Una rodada muy Real

Sábado por la tarde, hace una semana estaba en Real de Catorce, San Luis Potosí.. terminando la rodada del Wirikuta con mis compas cilcistas de Tequila Bike…

Hoy estoy aquí, sentado en mi jardín, regando en la sombra… escucho el agua correr, y casi, casi como la tierra la va sorbiendo.

Pero nada que ver con vivir un par de días en esa intemperie agreste de Real de Catorce. Antiguo pueblo minero, que financió al viejo imperio Español por 3 siglos. Hoy dejó a gente de enjundia que ha re-encontrado un sentido para seguir habitando este enclave en medio del desierto mexicano, amurallado con cerros sin sombras, más que las de los dioses Wixarikas.

Y fueron ellos, dioses y habitantes quienes nos vieron arrancar hace unos días, a este grupo de … ciclistas, locos, entusiastas, compañeros?, un poco de cada cosa creo yo. Prestos a la invitación del tlatoani Hojas, ahí arrancamos de la plaza del templo de San Francisco, para esperar otros minutos a la entrada del túnel Ogarrio… como cualquier otro, teníamos que esperar turno, ya que el túnel es de un solo sentido

Esta rodada es mágica, espectacular. Tan sólo al iniciar tenemos que rodar por un túnel de mina (ya adaptado a estos tiempos) de casi 2.5 kilómetros de extensión. Y al salir te topas con una imponente vista del valle alargado que da salida al altiplano potosino. Y vista que impone y nos reta a siquiera a pensar en continuar otros cuarenta y tantos kilómetros, muchos, muchos, hacia arriba…

En fin arrancamos con una engañosa bajada hasta un pueblecito creo que se llama la luz, que era el punto de arranque de una subida que iba a terminar hasta 12 kilómetros después… y casi 500 metros más “arriba”…

Esta vez leerán desde mi perspectiva en la barredera, ahora si fue una decisión consciente ir “atrás”… jeje. Fui disfrutando de una rodada sin la presión de los guías o la premura de los “pros”, ahí me fui dando paradas para ver como iban mis compañeros de grupo, hasta que ví que me fui quedando atrás, jeje…

Pude ver la vida es estas laderas que de inicio parecen secas, muertas. Pero puaf! nada que ver… rebozan de vida, pastos esparcidos por aquí y por allá, flores escondidas en la sombra de una piedra. Estanques de agua a lado de un corral, donde se supondría que no habria agua… Viento silencioso y helado que pareciera acariciarnos como creo que los antiguos caballeros creían sentir los dedos de su amada doncella mientras cabalgaban al horizonte, sin saber a donde llegarían.

Mientras seguía pedaleando, para variar, fuí conociendo a nuevos colegas ciclistas, Jorge Burgoa, Dulces Vero, Abel y Flavio, el Hojas… porque si, nunca dejas de conocer a los buenos amigos. Fuimos acompañándonos, apoyándonos, compartiendo anécdotas y consejos, así como tomas de foto y video.

En cierto punto de la rodada, llegó la tentación, podía ver el pueblo de Real de Catorce ahí “abajito”… podía decidir ya bajar y terminar la rodada, pero no… el reto estaba en la mesa y yo era el comensal… era una promesa, no una meta, era ver el destino, no el final…

Llegamos casi al punto medio de la ruta y en momentos, me encontraba a mi mismo sólo en la ruta. Eso si, sin miedo (no era de noche, ni estaba perdido), es una de esas cosas mágicas de las rodadas… no importa si van 3, 10, 50 o 100, en algún momento, al menos yo, me topo conmigo mismo yendo en soledad, y en este caso, fue algo maravilloso, esuchar el silencio!.

Sentir el sol y el viento frío de la montaña, mi respiración, y mis jadeos al hacer el esfuerzo de jalar mi montura alumínica para sortear una roca-escalón en medio del sendero, el roce de las llantas en un tapete de piedritas o el razgar de una rama de estos arbustos enanos sobre mi calceta o mi pierna.

