2 May

una vista muchas miras

Cuando rodamos nos encontramos con la magnificencia de un planeta lleno de vida. Podemos ver más allá de lo evidente (diría León O). Rodando, nuestra visión se extiende más allá de las paredes y ventanas de oficinas, talleres, casas y edificios de la ciudad. Descubrimos que no venimos para simplemente pasar los días yendo y viniendo en carros, camiones o mulas. Se descubren ante nosotros parajes que casi no caben en nuestra mirada, así simplemente porque llegamos ahí.

Pero no como milenials que creen que por ser y estar ya lo merecen todo… el ciclista tiene que esforzarse para merecerlo, tiene que moverse por si mismo, caerse y aprender a levantarse para poder llegar y recibir la inesperada recompensa de que en nuestra pequeñez, somos grandes y somos dichosos herederos de una tierra que no es para nosotros… nos es prestada para cuidarla y hacerla llegar a los que vienen después de nosotros.

Simplemente ve…

Gracias al modelo, Toño, si ahí va… encuéntralo
18 Dic

Viene la loma

Pues nos estamos acercando a la época del año que nos invita a disfrutar con la familia, con los amigos. Vienen los días de fiesta y si no nos cuidamos, de comilonas que estaremos llevando a nuestras rodadas al inicio de 2019. Así que a disfrutar cuidando no abusar del pavo, del ponche, los tamales, el atole, la rosca y la sidra, je je.

Aumentan las comidas y disminuyen las rodadas. Tratemos de que la ecuación se mantenga positiva y evitemos llevar esos kilitos de más en Enero a las brechas… Creo que más que ustedes queridos lectores, estas líneas son para mí, je je.

En fin, ahora si aviso que voy a dar un descanso al blog. Tomaremos fuerza para regresar a las rodadas con todo en el siguiente año y planeando los objetivos a alcanzar durante 2019. Vayan pensándolos y estemos listos para compartirlos, porque cuando se publican, se cargan de energía para ir tras ellos. No te los guardes. 

Vienen nuevas rutas, nuevas rodadas, más kilómetros ante nosotros, más que compartir con todos…

Allá, el horizonte es el límite…
Para saber qué es lo que hay más allá, no hay más que empezar a rodar!
A veces no habrá seguridad de ver que hay, pero si no lo rodamos no lo descubriremos.
4 Oct

Vallartazo 2017

Oscuro, el negro de la noche lo cubre todo. Ni siquiera las estrellas se asoman. Ahora son las nubes quienes nos escoltan mientras vamos dejando atrás el pueblo de Mascota que apenas empieza a desesperezarse con los cantos de los gallos. Empezamos una vez más esta rodada épica.

Volteo atrás y veo ciclistas, miro adelante y veo a otros tantos. Voces quedas, el rumor continuo de las llantas sobre el camino rústico que nos va llevando a través de este valle alargado y todavía dormido, flanqueado por montañas y volcanes durmientes. Una vez más, para variar, tan igual y tan diferente. Es como la primera vez que la rodé. El nervio por el esfuerzo que sabemos que se avecina, la emoción de estar aquí, la alegría de disfrutar lo que me gusta, y estar rodeado de otros locos como yo, que pagamos por venir y rodar y rodar. Viejos conocidos y más viejos amigos que vamos compartiendo el camino. Nuevos amigos que se suman esta vez y se han animado a enfrentar el reto de rodar por esta sierra de mi tierra desde Mascota y llegar a la costa de Puerto Vallarta.

Los Valerio, los Fer, los Botargas, los Talas, los inteles (ahora más ex-inteles, jeje), los Greñas, los Estrella, los Gallo, las Chicas, los Oscar,  los Nuevos, los no-tan-nuevos, la porra y todos convocados por el Kaiser. Esta gracia, esta bendición de estar unidos todos en el mismo reto, a la vez de que cada uno lleva consigo su propia meta, su nuevo logro en mente… terminar, llegar en menos tiempo, no bofearse, no pararse en la subida de la pared, no deshidratarse… Esto es el ciclismo de montaña amigos, estos es vivir al 100%!

