Archivo de la etiqueta: Ciclismo

de epidemias algodones rodillos y horizontes

Desde que empezó esto de la cuarentena pensé en cuál sería el giro de mis reseñas. Sin salidas a rodar, escribir sobre la epidemia y sus consecuencias. Luego llegan los pensamientos políticos, los dimes y diretes hacen eco en mi cabeza y enturbian mi sentir. Que la conspiración marca pato, la marca pangolín, la marca azteca, lo que dicen unos, lo que no dicen otros. Y al final, no escribo nada… hasta hoy.

Si, vamos escribiendo, simplemente por escribir. Así como rodamos simplemente por rodar.

Por lo que haya sido, lo que sea que este encierro “sugerido”, es el inicio de algo nuevo al parecer. Y toca hacer conciencia a cada uno, de lo que va a hacer de aquí en adelante. Dejarse consumir por el miedo, por la desconfianza, la paranoia? O tomar lo mejor y mirar hacia adelante con optimismo por lo que podemos hacer de una mejor manera en los días y meses por venir? (por si vienen)

Por lo pronto he escuchado mucho, de muchos y si, es ya esta siendo cansado atender a tantas teorías conspiracionistas y otras tantas posturas tan superficiales como la del “cabeza de algodón (o con algodón?) que se cree presidente(sabrá lo que  es eso) y que simplemente quiere aparecer en los billetes dentro de unos años (espero que no alcance ni para un renglón en los libros de texto… En fin ese es tema para otra entrega.

De momento voy a decir que estoy aprendiendo a rodar en estático, sin ser esto una clase de spinning. He rodado alrededor de lagos en Italia, y he subido algunas cimas de los alpes, he recorrido bosques en Alemania y he rodado también por las aceras junto a la playa de Santa Mónica, en los Ángles y otras en Andalucía. Muy interesante lo que se puede hacer con un rodillo, tu bicicleta y una pantalla con youtube frente a tí.

Como en varias peliculas he oído, “la libertad no es estar libre de paredes, sino no tener límites dentro de ellas…” Bueno algo así, y espero haberme dado a entender.

Y así, siendo este el día sesenta y tres de la cuarentena, trabajando desde casa, es momento de cerrar la oficina y ponernos a rodar… porque el horizonte es el límite!

Azul y verde

Y muchos otros colores que parecieran no existir, están ahí. Simplemente hay que tomar la bici y rodar unos minutos por las calles de mi ciudad hasta que éstas se convierten en un sendero que bordea una presa. La cañada del Lobo enmarca la presa que lleva su mismo nombre. No he revisado a detalle el origen de la presa, pero creo que era un repositorio de algún manantial y la cuenca natural de los escurrimientos de la frontera noreste de la Sierra de San Miguelito, antes de que su hilo de agua desembocara en lo que ahora es la calzada de Guadalupe, y el centro de San Luis Potosí capital.

Bellos lugares como este no hay muchos. No es necesaria aquí la exuberancia de la huasteca, es asimilar la humildad de estas tierras que con poco ofrecen mucho.

Aquí, apenas pasando la presa, se asoma una trepada que de tan solo verla ya te saca el aire…
Pagando el precio de la trepada, entre rueda y pie a tierra, viene el disfrute de una vista, tan lejana y tan cercana para los potosinos…
Una ventana al cielo con los pies bien puestos en la tierra, dirían algunos…

El azul y el verde son tan solo el marco en el que tonos marrones, cafés, blancos dan forma a mezquites, magueyes espadines, palmas pita y aún pinos comparten el terreno con biznagas, nopales y hasta caballos, que tranquilamente pacen en silenciosos planos entre cañadas.