Fui alcanzando a “Dron” Abel y a su hermano, antes de la mítica bajada en esta ruta… lamentablemente el dron era leal a su dueño y sólo lo enfocaba a él o a su hermano, pero deveritas, deveritas, yo iba pegadito a no más de 3 metros de él…

Pero bueno, por ahí están las tomas del dron rodando en Internet y son muy recomendables. Al menos yo viviéndolas a no más de 3 metros de distancia, puedo decir que son espectaculares!

En eso estábamos cuando llego la parte de la bajada que no fue perdonada por los años sin mantenimiento y seguramente con la única lluvia de un año que barrio con parte de sendero, haciéndolo muy difícil de sortear sobre la bici…

 

 

 

Bajamos y llegamos “al descanso” antes de la última escalada disfrazada por el empedrado, ya en franco regreso al túnel Ogarrio.

Es una “tendidita” de otros 12 kilómetros en los que subes 600 metros! Bien escondida la méndiga pero cobrona como pocas, porque el empedrado no se apiada de uno y nos va desgastando al jinete y a la bici. Con decir que llega a veces el punto de decirse, vamos un kilómetro a la vez! El oasis antes del final es llegar al racho “el Potrero” para simplemente dejarse caer en la primera sombra, retomar fuerza para encontrar la única tienda abierta y casi casi tomarnos un refresco (para el azúcar, como diría Celia Cruz) y agua, natural, mineral, la que fuera en un solo trago. Así lo hicimos Julio y yo, Abel y Flavio ya habían quedado un poco atrás. Tomamos agua y más que nada ánimo y voluntad de lo poco de fuerza muscular que nos quedaba, luego del incesante sol que nos había bapuleado los últimos 2 kilómetros para trepar el último kilómetro por una vereda de burros yo creo, pero no porque fueramos nosotros, no sean así… así esta marcada la ruta. Al final que fue paradójico… no ver la luz al final del túnel, sino al revés. Ver el túnel después de tanta luz… y ver ese túnel espantó mis calambres, me dió fuerzas y Julio y yo rodamos de nuevo esos 2 kilómetros y medio hasta llegar a Real de Catorce, y en el bullicio de un pueblo ex-minero y hoy lleno de turistas, parecia yo escuchar los vítores a los gladiadores triunfantes!, habíamos domado al Wirikuta, lo habíamos logrado… no lo domamos, lo vivimos, y quiero pensar, que la ruta, nos disfrutó, nos reto, y nos impulsaba cuando nos veía flaquear, nos soplaba un viento frío para que siguiéramos adelante. Creo que le gusta que la visitemos, que la recorramos, porque cada uno que pisa sus senderos, le da un sentido para existir, como espero que a cada uno de nosotros nos haya dado una razón más para poder seguir diciendo… “a rodar!”

.. y seguir escuchando al Hojas… “ánimo peeerrroooooos! y damas”…

Hasta la próxima!

Aquí la ruta: https://www.strava.com/activities/8080332925

 

6 comentarios en “Una rodada muy Real”

  1. Excelente Ro con tu Original única forma de describir con tu pincelada Magica Digital estas estraudinarias Rodadas Épicas el estilo TBJ Gracias por compartir nos vemos en la s próxima s rodadas paseos retos.. el que llego .. llego

  2. Gracias mi buen amigo Ro por compartir esta otra manera de volver a revivir esos momentos que pasamos en estas rodadas épicas, Sin duda cada uno capta una perspectiva del mismo camino, de la misma ruta y leer las diferentes interpretaciones es muy enriquecedor.
    Esta edición 2020 tuvo sus momentos mágicos que quedarán guardados para la posteridad y para las historias que se contaran en años venideros y futuras rodadas
    saludos y un abrazo
    Fer Sainz

  3. Es un volver a vivir lo ya vivido, Mi estimado Roger. Y volver a disfrutar de ese camino mágico que tiene esta ruta de wirikuta. Aunque no fui esta vez, con leerte sentí que conjuntamente rodaba a escasos tres metros detrás de ustedes como bien lo dices.
    Felicitaciones y un fuerte abrazo a todos…

    1. Gracias mi estimado Moy! Recuerdo que contigo comenze a sufrir y luego admirar esas rutas secas pero llenas de vida y amistades que no se borran con el tiempo!

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