Convencer…

Convencer según el diccionario de la lengua española es “incitar, mover con razones a alguien a hacer algo o mudar de dictamen o de comportamiento.” Y eso me mueve a tratar de que otros se unan a rodar y disfrutar lo que es “andar en bici”.

A veces me doy de topes por no entender porque los otros no se animan o que me falta en mi “convencimiento” para ser efectivo. Error… una equivocación que creo que muchos “ciclistas” tenemos y que nace en el orgullo. Bueno, hablando de mi, nace en esa “suficiencia” que se sostiene en las palabras. Y ahí está el detalle (diría Cantinflas), la bicicleta no rueda por las palabras… no espera nuestro “arre”, ella espera nuestro esfuerzo, nuestra acción de pedalear.

Ahora que lo pienso un poco más lo veo claro… “convencer” a otros de rodar no nace de un buen discurso o palabras bonitas, claro, puede ayudar esa narración emocionada de una rodada entre la brisa y el viento de primavera. O los verdes sembradíos salpicados con prados de esas flores moradas o amarillas que aunque duran unas pocas semanas te dejan el recuerdo para todo el año.

Estoy seguro hoy, que la espinita de rodar se transmite rodando, se transmite dándose el gusto de subirnos a la bici y que nos vean, simplemente eso. Ya sea con las bermudas y la camiseta en el camino al trabajo, con la mochila y la parrilla atrás… eludiendo carros, camiones, motos y transeúntes… o sea camino al bosque, enmallado y con el jersey impecable o al regreso, enlodados y cansados.
Fíjense bien cuando se topen con otro ciclista, sea
que vayan en carro, caminando o en la bici… (oh la bici!)… no se detengan en la primera vista del rostro, sino que vean más en el fondo… detrás del rostro, descubran la sonrisa, la satisfacción de ir rodando, de moverse por sí mismo, por disfrutar un rato de vida a ese propio ritmo, si lo dudan, sonríanle al ciclista, háganle su seña de “ánimo”, y verán la respuesta… se verán a sí mismos, rodando.

Hasta la próxima!