 

Un maguey espadín, aquí tomando el sol con su arbusto amigo y una miriada de rocas, producto de miles de años de sol, viento y agua…
Aprovechando un hueco en las nubes, tomo la luz del sol prestada para esta toma… de lo rodado
Pinos enanos, encinos pigmeos, cactus, rocas y a lo lejos, la ciudad. Así me gusta… que lo primordial sea lo natural… o no?
Aquí estos amigos, gozando unos momentos de plácido desayuno, seguramente de la misma forma que hace cientos de años lo hacían sus antepasados, los primeros que habían llegado de la vieja Europa

Mi espíritu se expande al ver a mi alrededor, en mi mismo campo de visión los cerros que bajan a la ciudad, más secos y cubiertos de algunos arbustos y las montañas que se alzan cubiertas de arbustos verdes y pinos enanos… que dicha!

La ciudad, arrogancia por crecer = desarrollo mal entendido
La sierra, honor y lucha por prevalecer y darnos razón de ser… y estar

Así la vida nos regala a diario momentos, simplemente hay tomarnos un poco el tiempo para voltear a cada lado, si, quizás un poco de esfuerzo de nuestra parte, pero qué? de eso se trata vivir no es así? La vida es movimiento y no sólo estar sentado en un sillón.

Ro

Biznaga

Bellezas extrañas dirán algunos, peligrosas plantas dirán otros, la biznaga nos ayuda arrancar éstas líneas. Para mí esta cactácea es una muestra de los secretos que encuentro en cada rodada. Planta digna de un pasaje de ciencia ficción. Hermosa en su esencia, peligrosa en su humilde apariencia y en su aparente bajo perfil.

Sencilla pero adusta y agresiva ante quien no la respete.

 

Como en el ciclismo, a la larga la falta de humildad y respeto cobra.

Rodar en la montaña, en la pista, en la carretera no es tanto quién más o menos, es compartir una pasión y una manera de ver el mundo. Sin vidrios, sin cinturones de seguridad, sin carriles. Es el respeto y la inclusión la que hacen que rodar sea más que un deporte, un estilo de vida.

Podemos salir a las tortillas, a la escuela, al trabajo y en cada ocasión descubriremos algo nuevo cuando vas en bicicleta, al igual que esos fines de semanas vas encontrando nuevos amigos, nuevos paisajes, otros amigos y una que otra historia igual a la anterior pero “actualizada”. La magia de ser uno con esas dos ruedas, un manubrio y un sillín, en donde tienes que mandar y obedecer a la vez, esa aventura nos llena de logros y alimenta retos, nos regala un poco más de vida y da un poco más de espacio a nuestro espíritu….

O no?

Rodar

Rodar, suena simple, algunos quizás se acordarán de KungFu Panda 3 y la aldea de pandas…

Rodar, es así y puede ser más complejo, eso depende de cada quien

Rodar, es para unos salir de su cotidiano y apartarse para llegar a algún otro lugar.

Rodar, es para otros, más bien llegar al lugar que para ellos es el real y al cuál ansían regresar

Rodar, es una bicicleta, una vereda, un pedalear y dejarse llevar

Rodar, es verse con amigos de ocasión, e inventar una razón para salir a tomar… consejos

Rodar, es inventar una razón para perderse unas horas y soñar que el mundo es algo más

Rodar, es encontrar un porqué para regresar al mundo con nuevos bríos y capaz que cambiarlo

Rodar, es un manubrio, un par de ruedas, un casco, unos guantes y aguante para llegar

Rodar, es un amigo, una amiga, un grupo, un equipo, un esfuerzo y el tesón

Rodar, es no dejarse, continuar aún con cansancio, una caída, un susto, es seguir la senda

Rodar es ante todo para mí, un estilo de vida, porque no es algo aparte a mí, no es una actividad más que agrego a mis días, es una forma de moverme por la vida, es una manera de ver mi andar, es un cristal a través del cual descubro maravillas de este mundo y si, también de la gente que pasa a mi lado. Es ver mis acciones de una manera más humana, más cercana a lo que me rodea, escuchando de cerquita (Jalisciense, claro). Es sentir el aire mientras recorro mi ciudad (San Luis Potosí por el momento). Es ver de frente a mi prójimo, en la acera, esperando el semáforo, a través del cristal de un auto o de una casa, caminando por el parque o compartiendo la calle o el sendero conmigo por un momento.