 

Primer día, nos toca recorrer de Mascota a San Sebastián del Oeste. Una ruta de 50 kilómetros aproximadamente y unos nada despreciables 2,500 metros de trepada acumulada que se presentan desde los primeros pedaleos. En el kilómetro 11 viene la primera prueba, la trepada de la “pared”… de 1,600msnm subimos a unos 2,000 msnm. En poco más de 4 kms.

Y bueno eso no es todo, porque luego de ilusionarnos en una bajada espectacular de cerca de 5 kms, debemos retomar camino hacia arriba para llegar y rozar los 2470 msnm en el punto más alto del recorrido y luego, los últimos 8 kilómetros serán una bajada hasta el mágico pueblo de San Sebastián del Oeste, enclavado en la la sierra madre occidental.

Todo este recorrido lo rodé en algo más de 6 horas, yendo junto con compas… Lasa, don Vic, el Rober y otros amigos de ruta, María y José, el Greñas, Manuel, Erika y Jessy, y otros tantos que tengo en la mente aunque no tenga sus nombres… porque estas rutas nos enseñan que todos vamos juntos, aunque en momentos no nos veamos, compartimos una meta y cada uno va al ritmo que cada uno se marca, simplemente. Vamos disfrutando, saboreando, en la auto-exigencia, con el cansancio, no hay duda, pero en la certeza que disfrutamos todo lo que vemos, oímos, olemos, sentimos… con nuestros sentidos, pero sobre todo con nuestro espíritu y nuestro corazón…

 

 

 

 

Mi fiel compañera de dos ruedas:

 

 

 

 

 

 

 

Luego de unas reparadoras tarde y noche en San Sebastián del Oeste (una pequeña muestra es la comida en la fonda de Lupita),

 

el grupo se vuelve a reunir para el arranque, algo después de las 7 de la mañana en la salida del pueblo. Y los treinta y tantos que seguimos (alguna bici sufrió falla mecánica y algún ciclista decide no continuar), arrancamos ahora hacia Puerto Vallarta.

Cualquiera pensaría (yo lo pensé la primera vez que rodé el Vallartazo) que el segundo día sería una perita en dulce, fácil, descansado, simplemente bajar a la playa. ¡Pues no!, es una rodada de otros 50 kms aproximadamente, que nos lleva a subir la parte frontal de la sierra madre occidental 3 veces si mal no recuerdo. Y acumulamos sus nada despreciables 1,000 metros de trepada. Eso sí, los paisajes son majestuosos, para muestra, chequen las fotos de algunos de los parajes que quise captar con mi lente… es una experiencia única rodar en el bosque alto, con pinos y encinos, y luego bajar a vegetación más húmeda, árboles tropicales, selva tal cual, en dónde cruzamos arroyos no una, no dos, sino cerca de 20 veces. Ni que preocuparse de secar tus pies ni la bicicleta, porque vas a seguir cruzando agua, ya tu bicicleta empieza a sonar como esas viejas tortillerías del barrio. Y luego vuelves a subir, y de nuevo bosque de pinos, y bajas otra vez, y así de nuevo. Pisas arcilla, tierras negras, tierras cafés, piedras de arroyo y lodo… mucho lodo que no te permite rodar siquiera una pedaleada. Hay que solidarizarnos con nuestra montura y cargarla para poder pasar, mientras te hundes en el fango hasta el tobillo.

