Santa Genoveva Batman!

Listos. Carros apagados y en modo “Ahí nos esperan, va?” Y ya los dieci-tantos preparando cada cual a su propio córcel de aluminio… bueno, creo que por ahí hay uno que otro carbonífero… pero al final, todos córceles…

Vaya que me gustan las rutas trepadoras, rima con retadoras. Y vaya que esta ruta lo es. Y eso que sólo “exploramos” la versión de 30kms del maratón. Hay otra que es agregarle unos 20kms más, pero bueno… sólo rodamos esos 30kms que bien valieron la pena. Aquí enseguida pueden ver el trazo que quedó para la posteridad digital en Strava:

Esta es la altímetria:

Esa primera trepada que viene luego de cuatro kilómetros que te van emocionando es cortante, tajante. Es altiva cual una María Félix en su esplendor. Fue el primer jalón tipo acordeón para el grupo, de ir todos en formación serpiente al salir de la comunidad donde dejamos los autos, nos convertimos en un hilo que se extendió a lo largo de los tres kilómetros de la trepada. Si bien pudieran pensar que no es tanto como en Xicote, en bosque la Primavera, el Vallartazo, Real de Catorce, he aprendido a dejar de comparar parajes y rutas… cada sitio tiene lo suyo. Y Cerro Prieto-Santa Genoveva no es la excepción.

Arrancas con el vuelo de un par de columpios y te vas dando cuenta como el velocímetro va disminuyendo el dígito hasta comprobar que ya tienes calor, que el jadeo de tu respiración no es por el viento sino por el esfuerzo. Luego sin menguar la inclinación de la subida, sumas el empedrado. Pudiera parecer ayuda, pero descubres que cada pedaleada es la batalla contra un mini-tope, un micro-escalón. Al menos yo, no veo manera de tomar cadencia en la trepada y esto me va desgastando.

Es entonces cuando hago uso de la excusa, o mejor dicho, el argumento 12.5… me detengo para quitarme la chamarra (y si, recobrar el aliento). Luego de un par de minutos, se me unen en el argumento Luis “Porras” y el Toño y nos detenemos un poco para “quitarnos la chamarra”. Me siento con fuerza y reanudo la subida. Y a los pocos minutos pie tierra de nuevo, no hay excusa, simplemente yo siento que el empedrado esta aún más rugoso y prefiero seguir caminando. Hasta que mi orgullo se alza cual neblina en la mañana, y me monto de nuevo en mi baika y retomando fuerzas de mi reserva, logro culminar la trepada, con foto y todo, jeje.

Ahí nos esperamos un rato porque hubo otros que necesitaron más tiempo para sortear la subida y aparte la bicicleta de Harel sufrió un desperfecto que ameritó la solución “cincho” (en otro post la explicaremos). Pero bueno, baste decir que esto obliga a dejar a un lado los cambio por una falla en el chicote del desviador trasero.

En fin, creo que estuvimos en la cima no menos de 20 minutos, lo que nos dió oportunidad de tomar algunas fotos que no se si le hacen honor a la magnitud de la vista, yo creo que para algunos lados eran no menos de 100 kilómetros de vista que podíamos alzanzar a vislumbrar… seguramente esta meseta funcionó como una Masada para los antiguos nativos de estas tierras.

Una vez que reiniciamos la rodada nos tocó una bajada de regalo. Pero de cuidado también, Así como hubo pendiente al subir, tuvimos una bajada llena de adrenalina y derrapes, más de alguno sintió que se iba… pero de largo hacia una pendiente sin camino si no se tenía precaución. Esto hasta llegar a una primera desviación justo a un lado de la presa Santa Genoveva. Este es un rincón de esos que no se documentan en las rutas turísticas pero que no le piden nada a ninguna. Es un paraje escondido que no descubres hasta que no estas bordeándola. En este paisaje árido, como lo ven en las tomas de arriba se combinan con pinos chaparros, cañadas cubiertas de arbustos junto a cactáceas y tierra seca que se enmarcan con la vista de la presa.

Aquí ya después del “downhill”, se ve leve, pero al fondo esta la meseta, a la que por el otro lado trepamos… aquí se separaron Harim y Harel, por falla mecánica.

De aquí hay que seguir pagando el paseo, vienen una serie de columpios que se ven dominados por subidas, unas de ellas francas subidas pero otras de esos “falsos planos” que hacen que el sudor no deje de fluir. Ahí fue cuando en una “subidita” sentí como unas gotas de sudor eludían mi “buff” en la cabeza y se iban escurriendo por mi frente hacia mis ojos… pero no podía, no quise detenerme. Era necesario seguir mi ritmo -ahora que podía- ya no había tanta piedra, y yo había logrado cierta cadencia en mi pedaleo, levantando, jalando, empujando, jalando… pero las gotas de sudor no lo entendían y seguían bajando… hasta llegar a mis ojos, en dónde produjeron no vapor sino ardor… se combinaron ahora lágrimas y sudor en un baño que me hacía querer cerrar los ojos, pero no podía hacerlo so riesgo de toparme en el camino con alguna piedra, o una grieta que llevara toda mi humanidad a ser depositada en el suelo…

Seguí así unos segundo y me convencí de continuar pedaleando, no soltando el manubrio, parpadeando y pensando que estaba simplemente lavando mis globos oculares… afortunadamente terminó esa “subidita” y pude tomar algo más de velocidad que ayudó a secar en algo el sudor de mi frente y me permitió por segundos meter mi enguantado dedo entre lente y rostro para limpiar un poco del exceso de agua, así pude llegar indemne a la “tiendita”, último punto de reunión antes de retomar el último trecho de de la ruta por un single-track en plano y luego varios kilómetros de pavimiento por la misma carretera que de inicio nos había llevado a Cerro Prieto. Ahí no tuve más que hacer línea con Don Rubén, viejo lobo de mar, y en conjunto con Hugo nos fuimos apoyando a modo “ruteros” para cortar viento y empujarnos unos a otros hasta que Hugo quedó atrás y seguimos don Ruben y yo el último trecho hasta arribar al punto de arranque que era a la vez el punto final.

Ruta de lujo, Santa Genoveva, a qué guerrera!. Nos la hizo pagar pero como un bueno negocio, nos ofreció lo mejor de estos parajes, sol, viento, tierra seca, agua, sombra(casi nada), pinos, cactus, subidas, bajadas, más subidas y una sin igual compañía!

Excusa perfecta para de regreso llegar por unas gorditas de horno y por qué no? Una que otra cerveza aderezada de una exquisita charla!

Salud!

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