Rodar es ver esta foto y ver más allá de la marca de la bici, ver más allá de un lienzo de piedras que tiene años ahí, es ver más allá de los nopales, los arbustos y la tierra roja (como la arcilla de mi bosque La Primavera o Tapalpa). Es descubrir que mi andar viene de más allá de esas montañas que se ven ahí, y que sé que allá hay otros que comparten mi sentir y en ese mismo momento están viendo hacia mí sin saberlo pero con consciencia de hacerlo, y eso nos hace ser más, y eso alimenta la esperanza de que este lugar si nos merece y podemos seguir aquí aprendiendo a amarlo sin destruirlo, conocerlo sin acabarlo, compartirlo sin pelearlo, cuidarlo sin separarlo…

Rodar, es esto y mucho más… chido sería que se motivaran con esta lectura a agregar una frase más

Ro

Vallartazo 2017

Oscuro, el negro de la noche lo cubre todo. Ni siquiera las estrellas se asoman. Ahora son las nubes quienes nos escoltan mientras vamos dejando atrás el pueblo de Mascota que apenas empieza a desesperezarse con los cantos de los gallos. Empezamos una vez más esta rodada épica.

Volteo atrás y veo ciclistas, miro adelante y veo a otros tantos. Voces quedas, el rumor continuo de las llantas sobre el camino rústico que nos va llevando a través de este valle alargado y todavía dormido, flanqueado por montañas y volcanes durmientes. Una vez más, para variar, tan igual y tan diferente. Es como la primera vez que la rodé. El nervio por el esfuerzo que sabemos que se avecina, la emoción de estar aquí, la alegría de disfrutar lo que me gusta, y estar rodeado de otros locos como yo, que pagamos por venir y rodar y rodar. Viejos conocidos y más viejos amigos que vamos compartiendo el camino. Nuevos amigos que se suman esta vez y se han animado a enfrentar el reto de rodar por esta sierra de mi tierra desde Mascota y llegar a la costa de Puerto Vallarta.

Los Valerio, los Fer, los Botargas, los Talas, los inteles (ahora más ex-inteles, jeje), los Greñas, los Estrella, los Gallo, las Chicas, los Oscar,  los Nuevos, los no-tan-nuevos, la porra y todos convocados por el Kaiser. Esta gracia, esta bendición de estar unidos todos en el mismo reto, a la vez de que cada uno lleva consigo su propia meta, su nuevo logro en mente… terminar, llegar en menos tiempo, no bofearse, no pararse en la subida de la pared, no deshidratarse… Esto es el ciclismo de montaña amigos, estos es vivir al 100%!

 

Primer día, nos toca recorrer de Mascota a San Sebastián del Oeste. Una ruta de 50 kilómetros aproximadamente y unos nada despreciables 2,500 metros de trepada acumulada que se presentan desde los primeros pedaleos. En el kilómetro 11 viene la primera prueba, la trepada de la “pared”… de 1,600msnm subimos a unos 2,000 msnm. En poco más de 4 kms.

Y bueno eso no es todo, porque luego de ilusionarnos en una bajada espectacular de cerca de 5 kms, debemos retomar camino hacia arriba para llegar y rozar los 2470 msnm en el punto más alto del recorrido y luego, los últimos 8 kilómetros serán una bajada hasta el mágico pueblo de San Sebastián del Oeste, enclavado en la la sierra madre occidental.

