Rodando Mi Tierra

el horizonte es el límite

una rodada mas

No importa donde ruedas, si ya has rodado una o cien veces por ahí, siempre es una vez para recordar. Sentir el aire fresco de la mañana. Oir el roce de las llantas abriéndose paso a traves de la vereda. Ya sea que subas, o bajes. Subiendo vas saboreando la sal de tu propio sudor, bajando el sabor es del polvo y la tierra que vas levantando a tu paso. Los paisajes parecen los mismos pero es ahí donde reside la magia de rodar. Te da siempre una perspectiva diferente, te hace ver lo que ya has vivido y recolectado en tu experiencia desde la última vez que pasaste por ahí. 

No queda más que ir viviendo cada centímetro que ruedas, cada pedaleada, escuchar cada hoja que cruje bajo la llanta, sentir esa piedrita que sale disparada a tu rostro, como un pequeño beso de la tierra a ti por querer venir ir disfrutarla una vez más.

Parajes de ensueño, vegetación y fauna escondidas que nos encumbran a sitios que están muy lejos de godinez, mirreyes, cabezas de algodón y demás fauna humana nos permiten acercarnos a nosotros mismos. Recordarnos un poco nuestra esencia, nuestra chispa cósmica que nos ata al mundo y a la vez nos lleva surcar las nubes de polvo cósmico más allá de la nube de Ohr. Estos de aquí no puedo decir que hayan sido pisados por dinosaurios, porque este, mi bosque, nació hace apenas unos 40,000 años atrás, envuelto en nubes de ceniza y olas de lava que dieron forma a este mágico espacio que protege a la ciudad aunque no lo quieran sus habitantes, y busquen a cada trienio, su propia extinción.

Aquí no importan los títulos, los apellidos, las marcas, las pertenencias, estamos juntos, disfrutando un momento en el espacio y un lugar en el tiempo. Compartir. Esa es la palabra, departir y nutrir nuestra experiencia con la de los otros y condimentar los recuerdos con las historias que cada uno trae consigo.

“Ámonos”, que el sol sigue subiendo, y aún hya mucho que contar… y tú a dónde vas a rodar?

Ro

Vamos

Vamos es la palabra que debería marcar el devenir humano,

Es el compromiso de hacer y moverse. No sólo empujar, no sugerir, no hacer grilla… es tomar la iniciativa, ser el primero en proponer, en marcar el paso, sugerir la ruta. Es no depender en los demás, es avanzar, aún si no sabes si llegaras. Es iniciar el movimiento.

Vamos, que la ruta esta trazada, pero para concluirla el detalle es recorrerla. (Ruta de Atoyac a Concepción de Buenos Aires, de las lagunas secas a plena Sierra del Tigre, en Jalisco, México.)

Vamos, que el camino ha esperado eones para regalarse a quien lo quiera recorrer.

Vamos, que la bicicleta la mueve uno sólo, pero cuando ruedan varios es un experiencia sin igual.

Vamos, que ya fue mucha charla… a rodar!!!

Ro

de caminos y destinos

En ocasiones estamos demasiado imbuidos y viendo a nuestro alrededor creemos estar atascados o detenidos por omisión o flojera. Podríamos ver nuestra propia foto y pensar que cómo es que está tirada la bicicleta, y no estamos disfrutando de ese bosque que nos rodea.

Nos cerramos a una interpretación rápida y generalmente denostativa de nosotros mismos o de los demás. Así nos empuja el sistema, la sociedad… “piensa mal y acertarás” dicen por ahí, y bueno, escucha las noticias y no hay porque pensar otra cosa, ja!

Pero aquí volvemos a lo que nos enseña la bicicleta. Que la esencia es el pensamiento positivo, el esfuerzo siempre da más.

Y aquí simplemente estaba yo dando un descanso a mi bici, luego de hora y cuarto de rodar, 2 subidas al ocho media (en la primera se le safo una palanca y tuve que bajar de nuevo a que se la arreglaran) Y luego tratar de alcanzar a mis compañeros de rodada, pero aquí nos dimos unos minutos, para un tentempie y simplemente estábamos apuntando para seguir el camino.

