una rodada mas

No importa donde ruedas, si ya has rodado una o cien veces por ahí, siempre es una vez para recordar. Sentir el aire fresco de la mañana. Oir el roce de las llantas abriéndose paso a traves de la vereda. Ya sea que subas, o bajes. Subiendo vas saboreando la sal de tu propio sudor, bajando el sabor es del polvo y la tierra que vas levantando a tu paso. Los paisajes parecen los mismos pero es ahí donde reside la magia de rodar. Te da siempre una perspectiva diferente, te hace ver lo que ya has vivido y recolectado en tu experiencia desde la última vez que pasaste por ahí. 

No queda más que ir viviendo cada centímetro que ruedas, cada pedaleada, escuchar cada hoja que cruje bajo la llanta, sentir esa piedrita que sale disparada a tu rostro, como un pequeño beso de la tierra a ti por querer venir ir disfrutarla una vez más.

Parajes de ensueño, vegetación y fauna escondidas que nos encumbran a sitios que están muy lejos de godinez, mirreyes, cabezas de algodón y demás fauna humana nos permiten acercarnos a nosotros mismos. Recordarnos un poco nuestra esencia, nuestra chispa cósmica que nos ata al mundo y a la vez nos lleva surcar las nubes de polvo cósmico más allá de la nube de Ohr. Estos de aquí no puedo decir que hayan sido pisados por dinosaurios, porque este, mi bosque, nació hace apenas unos 40,000 años atrás, envuelto en nubes de ceniza y olas de lava que dieron forma a este mágico espacio que protege a la ciudad aunque no lo quieran sus habitantes, y busquen a cada trienio, su propia extinción.

Aquí no importan los títulos, los apellidos, las marcas, las pertenencias, estamos juntos, disfrutando un momento en el espacio y un lugar en el tiempo. Compartir. Esa es la palabra, departir y nutrir nuestra experiencia con la de los otros y condimentar los recuerdos con las historias que cada uno trae consigo.

“Ámonos”, que el sol sigue subiendo, y aún hya mucho que contar… y tú a dónde vas a rodar?

Ro