La brecha larga a Torre 3, a todo dar

Este fue uno de esos días con sus dificultades. Varios obstáculos antes y durante la rodada sabatina; despertarme tarde, salir a toda prisa de casa para tratar de recuperar algo del tiempo arrebatado por las sábanas y darme cuenta que había olvidado mis zapatos parala bici en casa… y con huaraches no iba a poder amarrarme a las grapas, desperfectos mecánicos…

Pero vámonos paso a paso… volví a casa, tomé lo olvidado y retomo el camino avisando por celular que no me esperaran, que arrancaran, Yo los alcanzaría, luego me dí cuenta que mis mensajes no llegaron sino hasta muchas horas después. Pero en fin, ya estaba en el punto de arranque y dándome prisa, arranqué para buscar alcanzar a mis compañeros de rodada.
Con todo y la tardanza, tomé mi ritmo, con la esperanza de que los pudiera alcanzar, seguramente luego de la bajada Obsidianas, una hora y medio después de mi inicio. No había porque quemarme desde el principio, luego de la bajada a Obsidianas vienen cerca de 15 kilómetros de columpios y pendientes escondidas, de ésas que no se ven pero ah! Cómo se sienten! Esperaba poder empujar en ese tramo y llegar a ellos. Así llegué al puerto de Obsidianas e inicié un descenso con el doble de precaución, ya que de por sí, esta bajada es de riesgo, mejor ir más prudente, cuando uno la baja en solitario. Aunque no lo fue del todo, ya que más o menos me encontré con Marcos y con Víctor, que había ponchado llanta y aparte descubrió que el freno delantero había perdido un alambrillo que las sujeta y permite su correcto funcionamiento. Ante la falta de esta parte, nos dimos a la tarea de hacer lo que mejor hace un ingeniero: improvisar!, y tomamos una tirita de plástico de una tapa de aceite más una liga de caucho de una de las cámaras de repuesto, para hacer la labor del “dispositivo sujetador-estabilizador” de balatas delanteras. Con esta obra de arte ingenieril retomamos ruta, ahora en pos de Liz y Javier que ya se habían adelantado.

No más de cinco minutos adelante nos topamos con un regalo de nuestro bosque, un venado cola blanca, pasó por delante de nosotros unos 30 metros, saltando de una arboleda a otra, brincando el camino de un solo salto, sin tiempo para poder sacar cámara, y con su modestia, no quiso detenerse y siguió, lo mismo que nosotros, hacia el arroyo seco, que marca el final de la bajada de Obsidianas.

Ahí reagrupamos con Javier y Liz y ahora si, nuestro grupo iba completo. Los cinco emprendimos hacia la meta del día, la Torre 3 por el camino largo, cruzar el arroyo del valle del halcón, el manantial, la planicie reforestada y bordear las faldas del cerro de San Miguel, para al final atacar la subida y llegar al “árbol” de la Torre 3.

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Aquí Marcos, unos momentos previos a su demostración acrobática

Antes de llegar al llamado punto “aeropuerto” (hay un letrero de unos 30 años de antigüedad) que anuncia algún aeropuerto… Marcos hizo gala de su flexibilidad y reflejos, al caer mientras íbamos en una interesante plática y mostrarme una técnica muy depurada de bajada de la bici al caer en una zanja, cayó sobre su hombro izquierdo pero rodó en una marometa casi de 10, y siguió el hilo de nuestra plática, con la salvedad de un golpe en su rodilla… vaya que a eso le llamo flexibilidad física y mental!

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Aqui el Vic, con mucho ánimo entre su primera y segunda “ponchada”

Unos metros adelante reagrupamos nuevamente y arrancamos con una temida bajada… ya que viendo la Torre allá “arriba” es señal inequívoca de que eso que bajaremos lo tendremos que volver a subir… y ya llevábamos 30 kilométros rodados en ese momento.