 

 

 

 

En otros momentos nos encontramos con senderos bastantes claros. Pedaleamos seguros y hasta con una buena anticipación de los movimientos que tenemos que hacer. Tanto así que hasta puedes tener algunas micras de segundo para ver alrededor y extender nuestro ser hasta los árboles que nos rodean.

Podemos calcular la distancia a la “ramona” o descubrir esas piedras camufladas en la orilla de la vereda. Percibimos sin saber cómo ese vereda que sólo descubren aquellos que hemos aprendido a rodar en los bosques, en los desiertos, en las selvas, en la terracería. En dónde si alguien que no rueda, no vería ese sendero como lo vemos nosotros.

Así es como el bosque nos va invitando a adentrarnos en él, nos de su venía y nos acepta. Sabe que somos parte de él, y si de veras somos ciclistas, sabremos corresponder al bosque con nuestra humildad, admiración y agradecimiento por permitirnos cruzar por esos senderos, que desde eones nos han esperado ahí.

 

 

 

 

En otros momentos nos toparemos con estos tramos en nuestra ruta.

Vemos el camino, pero no mucho más allá. No sabemos a dónde desemboca ni logramos identificar todos los posibles obstáculos que se vienen por delante. Pero el ciclista confía en sí mismo, confía en su bicicleta y en que sabrá sortear lo que venga, y confía en el propio camino. Como en la vida, no siempre tendremos certeza en el siguiente destino, pero es la confianza la que nos hará seguir adelante y terminar la ruta.

Lo que uno aprende en estos momentos es a disfrutar más y más lo que podemos ver. Recordamos que la vida misma es un continuo presente, es una colección de instantes que en un tris se convierten en recuerdos.

La vida y la bicicleta, no se viven en el futuro ni en el pasado. Si realmente quieres saber lo que es rodar tienes que aprender ha disfrutar cada pedaleo, cada vuelta de la rueda.

Así como si realmente quieres vivir, tienes que experimentar cada segundo de tu andar, no querer adelantar un futuro que no existe ni un pasado que no esta aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

50

Hey! me doy cuenta que nunca publiqué este post…. desde Febrero! Así que aquí va, con un poco de revisión editorial para actualizar, jeje…

Quinto piso, quinta década, el tostón. Le pueden decir de muchas formas, es un inicio más. No me pongo a pensar que estoy cumpliendo 50 años… hace mucho dejé de preocuparme en “de cuántos años me veo”, es más, creo que no pienso al respecto. Hay cosas más importantes, como buscar la papa de cada día, planear la semana en la oficina, el próximo viaje, a dónde rodar el próximo fin de semana.

Aunque eso sí, me encanta recordar que termina un ciclo e inicio otro de una de las mejores maneras que pudiera tener; rodar el mismo número de kilómetros que de años estoy cumpliendo.

Y esta vez invité a amigos que han estado conmigo desde que empecé en esto de rodar en la montaña. Y creo que al final la rodada me hizo hacer una buena retrospectiva de lo que mi vida ha sido, y quizás lo que la vida de muchos también…

Momentos iniciales, con la emoción al tope. Por estar rodando, por estar con grandes amigos, por estar de nuevo en mi bosque. Ah! pero casi de inmediato, la rodada me empezó a cobrar las ausencias. Sin importar que vieniera gustoso, la rodada no perdona. Pero mis amigos iban muy contentos platicando y teniendo paciencia a mi paso un poco más lento que el de ellos.

 

Al final, la rodada fue un compendio de lo que ha sido la vida.

Momentos en compañía, momentos en soledad, momentos adelante, momentos atrás, momentos a toda velocidad, momentos en pausa, momentos con la adrenalina al tope, momentos de resistencia, momentos de estrategia, momentos de plenitud, momentos de mentar la madre, momentos de sonrisa, momentos de no saber que hace uno ahí, momentos de recuerdos, momentos de planear, momentos, momentos…

así que mientras se pueda durante esta vida… a rodar!

Ro

aprovecha

Vamos aprovechando estos minutos de terapia física para escribir un poco no?

Recordando que el tiempo es el único recurso no renovable que tenemos realmente, aprovecho unos minutos aquí relajando músculos y reparando tendones, y eso es más que suficiente.

