Rodando Mi Tierra

el horizonte es el límite

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La cadencia

Casi las diez y cuarto de la mañana. Habían pasado alrededor de dos horas de estar rodando en las entrañas del bosque, brechas jóvenes creadas en las últimas décadas con el paso semana a semana por tantos colegas ciclistas, y veredas algo más escondidas que sólo acarician un poco parajes del bosque antiguo. Ese que no es muy visitado. Ya salimos de la arboleda y estamos bordeando la foresta. Había estado sintiendo el viento frío mientras cruzamos el bosque pero es ahora cuando más se siente su ímpetu, levantando nubes de polvo que golpean mi rostro como micro piquetes en la piel.

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Rodada cadencial, adecuada para ir intercambiando comentarios y puntos de vista, recordando anécdotas, siempre y cuando los compañeros de rodada mantengamos un mismo ritmo. Pero luego cada uno va tomando su ritmo, y a veces, eso significa que cada uno va en su tramo de ruta. Eso nos da pie a ir con nosotros mismos, descubriendo el ritmo de respiración que llevamos, escuchamos nuestro propio corazón y poniendo un poco de atención escuchamos nuestros pensamientos. Vemos esos camiones enormes cruzar los caminos rumbo a los bancos de materiales, seguramente sin permisos van hurtando el futuro de nuestro pueblo.

Esto también me lo ha dado el ciclismo, el rodar por tantos lados de mi tierra, descubrir tantas cosas que están fuera de lugar, tanta codicia y estupidez disfrazada de ignorancia. Tanta ceguera de unos y apatía de otros.  Y la sencilla respuesta que debería de ser resolver los problemas en que nosotros mismos nos sumimos como sociedad se ven tan claro mientras voy pedaleando. Simplemente encargarnos de lo que nos toca. Sabernos parte del camino, descubrir que es mucho más sabroso rodar moldeándonos en el camino que destruyéndolo para pasar. Sabiendo que aunque parezca que vamos solos, la brecha no es nuestra únicamente, sino de los que van junto a nosotros y los que vendrán más al rato, mañana u algún otro día. Y si la estamos disfrutando, es justo que los demás hagan lo propio. Y hay para todos, y mientras cuidemos la travesía, podremos seguir disfrutándola una y otra vez.

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La vuelta al mundo… pasando por Tala

Al llamado fuimos entre treinta y cuarenta ciclistas.

Es una ruta puesta ahí pero pocas veces rodada. Algunos recordamos la trillada frase de un anuncio de hace ya varias décadas: “Si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”. Así es esta travesía, sin quererlo, es tan sólo unos quince kilómetros más corta que el reto de las Tres Torres, y bueno, no se acerca a su nivel acumulado ascensos. Pero fue una gran oportunidad para compartir con viejos y nuevos amigos unas horas y ver hasta con algo más de tranquilidad algunos parajes que tan sólo hace unas semanas habíamos rodado con gran emoción persiguiendo la conquista del reto. Esta vez fue también mucho el esfuerzo requerido, tanto así que un número no despreciable de los que arrancamos en postes, tuvo que abortar la rodada por diversas razones; ponchaduras, llanta rajada, falla mecánica o simplemente, cansancio. A mí me toco rodar la última mitad de la ruta, con sólo una velocidad en mis avances por rotura del chicote y sólo con siete de las nueve velocidades en el cassette trasero, ya que se desajustó. Preferí hacer el esfuerzo así a arriesgarme a perder mas velocidades en una reparación de emergencia… Pero fue una travesía memorable, exigió de mí no sólo esfuerzo físico sino concentración mental y fijación de la meta… ir viendo como mis colegas iban alejándose era en cierto grado frustrante, pero yo tenía que mantener una cadencia para no sobre saturar mi ritmo y terminar agotado antes de tiempo… hubo tiempo de tomar algunas instantáneas…

Como éstas, terminando la bajada de obsidianas y agrupando por primera vez.

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 Luego vino un regalo, uno de varios, al cruzar el valle del halcón, uno de esos rincones de nuestro bosque, reservado para aquellos que aceptan pagar el esfuerzo de llegar a él, y luego regresar, por el camino que cada uno escoja…

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Cruzamos un paraje de senderos y rocas acomodadas por lejanas erupciones volcánicas y llegamos a nuestro más lejano punto en nuestro rodar de ese día… Tala

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Lo cruzamos con prontitud, aunque tuvimos que esperar un poco a reorganizarnos nuevamente y bueno, alguien aprovecho para comprar las tortillas, que por cierto fueron muy demandadas y se acabaron en un par de minutos a lo más… de ahí arrancamos de nuevo y disfrutamos al inicio el paso entre los cañaverales, que empezaban a anunciar que no pasaríamos indemnes a una buena empapada si es que queríamos continuar rodando

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Ya cruzando los plantíos de caña de azúcar iniciamos el regreso, pero por el lado de Cuxpala y luego San Isidro Mazatepec, aquí solo tomé una foto más. El grupo de “avanzada” hidratándose en una de esas tienditas-oasis, en donde una coca vale casi su peso en oro, jeje. Y el Alex, dejando constancia de que Intel MTB, iba también abriendo ruta…DSCN0611

Luego de Cuxpala, tuve que concentrarme en no dejar de pedalear, vigilando que mi avance siguiera funcionando hasta cruzar las Narcofosas, trepar la “Tronadora” como pocas veces, y alcanzar el autódromo y bajar a postes, finalizando mi travesía dominical de 80 kilómetros en alrededor de 5 horas de pedaleo… y pasar esos “charquillos” que convertían mi bici en una lancha con pedales, fue de lo más divertido.

Ro