Una de las bajadas que nos impulsan para cruzar cual saetas en el espesor de la selva

 

La bulera, un oasis, en el oasis

 

Rober, como todos nosotros aprovechando unos minutos reuniendo fuerza para la siguiente trepada

 

Aquí en una tinajita en el remanso del último arroyo que cruzamos, ya en pos del último impulso antes de completar la faena

 

Todo esto es la aventura y como tal lo recibimos, lo vivimos, lo gozamos, hasta que viene la bajada “larga” que nos deja ya a nivel de mar y en la parte oriental del valle de bahía de Banderas, sólo quedan 10 kilómetros por rodar, casi todo plano, ya con un camino muy hecho, sientes la humedad de la costa y saboreas la sal del mar que pareciera escucharse a lo lejos, allá donde si uno se fija a través de la bruma se ven las torres de hoteles y condominios. Pero nuestra parada nos lleva al crucero el Colorado, a pie de carretera, unos kilómetros antes de Puerto Vallarta, ahí nos espera el camión y ahí vamos llegando todos los aventureros, que gracias a dios, a la habilidad de cada uno y la solidaridad de todos, lo hemos logrado una vez más, cansados, sudados, pero más vivos que en la mañana, satisfechos y felices por vernos de nuevo, por haber compartido juntos una aventura más y por regresar para poder contar esta aventura sin igual!

 

¡A rodar!

NOS OIMOS ESTE VIERNES 6 de OCTUBRE:

En Bicicleta
También este viernes escucha a Rogelio Castillo quien nos platicará de su proyecto Rodando mi tierra!!! 5:00 pm en Radio Vital 1310 AM

 

7 Jun

Al mirador de Techaluta y de regreso…

¿Cuántas veces habré ya rodado estos caminos y terracerías? He cruzado estas colinas y estos valles muchas, muchas veces… y cada vez es como si fuera la primera vez!!!

Tomo mi bicicleta, me impulso a mi mismo en los pedales y tan solo dejo que el camino me lleve hacia adelante, más allá de mis deberes urbanos, lejos de los falsos dioses. Al principio, mi cuerpo protesta por empezar a moverse, mis músculos se quejan por el esfuerzo que les estoy pidiendo, pero pronto es mi alma quien toma el control y me lleva a mi propio ser a otro nivel de vida.

¿En dónde estoy? Estoy en los alrededores de Atemajac de Brizuela, un hermoso pueblo cerca de Guadalajara y afortunadamente uno que todavía esta escondido para los turistas. Aquí pueden encontrar todavía una forma genuina de la manera de vivir en los pueblos y villorrios de la región sur de Jalisco. Viejas casas de adobe, calles todavía empedradas, y la gente del pueblo compartiendo su vida entre las fiestas religiosas (y tienen muchas) y el preparar o trabajar las tierras de cultivo así como ordeñando vacas o llevándolas a pastar.

El tiempo parece haberse detenido aquí. Todavía hay gente que prefiere seguir moviéndose en caballos entre los ranchos y algunos de nosotros aprovechamos para rodar en bicicleta utilizando esos caminos rurales, algunos de los cuales nos llevan a ascender a las cimas de las montañas o tomar buenas bajadas desde las colinas a alguno de los valles que cubren este espacio de mi tierra y mi tiempo.

Esta vez, yo inicié  mi rodada en Atemajac de Brizuela y fui al mirador de Techaluta (una rodada de unos 16 kms). No estoy seguro de poder plasmar lo que vi en el trayecto y los sentimientos que surgen cuando contemplo estas hermosas vistas. El mirador es un de los puntos más altos en estas montañas y puedo ver las lagunas secas de Sayula y San Marcos. Y más allá en el fondo de esta postal, en lo más lejano de mi vista, veo al más alto guardián  del oeste, “El Nevado”.  Es mi testigo silencioso de que llegué, y pareciera estar sonriendo en honor al esfuerzo de mi cuerpo y de mi alma, que llegaron hasta aquí luego de casi 2 horas de pedalear entre pinos y encinos, cruzando planicies donde las vacas pastaban y en donde pequeños conejos silvestres regresan espantados a sus madrigueras luego de que los sorprendiera a mitad del camino rodando sobre mi bicicleta.

Ro

20 Oct

Ánimo que la semana empieza

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Mucho se ha rodado ya… aún mas nos queda por cruzar, por trepar, por bajar, por compartir… por disfrutar.