Estos minutos aquí en la clínica bien valen la pena para disfrutar de horas y horas de rodadas entre pinos y encinos, entre autos, motos y camiones.

Hay que aprovechar las bicicletas, ellas nos ayudarían a mejorar el mundo y cambiarían el paradigma de nuestra vida. Nos alejaría del consumo persé y volveríamos a lo práctico y sencillo. No buscaríamos trabajos tan lejos de casa, no pensaríamos en salir de casa solo para lucirnos o para que nos vean, sino para disfrutar nuestra vida y fijarnos en lo que hacemos bien o cómo seguir mejorando en nuestro andar y en nuestra salud. Las prisas se cambiarían por aprovechar en calma un paseo por la ciudad o por la campiña. La polución daría lugar a seres humanos más sanos, dedicados al hoy y no a buscar curas mágicas para el peso excesivo, dolor de huesos, malestar bucal o impotencias físicas o mentales.

Cómo puedo estar seguro de esto? Simplemente denle una mirada a estás tomas y disfruten por unos segundos…olviden algún pendiente y sepan que ahí podrían estar…. aprovechen este minuto que sigue…

Parece una muralla de piedra, pero es un borde hecho con pura obsidiana…esas que al rodar sobre ellas destellan con brillos que te hacen pensar que vas rodando sobre estrellas. Legado del estruendoso nacimiendo de mi bosque hace miles de años en el crisol de un volcán que dijo: “Les dejo este regalo, cuídenlo y disfrútenlo, aprovecha!”

Me encontré esta toma de hace un par de años, contrastes de mi tierra con las mis grandes amigos potosinos, los verdes y los ocres se intercambian pero el espíritu de seguir y vivir, ese es el mismo… y esas rutas me enseñaron lo que es aprovechar cualquier lugar para pedalear a tope!

Mi baika y yo redescubriendo este Bajío tapatío que resiste los embates de los ciegos y estúpidos humanos que solo buscan autodestruirse… Pero antes de quedarme en politiquería, aprovecho para compartirlo y convencer a que ustedes lo descubran también!

Y  aprovechando aquí esta toma con dos de los grandes (no sólo de edad, no empiecen), colegas de la rila, ejemplificando la resolución de una descompostura en medio del bosque… No hay que complicar de más la vida, hay un problema? busca la herramienta, pide ayuda, acepta ayuda, asume la responsabilidad de tus acciones, actúa y listo…

Aprovecha tu vida!

Ro

sin ton ni son

Rasgando el telón de los recuerdos, las imágenes fluctúan entre el ir y el venir. Qué tanto puede la mente de uno deambular por un pensamiento antes de que se desvanezcan en la nada y la futilidad o, cuanto tardará en que sea grácilmente remplazado por otro pensamiento?

Cuando uno empieza a ser consciente de la infinidad de nuestra realidad, se descubre lo inocuo de un raspón en la pantorrilla o en el brazo luego de caer y volver a tomar la vereda. O nos damos cuenta de corta temporalidad de la magnificencia, cuando llegas a la cima, ves ese inmenso bosque y simplemente sigues tu camino de regreso al final de la ruta.

 

Pero no pasa nada, es cuando descubro lo divertido de contar historias; instantes sin ton ni son, momentos de ensimismamiento y de silencio social.

La fútil existencia que ya otros han cantado y contado… me quedo con mi propio paso, con lo que tengo alcance de mi mano, con ese reflejo de realidad que alcanzo con mis ojos.

Voces en desconcierto, notas que llegan y se van… un pedaleo que ya no lo es, el hormigueo de la piel de mi bici que realmente no existe…

Queda el momento, el disfrute que tengo en lo que dura una respiración. Imaginar un cuento que no llega y que ahí esta. Planeado rodadas que ya han pasado y que se van a dar.

Ro

de regresos y mas

Lo mejor de regresar es que no se trata sólo de volver a empezar. Ya traemos un aservo con nosotros y estamos volviendo a llenar el costal o la olla. No hay que justificar, simplemente hay que continuar.

