Rodando con mi amiga soledad…

Nada que ver con esas visiones nostálgicas y melancólicas de la soledad, todo lo contrario. Fueron kilómetros de una intensa comunicación de mí, conmigo. Momentos que considero, deberían de formar parte de nuestro habitual andar, y también en el rodar.

No podemos descubrir la riqueza de la soledad si no disfrutamos de la compañía, lo mismo que no podemos descubrir el valor del grupo si no amamos el estar únicamente con nosotros mismos.

Hace un par de días tuve la dicha de comprobarlo plenamente. Iniciamos temprano como de costumbre, ascendiendo ese tramo que nos lleva a la planicie del bosque, para luego ir dejando que la brecha nos engullera y nos transportara a la velocidad del halcón serpenteando entre sus colinas y cañadas. Íbamos algunos de los de siempre; Charly, Rober, Adrian, Paco y una invitada de último momento, Mayra si mal no recuerdo. 

Aprovechamos la pendiente que nos metía más y más al bosque, era como en las películas clásicas de mi infancia, me sentía el Han Solo saltando al hiperespacio, viendo como en mi periferia visual, los arboles no eran sino manchones verdes que se torcían mientras mi alumínica y yo nos deslizábamos sobre la brecha. esquivando los guijarros y grietas cual si fueran naves del imperio o de los sith.

Luego vino el descanso dejando la brecha y sorteando el single track que nos depositó a la salida del bosque. Tuvimos frente a nuestra vista el valle de San Isidro, con el polvo levantándose a nuestro paso llegamos a la bifurcación que me separo del grupo y me llevo a este regalo que me di a mí mismo. Y en un santiamén me encontré rodando a mis anchas, a mi paso, a mi propio destino (zas, hoy debería escribir un guion…jeje).

Con todo y este dejo de dramatismo, puedo asegurar que es una dicha rodar en soledad, claro, como lo es también rodar en medio del pelotón. Pero bueno, esta vez me dí el momento, la oportunidad de rodar así, simplemente disfrutando el sonido de mi bici sobre el camino.Pasé por donde otros días he pasado junto con otros y saboreé los recuerdos endulzados con mi momento actual. Escuché a mi mente y la dejé platicar con mi espíritu, creo que se la pueden llevar bien, solo necesitan conocerse un poco más. Juntos creo que podremos llegar mucho más lejos de lo que cualquiera de nosotros creemos.

Y así fui regresando a mi punto de arranque, fui arremetiendo a mi cansancio y marcando mis nuevas marcas, mis nuevos puntos a superar, mis nuevos records. Sin el afán de demostrarle a alguien más, ¿qué mejor manera de saberme capaz que demostrármelo a mí mismo? Que mejor manera de saber que lo logré, que recordando lo rodado desde las 7:20am y verme de nuevo, a las 11:00 rodando rumbo a casa.

Ro

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1 respuesta

  1. Anonymous dice:

    Wow!!!!!

    Digno de un escritor, tu manera de transportar a los que no fuimos a ese lugar.

    Inspiras las mentes hermanito.

    Sigue escribiendo!!!!!!!!

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