal para tomar aire para las trepadas que se esconden en la arboleda que vemos enfrente.
Otra de las diferencias, son estas rampas que han ido apareciendo (checa bien, ahí está), de nuestros amigos downhilleros y endureros que se han enamorado de las veredas y también las hacen suyas, a su estilo.

Y aquí les dejo una estampa para tomar aire. Un momento que nos tienta a bajar de la bicicleta y “orillarnos a la orilla” para regarlarnos un momento para paladear el aroma de estas flores silvestres (me confirma que no tengo covid-19 je je), y extasiarme con el paisaje que me rodea. Dos pequeños valles divididos por esta vereda flanqueda por lienzos. Dos parcelas que aparentan también haber sido sembradas con maíz pero de manera silvestre, porque no se ven los maizales uniformes.

 

Un regalo de la vida, esto fue mi rodada sabatina, aprovechando mi visita por estas tierras tapatias.

¡Que dicha es rodar! Pareciera lo mismo, ¡pero nunca es igual!

caminos

Los caminos cada uno los va recorriendo. Es una falacia pensar que el destino, que dios o que Dios nos tiene un camino establecido. El universo es demasiado vasto para dedicarle a uno la atención o marcarnos una ruta hacia cualquier lugar. El universo es generoso y tan lleno de recursos que simplemente está ahí. Espera que cada uno de nosotros se mueva por sí mismo hacia donde crea que es mejor para cada quien.

Y si no, pues eso no le afecta al universo, al destino, a dios, a Dios, eso sólo le incumbe a cada uno. Pero es una simple tesis, ya a cada uno nos tocará comprobarlo, jeje…

Por lo pronto, aquí unas pocas tomas de los caminos que me han tocado recorrer…

A veces, los caminos están trazados pero aún así uno va sobre ellos y a la vez no. Somos y no somos a la vez. Nuestro ser está y no está. Nos desplazamos a través de dimensiones que aceptamos, percibimos pero a la vez no entendemos del todo. Lo vemos pero no lo podemos tocar.

Hay caminos que de repente se abren ante nosotros donde no pensábamos que pudiera haber alguno. Cuando vamos cruzando desiertos, estepas, lomas cubiertas de jardines sembrados de piedras, ovejas buscando agua o alguna raíz que mordisquear, vemos de imprevisto un camino lleno de verde, de fresca sombra. Lienzos de piedra y pinos que no deberían estar ahí.

Veredas ocultas al ojo despistado y hundido en el ajetreo diario, simplemente ahí, esperando a quien quiera descubrir algo que está más allá del estrés de lo usual, de lo “normal”.

Nos toca luego encontrar caminos francos, de esos que invitan a simplemente detenernos unos momentos, de saber que no hay prisa, que el tiempo en sí no existe, que la agenda no tiene una razón vital en nuestra existencia. Que no somos quienes siguen la manecilla o el pulso del cuarzo sino quienes hacemos que éstos tengan una razón de existir. Así, detén tu rila, déjala descansar, mira hacia adelante… el camino no se va… tú vas a él, tu lo recorrerás, tú serás su razón de ser.

Y al final, o será al principio? quizás sea a la mitad de tu recorrido, quizás ni sepas en que momento estás. Pero tendrás momentos en que no verás un camino, pero no porque no exista. Ahí está, sin pendiente, sin prisa, sin horario… está. Esperando, armándose quizás, preparando lo mejor para tí, porque siempre en nuestra vida hay un paso más, una huella que dejar, sea en el viento, en la tierra, en el agua o en el recuerdo de los que junto con nosotros, venimos a este hoy, a este punto de la historia a seguir por los caminos, cada quien el suyo, cada quien a su propio destino.

Ro

Cortina de agua

Estampas que a diario nos regala la naturaleza, en algún punto del planeta siempre hay una tormenta por llegar, una cortina de agua que se corre como en un teatro y nos deja una actuación sin igual.

Somos invitados a disfrutar cada una de estas tomas, no una cortina, no una tormenta, quizás un sol resplandeciente o un ventarrón aullador. Hoy pude deshacerme del “deber” y buscando hacer a un lado el estrés me encontré de pronto en el muelle de Chapala, viendo a una muralla de agua, que no pertenecía al lago, iba a nutrir al lago.Y bueno, para rematar. El camino de regreso, por veredas escondidas, me regala una última toma, al menos, para el público. Esta viendo hacia los cerros que escudan Ajijic…

Ro

 

 

 

 

Buenos dias

Puedo asegurar que los días inician con una energía diferente cuando el sol te alcanza mientras ruedas. O al revés, cuando uno rodando se le adelanta al sol y le espera en algún sendero, en la calle, en el cerro o en el desierto al momento de arrancar su elíptico camino por la bóveda celeste.

Una mañana como otras, asomándonos al sur de la perla tapatía… trepando la madre que nos vió a muchos iniciarnos en este mundo… Bugambilias.

Una pausa mientras rodábamos la “media mosca”, en nuestro Bosque la Primavera, coincidiendo con los primeros rayos de sol que empezaban a bailar entre los árboles, recuerdo el susurro de algunas aves escondidas en las ramas que empezaban a llamar a sus vecinas para lanzarse al desayuno… y el Roberrr y yo, agarramos vereda para seguir la ruta y luego ir al desayuno también, en la cafetería de la oficina…

Otro amanecer, hace algunos ayeres con unos viejos grandes amigos, en un paraje ni cerca ni lejos de la perla tapatía, otro bosque, la misma energía, el mismo sol que nos encontraba al arranque de una ruta sabrosa, la conocida “Perrona”, en los alrededores de Atemajac de Brizuela en la sierra de Tapalpa. Disfrutando de la brisa y el aroma de leña que calentaba el café de alguna casa cercana. Con frijolito suficiente para motivar un arranque con energía e impulso por deshojar recuerdos e hilar muchos nuevos.

Aquí un épico amanecer, una de las rodadas épicas, en San Sebastían del Oeste, por arrancar la segunda etapa de un Vallartazo, con 2 emblemas… el Charly “comegalletas”, y el genial “Ricky Mountain”, saludando a la vida, saludando al equipo y al sol que se apresuraba a alcanzarnos para mostrarnos el camino a Puerto Vallarta, unas 4 o 5 horas después.

Otro amanecer, otro grupo de ciclistas, otro terruño, más al norte, acercándonos al altiplano potosino, ya el sol un poco arriba, pero igual concediendo un poco de fresco detrás de un nublado persistente… saliendo de Hacienda Coronado, otra ruta, el mismo espíritu, la misma gran camaradería y hermandad unidos en una ruta difícil de igualar, la etapa 2 de 3, rumbo a Real de Catorce.

Aquí otro amanecer, en los alrededores de Cerro de San Pedro y monte Caldera, los Lizzards, lanzándose con todo por la bajada, aprovechando que el sol aún esta medio lagañoso y medio dormido detrás de la cobija de nubes que se levanta de la sierra de Alvarez.

Y dejemos por ahora hasta aquí los amaneceres, con esta útlima estampa tomada desde el extremo oeste del Lago de Chapala, justo unos minutos después del amanecer, luego de una rodada cadenciosa recorriendo su ribera, para encontrarnos con un nuevo día y poder descubrir que cada uno, es un mágico reinicio de la vida, una nueva oportunidad para seguir construyendo nuestra felicidad, día a día, rodada a rodada.

Buenos días!!!

Ro