Sea en las calles, sorteando baches, superando topes, eludiendo conductores con síndrome de negación al cambio…

Sea en la brecha suburbana, con el charco de temporal, superando perros enjundiosos…

Sea en la montaña, viendo desde una persepectiva diferente el andar de la ciudad, de la sociedad…

No importa como sea que ruedes, lo importante es rodar y con ello demostrar que la vida desde otros modos y gustos se puede disfrutar!!!

Feliz inicio de semana!

Ro

15 Oct

Ruta, ciclistas y más

Rutas hay muchas, nombres aún más.

Hace unas semanas tuve la oportunidad y el privilegio de rodar una emblemática ruta en bici de montaña, en compañía de una treintena  de otros aventureros… o locos, depende a quién le pregunten. Entre pequeños y alargados valles. Subiendo y bajando cerros, cruzando la cordillera, la meritita Sierra Madre Occidental. Paisajes que nada piden a los más afamados directores de fotografía, y que llenaron mi  mi alma con el orgullo de ser hijo de esta tierra, de gozar este plano de mi existencia entre sierras de pinos y cañadas de humedales y ríos que serpentean como sensuales amantes, acariciando con pasión la base de las montañas… aunque lo último que sentí fue caricias, y no por eso no lo goce, je je.

Voy a tomar prestadas unas fotos de Chuyo Lopper, ya que por cuestiones técnicas yo no pude tomar fotos luego de los primeros cruces… jeje.

Cruzando arroyos que se convirtieron en ríos y cayendo en pozos ocultos por la misma corriente.

foto de ChuyoLopper
foto de ChuyoLopper

 

 

Trepando colinas para sortear al caudaloso río, caminamos senderos de mulas y vacas.

Foto de Chuyo Lopper
Foto de Chuyo Lopper

No sé como ellas logran caminar por aquí, en donde en ocasiones el ancho del sendero era solo un poco más ancho que una de mis pisadas. Íbamos la treintena de ciclistas como malabaristas de circo llevando a la postre nuestras propias bicicletas, a veces al vilo, a veces jalando, otras al estilo del crucificado… pero al final todos con la confianza -simulada o no- en nuestros guías que al final nos llevaron al camino trazado, que nos debería de llevar a nuestra primera meta en este paseo de dos días.

 

 

 

 

Chuyo Lopper photo
Chuyo Lopper

Pero antes,  luego de una de las mejores muestras de lo que es rodar en equipo, de lo que es rodar en la montaña, cruzamos al río que nos había estado acechando desde kilómetros atrás. Y de esto de hacer equipo, el ciclista de montaña si que sabe. Es una parte íntegra del ciclismo de montaña, hacerse uno entre todos, no es batallar contra la naturaleza, aunque sí, tienes que hacerte fuerte para estar a su altura. No se trata de domarla, sino de hacerte uno con ella. No venimos a destruirla, venimos a honrarla, a aprender de ella, a contemplarla en activo! Es encontrar la manera de junto con ella superar el obstáculo y lograr completar el reto que tenemos, nosotros de sortear los paisajes y de ella de mostrarse majestuosa pero noble, firme pero generosa… en la foto, Chuyo, creo que capto la esencia… Aquí se hizo la cadena, para ayudar a pasar las bicicletas de los que veníamos, primero levantando las bicis sobre el agua hasta cruzarlas al otro lado, y luego como esos juegos mentales, irnos apoyando cada uno para que nadie quedara  del otro lado o que se lo llevara la corriente.

Así fuimos acercándonos a la meta del día, completando más metas de las que teníamos pensando, nos íbamos conociendo con cada kilómetro rodado, en ratos como pelotón, en otros como la serpenteante cadena de colores mientras nos extendíamos a lo largo de cientos de metros, en otros siendo motas de colores cuando cada uno iba tomando un propio ritmo hasta alcanzar a otros o ser alcanzado. Íbamos descubriendo el camino mientras nos íbamos también conociendo a uno mismo…

-cont-