Guadalcazar y un poco mas

Guadalcazar, pequeña población al noreste de San Luis Potosí, capital.

Es una de esas gratas sorpresas que te topas en el camino y que tienen el potencial de convertirse en un clásico. Domingo 6:00 am, cerca del parque Tangamanga, a la espera de Toño, quien nos daría raid a Neto, César y a mi.

6:30 nos encontramos en la salida hacia Matehuala, para esperar al resto de la comitiva, yo cargarme de café y voila! Arrancar hacia Guadalcazar.

Llegamos alrededor de las 8:15am, un pueblo de esos en donde el tiempo corre diferente. Poco movimiento aún, frío. El sol ya alzándose sobre los tejados, pero sin dar calor! Buscábamos sus rayos y aún con ellos, mi piel estaba erizada. Ya pedíamos empezar a rodar para ir entrando en calor.

Arrancamos para ir a buscar a quien nos daría las indicaciones. Íbamos a rodar la ruta del maratón de Guadalacazar, que se rodaría en unas semanas más. Y bien, nuestros guías tomaron nota y finalmente arrancamos rumbo a nuestra aventura dominical.

Una ruta para no olvidar. Nos perdimos, pero para bien. En algún momento dimos una vuelta que no o seguimos derecho cuando era vuelta pero simplemente esto nos llevo a rodar casi 40 kilómetros, en lugar de sólo 30. Nos hizo alcanzar una altimetría de 1,100 metros, en lugar de 600 metros. Pero a final de cuentas nos hizo disfrutar más aún la rodada y los parajes de esta tierra.

Fue sorprendente ver pasar por debajo de mi llanta, tierra color blanco, arena color ostión, tierra negra, cruzamos arcilla, trechos con pasto, roca sembrada.

 

Subidas extenuantes, bajadas que eran una infusión de adrenalina, lo que le llaman “falsos planos” que ah! Como lo hacen a uno sudar, un sudor que se secaba con la ráfaga de viento que llegaba del norte.

El grupo iba rodando en un ritmo modo acordeón. Después de cada descanso, a poco de arrancar la línea de ciclistas se iba alargando, para luego volver a agruparnos, y así de nuevo alargar y luego acortar distancias. Íbamos tiñendo de colores las praderas de estas lomas. Yo pasmado con la vastedad de las vistas, los parajes, los escenarios inigualables que iban complementando nuestra obra.

De no ser por los cerros que iban bordeando a lo lejos las veredas, mi vista se hubiera perdido en el horizonte. Y fueron esos cerros, esas montañas las que me hacían volver al sendero y continuar el esforzado pedaleo al subir, y el concentrado manejo al bajar.

Llegamos a Realejo, ranchería o pueblo chico que nos indicaba el tramo final de la rodada, una última trepada llena de magia… luego del terreno semi-árido, las praderas cubiertas de pastos y piedras sembradas, doy una vuelta en la brecha y me quedo sin aliento, mis ojos se humedecen con el recuerdo de mi tierra, de mis bosques, de mis pinos… veo un cerro, cubierto de pinos, la arcilla a mis pies, cubriendo el terreno 

y compartiendo con pasto la brecha que me lleva hacia arriba… hasta llegar al puerto y seguir envuelto en esta mágica postal de verde y rojo… inicio la bajada y junto con los demás que van sobrepasando algunos problemas técnicos nos vamos reagrupando en las entrañas de la cañada verde y sombreada.

Luego de un último descanso seguimos el pedaleo por la cañada que nos saca al valle de Guadalcazar, hemos regresado, hemos culminado una gran rodada nuevamente, hemos convivido y entretejido nuestras amistades, hemos logrado cumplir con el reto de los Lizzards, y además, el reto que cada uno traía consigo… al menos, yo lo cumplí… viví, compartí, conocí y disfrute, como festejando por adelantado mi día del niño.

Aquí la ruta:

Ro

Un comentario en “Guadalcazar y un poco mas”

  1. Excelente experiencia compartida juntos brobiker. Gracias por plasmar en letras los detalles sufridos de esta muy buena rodada. Me hiciste recordar esa bajada de locura que a mas de 1 nos hizo sufrir y la 1a gran subida interminable. Bienvenido a mi rancho SLP.

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