Hace unos meses que no escribo y parece que fue toda una vida. Quería hacer un recuento de todos los porqués y simplemente prefiero empezar a soltar palabras sobre este papel electrónico. Cual un artillero que necesita soltar metralla para sobrevivir… jajaja, me salió el instinto bélico del ser humano.

En fin, estoy aquí para escribir nuevamente de mis andanzas por estos lares de dios, por veredas conocidas, por caminos nuevos, por calles re-descubiertas. Compartiendo con amigos de hace años, con nuevos conocidos, con compañeros sólo del momento. Y me doy cuenta que esto de la bici me ratifica una de sus grandes verdades; no sólo alimenta mi cuerpo y llena mi baúl de recuerdos, es un alimento para mi alma y un engrasante para mi espíritu.

He recorrido avenidas y calles que conozco desde hace años y las he vivido como si fuera la primera vez.

Rodando con mi amore en el centro de Guadalajara… preparados para la pandemia…

He encontrado a grandes viejos amigos y maestros de la vida en rodadas que me han llevado a rincones desconocidos para mi de mi tierra, y ni el cansancio ni el dolor me han privado de disfrutar sobre mi rila…

Como ese par de rodadas en la Perrona, en la sierra entre Atemajac de Brizuela y Tapalpa, Jalisco. Sea en invierno con temperaturas bajo cero en algunas partes, o sea entrando la primavera, cuando los cielos abiertos lo dominan todo y nos bombardea un sol inclemente ya hacia el final de la rodada… pero aún resisten los arroyos y nos regalan unos instantes de frescos en los pies.

 

 

He encontrado a otros grandes amigos  en rutas que aún siendo “clásicas” siempre me dan la sensación de ser un reto nuevo por superar. Como esa ruta que cruza a mi bosque la Primavera, desde “postes” hasta Tala y de regreso… acompañando al Hojas, al Topete y otros tantos compas de la rueda, pagando la cuota de esa subida de Obsidianas que no perdona, pero a que bien se siente cuando por fin la coronas y ya te enfilas directo al sal si puedes y estar de regreso en “postes” tomándote un “Topo Chico” o una Cerveza…

He vivido en solitario grandes momentos que se hacen aún más entrañables cuando regreso a platicarlos con Sofi y plasmarlos por aquí.

He ratificado algo que ya llevo tatuado en mi espíritu… “a rodar!”

Ro

Expandir la mente

Si, también en eso de expandirnos nos puede ayudar la bicicleta… Y más en la montaña. En estos momento que la pandemia nos “invita” a quedarnos en casa y que hemos dejado de salir como lo hacíamos antes, unos más, otros menos, de repente me descubro que llevo en casa más tiempo del acostumbrado.

En esos momentos me doy cuenta que no estoy encerrado. Desde que he estado rodando, años ha… me preparó para estos momentos creo. Porque no me siento atrapado, ni tan confinado como pudiera pensarse. Mi mente y mi corazón le recuerdan a todo mi ser que yo no estoy sólo dentro de estás paredes, por más bonito y cómodo pueda parecer. Soy parte de un todo más amplio, y basta recordar un par de tomas en mi querido semi-desierto potosino…

Hey! no le den vuelta tan rápido, esta es una bajada que tuvimos que hacer a pie por lo escarpado de la misma, pero allá abajo (parte central de la toma y poquito a la derecha) pueden ver 3 ciclistas que ya van rodando… muestra inequívoca de que somos una mota de polvo en este mundo, pero una mota de polvo única, sorprendente y que puede llenar el vacío del alma con un recuerdo que abarca eones de naturaleza que nos esperaba a que pasaramos por ahí.

Y aquí, tan cerca de la capital, y a la vez tan lejos. Recuerdo como si fuera esta misma mañana cuando rodé por ahí, dejando crecer mi espíritu hasta los confines de ese azul que parecía sumergirse en la misma tierra, y se parecía percibir cómo las piedras del lienzo vibraban mientras mi baika y yo cruzábamos por ahí, como tantos otros antes y muchos más después…

Con sólo estas dos postales, me acuerdo que no estoy sólo aquí, en el cobijo y protección de mi casa en este punto del mapa, sino que yo mismo soy un mapa vivo que se lleno de recuerdos, de vivencias y, muchas de ellas logradas gracias a mi bicicleta…

a rodar!!!