Todo este recorrido lo rodé en algo más de 6 horas, yendo junto con compas… Lasa, don Vic, el Rober y otros amigos de ruta, María y José, el Greñas, Manuel, Erika y Jessy, y otros tantos que tengo en la mente aunque no tenga sus nombres… porque estas rutas nos enseñan que todos vamos juntos, aunque en momentos no nos veamos, compartimos una meta y cada uno va al ritmo que cada uno se marca, simplemente. Vamos disfrutando, saboreando, en la auto-exigencia, con el cansancio, no hay duda, pero en la certeza que disfrutamos todo lo que vemos, oímos, olemos, sentimos… con nuestros sentidos, pero sobre todo con nuestro espíritu y nuestro corazón…

 

 

 

 

Mi fiel compañera de dos ruedas:

 

 

 

 

 

 

 

Luego de unas reparadoras tarde y noche en San Sebastián del Oeste (una pequeña muestra es la comida en la fonda de Lupita),

 

el grupo se vuelve a reunir para el arranque, algo después de las 7 de la mañana en la salida del pueblo. Y los treinta y tantos que seguimos (alguna bici sufrió falla mecánica y algún ciclista decide no continuar), arrancamos ahora hacia Puerto Vallarta.

Cualquiera pensaría (yo lo pensé la primera vez que rodé el Vallartazo) que el segundo día sería una perita en dulce, fácil, descansado, simplemente bajar a la playa. ¡Pues no!, es una rodada de otros 50 kms aproximadamente, que nos lleva a subir la parte frontal de la sierra madre occidental 3 veces si mal no recuerdo. Y acumulamos sus nada despreciables 1,000 metros de trepada. Eso sí, los paisajes son majestuosos, para muestra, chequen las fotos de algunos de los parajes que quise captar con mi lente… es una experiencia única rodar en el bosque alto, con pinos y encinos, y luego bajar a vegetación más húmeda, árboles tropicales, selva tal cual, en dónde cruzamos arroyos no una, no dos, sino cerca de 20 veces. Ni que preocuparse de secar tus pies ni la bicicleta, porque vas a seguir cruzando agua, ya tu bicicleta empieza a sonar como esas viejas tortillerías del barrio. Y luego vuelves a subir, y de nuevo bosque de pinos, y bajas otra vez, y así de nuevo. Pisas arcilla, tierras negras, tierras cafés, piedras de arroyo y lodo… mucho lodo que no te permite rodar siquiera una pedaleada. Hay que solidarizarnos con nuestra montura y cargarla para poder pasar, mientras te hundes en el fango hasta el tobillo.

Una de las bajadas que nos impulsan para cruzar cual saetas en el espesor de la selva

 

La bulera, un oasis, en el oasis

 

Rober, como todos nosotros aprovechando unos minutos reuniendo fuerza para la siguiente trepada

 

Aquí en una tinajita en el remanso del último arroyo que cruzamos, ya en pos del último impulso antes de completar la faena

 

Todo esto es la aventura y como tal lo recibimos, lo vivimos, lo gozamos, hasta que viene la bajada “larga” que nos deja ya a nivel de mar y en la parte oriental del valle de bahía de Banderas, sólo quedan 10 kilómetros por rodar, casi todo plano, ya con un camino muy hecho, sientes la humedad de la costa y saboreas la sal del mar que pareciera escucharse a lo lejos, allá donde si uno se fija a través de la bruma se ven las torres de hoteles y condominios. Pero nuestra parada nos lleva al crucero el Colorado, a pie de carretera, unos kilómetros antes de Puerto Vallarta, ahí nos espera el camión y ahí vamos llegando todos los aventureros, que gracias a dios, a la habilidad de cada uno y la solidaridad de todos, lo hemos logrado una vez más, cansados, sudados, pero más vivos que en la mañana, satisfechos y felices por vernos de nuevo, por haber compartido juntos una aventura más y por regresar para poder contar esta aventura sin igual!

 

¡A rodar!

NOS OIMOS ESTE VIERNES 6 de OCTUBRE:

En Bicicleta
También este viernes escucha a Rogelio Castillo quien nos platicará de su proyecto Rodando mi tierra!!! 5:00 pm en Radio Vital 1310 AM