Aquí encabecé el grupo sólo durante la bajada, unos 200 metros, para pasar un vado seco e iniciar la irremediable trepada hasta el árbol, un tramode casi 6 kilómetros que hace realmente valer la rodada… pero aquí empezó mi duatlón no programado… no bien iniciaba la subida quise cambiar la velocidad hacia estrellas traseras más grandes para aligerar el pedaleo, pero me dí cuenta de que no se aligeraba el cambio, es más se botó el cambio a la estrella más pequeña, que sirve más bien en terrenos planos y pendientes hacia abajo… ahí me iban pasando todos y no me quedo más que bajarme y ver el daño. Descubrí que el plástico que recubre el chicote de cambió se había rasgado y abierto por enfrente del manubrio, ¿cómo?, no lo se, y de 27 velocidades, mi bicicleta se convirtió en una bici de 3 velocidades… “pesada”, “algo pesada” y “muy pesada”…

La causa de mi hicking de la trepada al árbol de T3...nomás poquito abierto...
La causa de mi hicking de la trepada al árbol de T3…nomás poquito abierto…

Y en ese punto de esa ruta no hay opción… o subes o subes… regresarme no es opción, seria rodar 10 kilometros de regreso para si! Subir Obsidianas… mejor sería subir por aquí hasta el “árbol” y ya de ahí bajar por la otra cara del cerro de San Miguel hacia la puerta verde y “salsipuedes” que a mi parecer era salvable, aún con mi tri-velocipedo….

Empecé a trotar, ahora siendo yo quien llevaba a mi bici, pensándolo bien, es bueno de vez en cuando poder valorar el esfuerzo que hacen nuestras poderosas alumínicas llevándonos por todos los caminos, trepadas y bajadas que nosotros decidimos, ahora me tocaba a mi llevarla. Con todo y yendo “pie a tierra” alcancé a Liz y a Marco, que iban forzosamente trepando en sus baikas, con esto se darán cuenta de lo pesada de esta subida, la pendiente hace que alguien en bici y alguien a pie vayan casi a la misma velocidad… en momentos la pendiente cedía un poco y yo aproveché para con mucho esfuerzo (pedaleando con el corazón diría Charly), y sobre pedales poder aventajar un poco del camino, aunque creo que nunca logré rodar más de 100 metros continuos. Más bien esta vez, la subida la contaría como un hicking plus, ya que el caminar la subida con zapatos con grapa y empujando bici, si se lleva algo de esfuerzo, la neta.

Alcancé a Víctor en un punto mientras el también hacia frente a su propio reto de superar el adormecimiento de los dedos de su pie, tenía que detener la marcha y recuperarse, mientras yo continuaba mi trepada, a momentos trotando, otras caminando y hasta en un momento dado, cargando en vilo mi bicicleta para salvar un terreno algo escabroso…

Fue una delicia dar vuelta en la curva y ver el “arbol”, casi 6 kilómetros después de descubrir el chicote roto. 50 minutos aproximadamente de ciclismo de montaña en modo hicking. Ahí esperaba Javier, recobrándose de la trepada también, me senté ahí en el “árbol” para reparar una de las grapas, que se había “torcido” en la andada, imagino que en alguno de los pasos con mucha piedra en el suelo. Mientras iba reponiéndome de mi caminata-trotada-cuasi pedaleada, y con unos tornillos prestados del calzado (que realmente no estaba utilizando) ya que no traia pedales de grapas, reparé mi zapato, mientras iban llegando Marcos, Liz y Víctor. Yo ya había decidido no seguir hasta la torre, lo demostrado, demostrado estaba. Y los demás también decidieron que esta vez podíamos volver desde este punto, por la cornisa y enfrentarnos al “salsipuedes”.

Dicho esto

La segunda ponchada del Vic, aprovechamos para tomar algo de aire...
La segunda ponchada del Vic, aprovechamos para tomar algo de aire…

emprendimos la bajada, y casi llegábamos a la puerta verde cuando Víctor descubrió que había ponchado nuevamente, pero ahora de la otra llanta. Nos detuvimos para las labores de parchado doble, a la cámara y la propia llanta, ya que esta presentaba una pequeña rajada.

Reparada la llanta, emprendimos hacia el último trecho de nuestra jornada, directos desde el centro del bosque por el “camino ancho” hasta llegar a postes, entre 12 y 13 kilómetros de voluntad pura. Cada uno de nosotros sorteando este tramo, contra sus propios retos, sus propios demonios podría decir.

2 comentarios en “La brecha larga a Torre 3, a todo dar”

  1. Muy Buena cronica una vez mas, mi estimado Ro,
    Este tipo de eventualidades son las que a mi gusto sacan mas a flote ese espiritu de guerrero que tiene por opcion el cumplir su cometido, importando poco los obstaculos que se aparezcan en el camino.
    Una de las cosas que hay que resaltar siempre es que rodar con Amigos es una garantia de que saldras de cualquier dificultad pues aunque a diferentes ritmos y con diferentes objetivos todos se cuidan y aseguran que los mismos que emprendieron la ruta son los mismos que la terminan.
    Un abrazo, FerS

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