Entre telones

Se dice a esas actividades que se realizan sin aviso, sin promoción, pero que sin las cuales la obra no se puede ejecutar. Son momentos que no por ser de un supuesto bajo perfil, carecen de importancia. Han sido clave para cerrar un espléndido episodio de vida y arrancar uno nuevo. Y con todo y esa tensión de guardar, preparar, dirigir, acompañar, recibir, reacomodar, hemos podido anexar algunos buenos momentos a esos entre telones…

Aquí arriba de estas palabras, esa última gran ruta en tierras potosinas -de momento- que me graba en la memoria y el corazón los grandes momentos vividos en tierras agrestes pero entre gente con gran corazón y con el gusto de compartir los momentos.

Luego, ya por acá. Por tierras jaliscienses. No menos agrestes pero si algo diferentes. Volver a encontrarme con amigos y con este bosque que sigue resistiendo en embate de una ciudad embrutecida. No deja de sorprenderme ver la capacidad de la vida de ir abriéndose paso aún entre las rocas a un lado del sendero que cientos de personas cruzan semana a semana, y la maravilla de los volcanes y montañas que siguen como sigilosos vigilantes de estas tierras.

 

Volteo a casi cualquier lado y veo como estas tierras me saludan con cariño… ah pero como cobran el que no las haya rodado en algún tiempo… canijas!!!

El espinazo del diablo, convertido ahora en la subida más socorrida hacia la Torre 1…

Un rincón escondido en mi Bosque la Primavera

Con nuevos y viejos amigos… en el entorno de la sierra de Atemajac de Brizuela, cerca de Tapalpa…

Con el estimado Hojas (perro mayor)… rindiendo tributo al Nevado, que nos espera …

Y así entre cierres y aperturas, la bicicleta sigue siendo parte integral de mi andar por este mundo. No es un accesorio, es una vía más para vivirlo, un estilo de vida, así que… a rodar!!!

Ro

Subir y bajar en tierra potosina

De esas rutas que uno quiere recorrer, pero por una u otra razón, no se lograba conjurar a los dioses del camino, de la bajada y la subida para poder dirigir nuestras ruedas por el sendero adecuado.

Pero todo llega cuando debe de. Es otra enseñanza de las miles que la bicicleta me ha dado; la paciencia es un ingrediente indispensable en la vida. Siempre llega ese fin de semana en que coincides con los compas para rodar esa ruta esperada; siempre llega esa fuerza para subir la trepada en la que desde hace tanto te tenías que bajar de la bici; siempre llega esa firmeza en el manubrio para sortear la bajada que te hacía frenar.

Así fue, hace pocos fines de semana nos tocó rodar más allá de “las antenas”… esas que se ven desde casi cualquier punto de San Luis Potosí capital, hacia el oriente, en plena puerta de entrada a la sierra de Álvarez.

Nomás 868 mts de altimetría y una distancia de 45 kms aprox. Arrancando en el entorno semi-árido que rodea a la capital potosina, ir subiendo poco a poco por bosquecillos de robles y encinos, seguir la carretera por unos kilómetros hacia, ganando altura todavía, hasta que de repente estamos inmersos en un hermoso bosque de pinos y tierra roja.

Gozando de aire puro y brisa fresca y la excelente compañía de algunos de los Lizzards; Toño, don Rubén, Harim y el retoño Harel, César F, César R, Carlos, Alex, Olivier, Ernesto! Qué fortuna de tan buena guía.

Y luego de llegar al punto alto, donde ya los árboles van dejando paso a las rocas de las cimas, bajamos hacia las colinas cercanas a Villa de Zaragoza, donde dejamos atrás el bosque y volvimos a la semi-aridez potosina, que nada que ver con la camaredía y la gran amistad de estos colegas de tierras potosinas, con quien podemos compartir una gran rodada, apoyarnos al brincar los lienzos y claro, departir una cerveza por aquello de la rehidratación… salud!

Y a seguirle no? Que la bici no se anda sola… a rodar!!!

Ro